Allá y acá / FUERA LOS OKUPAS, por Antonio Llerandi

La prensa y la sociedad española en general, ventilan a cada instante los casos de los okupas en sus diferentes aposentos.

Okupa es un término que se lo debemos a los españoles, aunque su estructura —la del nombre me refiero— es un poco extraña con una k, letra poco española o poco castellana, para ser preciso. Surgió como un calificativo de los ocupadores de pisos, supuestamente vacíos, hasta convertirse en un movimiento. Aunque esto de ocupadores es un término que más bien produce preocupadores. El asunto preocupa y mucho.

En términos reales —y de esto se trata el asunto— el concepto de okupa es el de que se mete en un sitio, okupa un lugar, un puesto o algo, que por lógica no le pertenece, pero “me meto ahí y punto”. Y claro meterse es fácil, el problema es sacarlo. Hoy en día hay un extensísimo número de okupas de varias categorías en el mundo. En realidad la originalidad de los españoles es ponerle título, su aporte al léxico universal, o palabra nueva —que además con eso de la tecnología está de moda— a una categoría: el que se mete en un sitio, a golpes y trancazos, sin merecerlo y sin ganárselo con ningún esfuerzo, de los esfuerzos sanos y honorables, porque del otro, el de los porrazos y marramuncias, sí tienen que ponerle un montón.

La prensa y la sociedad española en general, ventilan a cada instante los casos de los okupas en sus diferentes aposentos, las luchas por los que están adentro por permanecer y la de los legítimos por que los saquen. Sin embargo, no han calificado de okupa al okupa mayor, un señor que mientan Iglesias —imposible un apellido más cínico en un tipo de esa calaña— que está ocupando un puesto, al cual llegó, como corresponde a todo buen okupa, sin ningún mérito ni esfuerzo saludable sino por la vía de las triquiñuelas y afines.

Y así como él, el mundo está lleno de okupas. Todos los dictadores lo son. El mamotreto de Lukashenko de moda hoy en día por las luchas en su aposento de Bielorrusia, su papa chongo Putin, el envenenador de Siberia, el gordito ex amigo de Trump en la ancestral Korea, con k de okupa. Y tantos otros.

Y llegamos al llegadero: el okupa feliz, el usurpador del llano, el madurok con k, que además se puso creativo e inventó una vaina más original que la coca cola, okupar partidos. Hay que reconocerle que innovó la política mundial, nada de prohibir partidos, en absoluto eliminarlos, mucho menos proscribirlos y todas las tracalerías legales e ilegales sostenidas a través del tiempo por la maldad mundial. No señor, uno llega, le da una orden al tribunal no tan supremo, y todos por unanimidad y por una nimiedad de billetes, le sacan rápida y veloz una orden para meterse muy adentro de los partidos y poner unos titereticos prefabricados, y ahora, no sólo el país, sino que todos los partidos políticos son míos. ¡Qué arrecho soy! Viva el pluripartidismo. Ahora no me pueden acusar de régimen con un solo partido monopólico.

Un congreso mundial de dictadores en el poder —y los que no, pero tienen ganas— debería crear, así como hay un Premio Nobel de la Paz, una condecoración máxima al dictador que se le ocurra la maldad más original del año. Estoy seguro que la decisión unánime le correspondería al marido de Cilia. El tipo se la comió. Ni una reunión de todos los asesores de seguridad de Trump, reunidos en un convento durante quince días de meditaciones, podría prever una vaina así,. Bueno no exageremos, en realidad este grupo no podría prever nada.

Los chinos, muy dados a estas cosas, pondrían los billetes, los pasajes y los agasajos —a quién no le gusta la comida china— e invitar a un encuentro anual de dictadores —total todos son amigos de ellos— donde se otorgue la distinción del ‘Dictador del Año’. Los cubanos dirán que Trump los tiene pelando, que no tienen para los pasajes, a ver si le sacan unos billeticos a los chinos, en eso son especialistas. Y veremos a ese poco de ñoemadres inventando maldad tras maldad, cada una peor, para ganarse el codiciado premio. Este año, por lo menos, a Maduro no se lo compite nadie. Dígalo ahí.

 

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