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Venían a buscarme EL DIARIO EXISTENCIALISTA Y EL DOCUMENTAL AUTOBIOGRÁFICO, por Pablo Gamba

Venían a buscarme
Lo más interesante de la película es el contraste entre las reflexiones de la autora de esos escritos y la manera como el cineasta se plantea el problema de la identidad en el documental.

Venían a buscarme (2016) es otra incursión del cine latinoamericano en el tema de la infancia vivida bajo la persecución política. El documental chileno-venezolano de Álvaro de la Barra está ubicado en las cercanías de Postales de Leningrado (2007), la película de ficción de Mariana Rondón, por lo que respecta a los problemas de identidad de los niños que crecieron en la clandestinidad. Son historias en las que el protagonista ha experimentado el ocultamiento y falsificación del nombre propio, así como del vínculo con los padres, por razones de seguridad. Ambos filmes sobresalen de este modo frente a los relatos que no profundizan en esa experiencia, como Kamchatka (2002) de Marcelo Piñeyro, El año que mis padres se fueron de vacaciones (O ano que meus pais saíram de férias, 2006) de Cao Hamburger, Infancia clandestina (2011) de Benjamín Ávila o Princesas rojas (2013) de Laura Astorga.

De la Barra muestra en la película –que es un documental autobiográfico– una secuencia de fotos suyas, como bebé, en las que salen la sombra o una parte del cuerpo de alguno de sus padres, nunca algo que permita identificarlos. Ambos fueron militantes del MIR, asesinados en una emboscada que les tendieron agentes de la dictadura de Augusto Pinochet. Solo en una de las fotos están presentes de esa manera los dos junto a él. Es su único retrato en familia. Tuvo que hacer gestiones incluso para recuperar sus apellidos cuando pudo regresar a su país natal, con la democracia. Para protegerlo de la dictadura, que lo perseguía a él también, fue registrado como Álvaro Renato Alejandro Feres Feres. Con ese nombre lo sacaron de Chile para entregarlo a sus tíos, en Francia. Luego vino con uno de ellos, Pablo de la Barra, al exilio en Venezuela.

Así como la investigación lleva al realizador a la desmitificación de los guerrilleros –de los personajes del film Queridos compañeros (1977) de su tío, idealizados por él, a la historia de una mirista capturada que pasó a colaborar con la policía política de la dictadura–, también le hace dar con los diarios que escribió su madre. De esa manera descubre que Ana María Puga, desde muy corta edad, buscaba trazar su destino sobre la base de la certeza de la muerte.

Lo más interesante de la película es el contraste entre las reflexiones de la autora de esos escritos y la manera como el cineasta se plantea el problema de la identidad en el documental. El Chile de los setenta parece tan distante por esa manera de pensar como por el tiempo transcurrido, y es una diferencia que tiene como correlato la lucha armada, en el pasado, y la democracia, en el presente. Si el compromiso revolucionario de la madre se entiende mejor con referencia al existencialismo, la autobiografía de Álvaro de la Barra da cuenta del vínculo entre el giro subjetivo del documental y un horizonte distinto: la posmodernidad.

Queda en el aire así otra pregunta sobre la relación entre el destino que se trazaron los militantes y el falso nombre que le pusieron al niño para salvarlo. Puede ser algo que trascienda lo concerniente a la seguridad. Cuando el presente es de pura lucha por un mañana diferente, la pérdida de la identidad con la que se nació puede ser parte del precio que hay que pagar. El que toma las armas, no solo es contra el enemigo político sino que además mata a la persona que era antes de comenzar a combatir, escribió Jean-Paul Sartre, y lo hace extensivo a los hijos, aunque ellos no hayan hecho esa elección. Hoy, en cambio, si se vuelve al ayer para descubrir quién es uno, es quizás también porque ya no está planteada esa posibilidad de una vida y una sociedad diferentes en el futuro.

VENÍAN A BUSCARME, Chile-Venezuela-Francia, 2016. Dirección y guion: Álvaro de la Barra. Fotografía: Carlos Vásquez, Inti Briones, Jackson Elizondo. Montaje: Martín Sappia, Sebastián Sepúlveda. Sonido: Mario Puerto, Frank Rojas, Juan Pablo Martínez, Felipe Vergara.  

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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