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Unidad y participación como antídoto MEDIOCRIDAD COMO DICTADURA, por Arnaldo Esté

Unidad 1
Se participa en el encuentro con los otros y con las cosas.

El fraude está en curso y el gobierno no entregará el poder, así pierda cualquier elección.

Pero es nuestro producto a pesar de las paletadas de mierda que lanzan desde las redes los que quieren exculparse.

Con otros, hemos mencionado la experiencia de la Junta Patriótica que en 1958 logró unificar a la gente e imponerles a los líderes exilados una manera de actuar y gestionar la acción política. En pocos meses se propició una incorporación sorprendente que superó las aspiraciones plebiscitarias del dictador y llevó a su derrocamiento.

La unidad es el recurso y el camino de una larga y dura tarea.

La participación como ejercicio de la dignidad.

La mendicidad, que es una merma de la dignidad, no implica participación.

Se participa en el encuentro con los otros y con las cosas. De los otros buscamos respeto y reconocimiento. De las cosas buscamos su recreación. Pero con la mendicidad solo se busca la supervivencia.

Participar es mucho más que el simple gregarismo instintivo de la vida elemental o de las fuerzas y energías de la naturaleza que hacen que se condensen cristales como motas de nieve o agujeros negros en el cosmos. La participación hay que cultivarla. Va y crece con la cultura y es inherente a la profundización de la democracia. Como valor ético, se cultiva en su ejercicio, en una práctica cotidiana que hace que cada quien se sienta como constitutivo de un todo social. En un incremento e intensificación de la condición humana que nos permite, entre muchas otras cosas, dejar de ser simple espectadores ante una obra de arte, para ser y estar en ella. Es el crecimiento de lo que nos hace humanos.

La pedagogía como método para la formación de las personas debe inducir, propiciar la participación como recurso cotidiano. No es “dejar” que ella ocurra cuando sabemos que como valor no se ha logrado establecer. Hay que inducirla, y es allí donde hablamos de la intriga y la problematización. De hacer que el aprendiz se sienta convocado para buscar y encontrar en sí mismo lo que la intriga o el problema ha suscitado.

Lamentablemente, las aulas, los ambientes escolares tradicionales persistentes, son autoritarios. Responden a la vieja concepción de que la palabra y el discurso reiterado, de por sí, genera aprendizajes. No hay teoría pedagógica o epistemología que defienda esas tradiciones. Pero allí están y una mayoría de los docentes las practican. En las aulas se prepara el autoritarismo.

arnaldoeste@gmail.com

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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