Una reláfica nostálgica / VENEZOLANISMOSISIMOS, por Antonio Llerandi

Hace sesenta años se hablaba así.

A todos aquellos jóvenes menores de treinta años, sobre todo los alejados del país, y a aquellos porteadores del conocimiento del idioma español, mas no familiarizados con ese territorio al norte de Suramérica, les recomiendo la ayuda o presencia de algún nativo del susodicho, preferiblemente de avanzada edad, para una mejor comprensión o traducción del texto subsiguiente manifestado a continuación.

Primera aclaración a los puristas de la lengua, puse a propósito porteadores y no portadores, porque se supone que uno carga su idioma en una mochila o morral, que lo acompaña para toda la vida. Ahora va el texto de verdad, verdad.

Venía yo de la conchinchina con un pestón del carrizo, cuando todo guachamarón intenté echarle el cuento al chichero de la esquina, aquel que tiene una tumuza y que parece que está mascando el agua, y el micifuz ese cuando le fui a pagar me dijo arrecho que me dejara de zoquetada y no le fuera a pagar ni con lochas ni con puyas, mediecitos sí podía aceptar, total si la vaina terminaba costando una ñinga, que le podía pagar incluso con tinoquitos, y siguió con la cotorra de que a pesar de que él cuando salía de su taguara tenía que cargar la ponchera y esas ollas mondongueras, después de sacarlas del fogón, todo chamuscado, y encima su mujer, que parecía que le hubiese dado un beriberi, que le dejara unos churupos pues había tenido que sacar fiado y hacer una cola de tres cojones, pues estaba más limpia que camisa de chino. Además le armó un peo porque los calzoncillos olían a guaralito de loco por ese fondillo sucio, y yo que me pongo mi cachucha y mi liquiliqui y estoy a punto de picar los cabos, y le replico que hoy está por la goma y ni siquiera la tostada para el almuerzo con diablitos, y ella que me dice que yo lo que hago es echar lavativa, empinar el codo, que la tengo hasta la coronilla, cayéndome a palos con todos esos berejeteros, hasta rascarme y coger una mona, y yo le replico que basirruque, que a mí no me va a cortar con ese vaso de cartón y ella sigue con esa longaniza, que al mocoso le tuvo que dar una cueriza porque se le encabritó y le puso la bemba hinchá, ¿El zangaletón?, No, el maraco, el bueno pa’ ná, le encasqueté un pescozón, y sigue con la cantinela que me vaya p’al botiquín ante que me agarre por el cogote y me zarandee de lo lindo. Le digo que estoy limpio de perinola, que ando ladrando, y me contesta que estoy equífero si le voy a salir con esa papa pelá, que me vaya pa’ la pulpería donde está la mocosita esa que te calienta la oreja, y el esbirro pavoso del papá que tiene los cables cambiados.  Comonié le contesto, y tú que te la pasas con ese mogote en el pelo chicha que tienes, bejuca fea, que cuando mueves las carnes pareces gelatina en parihuela, yendo p’al kiosco a formar el bululú con todas esas bichas. Anda cabeza e’ñame, me dice, p’al antro ese del tipejo que siente un bulto y no va pa’ la escuela, con el cagajón ese en que andas, que está de chivera, a ver si los engatuzas y te dan unos marrones aunque sea pa’ que te alebrestes. Y como final de ese arroz con mango, cuando le digo que no me siga jurungando porque me va a encontrar, sale con un tremendo llantén. Ah! buena vaina y no me dejo meter la caña.

Cuando creo que terminó, le digo, ansina mismo, échale a la chicha una migajita de ajonjolí, un mezclaíto pues, y él de retruque que no le chalequee el cuento y que p’al mal aire que agarré que use el cacumen y al llegar al llegadero me meta un té de compuesto y duerma embojotao, además de la chicha que cura hasta el mal de zambito.

Bueno, y ¿qué quieren?, algunas mariqueras * de nostalgia y ya.

* Post Data: (¿Se acuerdan cuando se ponían al final de las cartas?) Para los desentendidos o mal entendidos o mal pensados, debo aclarar que la palabra mariqueras en criollo significa tonterías. También se puede usar en expresiones del tipo “deja la mariquera”, que sin connotación sexual ni despectiva, significa “deja la necedad”. Aunque algún sabio estudioso de la contemporaneidad del hablar cotidiano criollo, acotó acuciosamente que el venezolano era el único espécimen sobre la tierra que le dice marico a todo el mundo, menos, precisamente a los homosexuales. Así somos.

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