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Una historia de dos hermanas COLOMBIA MIRA HACIA VENEZUELA, por Alfonso Molina

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El TSJ en el exilio sesionó en los espacios del Congreso de la República de Colombia.

Venezuela y Colombia. Alguien, en tiempos no tan remotos, las definió como dos hermanas unidas por la espalda: nunca se ven, casi no se conocen, aunque una sabe que la otra está allí, al costado. Y que se necesitan.

Pero en los últimos años esa percepción ha variado considerablemente. Por varias razones. En primer lugar, el régimen chavista, ahora madurista, ha intervenido de forma indirecta —y en ocasiones también directa— en la vida política colombiana y en el proceso de paz desde hace 18 años. En segundo término, la crisis económica venezolana ha impulsado una ola migratoria con varias vertientes y con múltiples consecuencias para un país que no estaba preparado para recibir a más de seiscientas mil personas de forma inesperada en apenas dos años. Finalmente, ante las elecciones presidenciales de mayo, los cinco candidatos colombianos más importantes han definido en los debates sus posiciones ante la llegada masiva de venezolanos.

En los recientes encuentros en Medellín y Barranquilla, los cinco postulados —Iván Duque (de derecha y apoyado por Álvaro Uribe), Germán Vargas Lleras (también de derecha y exvicepresidente de Juan Manuel Santos), Sergio Fajardo (de centro y ex alcalde de Medellín y ex gobernador de Antioquia), Humberto de la Calle (del Partido Liberal y principal negociador del proceso de paz) y Gustavo Petro (ex alcalde de Bogotá e izquierdista admirador de Hugo Chávez)— esgrimieron sus argumentos sobre corrupción y el proceso de paz de forma muy hostil entre ellos, pero todos coincidieron en aceptar la migración venezolana por razones de solidaridad y rechazaron el impulso de un sentimiento xenofóbico. Se evidenció que la reacción actual ante la llegada, el tránsito o la permanencia masiva de sus vecinos no es suficiente y que habría que formular políticas proactivas.

Curiosamente, Iván Duque, el candidato de la derecha, fue quien propuso una idea concreta. “Como presidente ayudaré, en el escenario multilateral, a que caiga la dictadura de Maduro y a conformar un Plan Venezuela, con organismos internacionales y otros países, para permitir el regreso de los venezolanos y la recuperación de la economía“, manifestó el candidato del Centro Democrático. Es decir, fue a la médula del problema, a sus causas y sus objetivos posibles. Cabría pensar que un académico de prestigio como Sergio Fajardo liderara la posición más abierta y a la vez precisa sobre Venezuela.

Cómo lo va a hacer Duque —de ser elegido presidente— no se sabe aún, pero todos los candidatos reconocen que Venezuela hoy es un problema grave para Colombia, un país que pasó de ser el ‘testigo de la tragedia de al lado’ a convertirse en escenario muy activo para intervenir en el proceso político venezolano.

Un detalle: al antejuicio de mérito —contra el Presidente de la República de Venezuela por motivos de corrupción con Odebrecht— introducido por la fiscal Luisa Ortega Díaz ante el TSJ en el exilio se llevó a cabo no en una plaza pública bogotana —también muy válido— sino en el mismísimo Salón Boyacá de la Cámara de Representantes del Congreso de la República de Colombia. Nada menos.

Allí la fiscal Ortega Díaz pidió establecer un alerta roja de captura contra Maduro ante las fuerzas armadas venezolanas y ante Interpol. Lo primero no pasaría de ser una petición simbólica, pero lo segundo —de concretarse— puede convertirse en un conflicto internacional y en un dolor de cabeza para el gobierno venezolano.

El lunes pasado, el TSJ venezolano en el exilio volvió a reunirse para ofrecer su fallo en el juicio a Maduro, cuyos resultados conocemos. Quiero destacar que lo hizo en el Salón de la Constitución del Senado de la Cámara de Senadores del Congreso. Con la solemnidad del caso.

Como se sabe, ahora la pelota de la decisión del TSJ en el exilio está en el terreno de la Asamblea Nacional venezolana y nadie sabe qué va a pasar. Pero ya Colombia no es indiferente.

El Poder Legislativo colombiano es autónomo y no debe pedir permiso a nadie para ceder sus espacios al TSJ legítimo de Venezuela. Es su forma de contribuir con la restauración de la democracia de una nación hermana que alguna vez recibió a muchos colombianos por distintas razones.

Colombia necesita ser más proactiva con respecto a Venezuela.

Ahora son dos hermanas que se voltean una ante la otra.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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