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Una audacia costosa NEGOCIAR SIN NEGOCIADORES, por Alejandro Martínez Ubieda*

Acuerdo en la Casa Amarilla 1
No puede decirse que son generales sin tropa, porque tampoco son generales. Tienen en común, eso sí, que no tienen nada que perder. Podría pensarse, más bien, que lo poco que tuvieron ya lo perdieron, hace décadas.

Con no poca sorpresa, Venezuela observó este lunes 16 de septiembre una jugada muy audaz. Sectores de la política extra Psuv firmaron con el régimen usurpador un acuerdo en el que se comprometen a llevar adelante algunos asuntos de común acuerdo. Lo acordado, reincorporación de los diputados rojos a la Asamblea Nacional y conformación de un nuevo Consejo Nacional Electoral, aunque sumamente insuficiente frente a las necesidades del país, sería interesante si tuviese al menos una remota posibilidad de ser ejecutado.

Esto sucede en momentos en que el Presidente (I) Juan Guaidó ha decidido no seguir esperando el retorno a la mesa de negociación que tenía lugar a instancias del gobierno del Reino de Noruega, del que los representantes de Maduro se ausentaron hace un mes.

¿Cuál fue la razón para que el régimen decidiera despedirse de la negociación auspiciada por Noruega? Aunque la razón esgrimida fue la imposición de un nuevo conjunto de sanciones por parte del gobierno de Estados Unidos, la verdadera razón estriba en el hecho de que, al ser un proceso de negociación realizado con normas claras y precisas y con apego a mecanismos que hicieron posible importantes avances en las propuestas a ser consideradas, ya los emisarios del Presidente interino habían presentado una propuesta difícil de rechazar: elecciones libres y justas en nueve meses, con Maduro y Guaidó al margen del control del Ejecutivo. Esta propuesta refleja la aspiración de los distintos sectores de la comunidad internacional, desde el Grupo de Lima hasta el Grupo de Contacto y los Estados Unidos, al tiempo que ofrecía al régimen un camino para sobrevivir políticamente en el futuro. Adicionalmente, la propuesta conllevaba un costo político elevado para el presidente Guaidó, y este se dispuso a encararlo.

Así las cosas, el régimen ubicó varias individualidades sin raigambre partidista, unos marginados y otros marginales, y decidió vestirlos de representatividad. No puede decirse que son generales sin tropa, porque tampoco son generales. Tienen en común, eso sí, que no tienen nada que perder. Podría pensarse, más bien, que lo poco que tuvieron ya lo perdieron, hace décadas. Dicho de otra manera, para el grupo en su conjunto, cualquier cosa es ganancia, y ese tipo de situación, con gran frecuencia, conduce a la audacia extrema e irresponsable.

¿Cuáles son los escenarios más probables en el futuro de estos intrépidos audaces? Esto es incierto, pero enfrentan algunos riesgos que lucen insuperables y los condenan al fracaso. En primer lugar, porque no sirven para el rol que se proponen cumplir, no tienen las condiciones cualitativas ni cuantitativas para representar a la oposición, no ‘parecen’ oposición ni es fácil que sean percibidos como tal. No tienen fuerza política alguna, sólo se sobreestiman: enfrentar un bloque de 112 parlamentarios cuando se cuenta con sólo 8 es, por decir lo menos, complicado. En segundo lugar, porque carecen de un aparato político que les permita generar una dinámica nacional que propague, en breve lapso, su propuesta que va a contrasentido del sentido generalizado. Tercero, porque están aliados, de manera oportunista, pero también ingenua, con un régimen acostumbrado a abusar de sus aliados, que a pesar de que entidades como el Partido Comunista le ha demostrado por años una lealtad perruna siempre fueron puestos a raya, excluidos de toda decisión relevante y, de preferencia, humillados. Su levedad política, entonces, hará que el régimen prescinda de ellos al presentarse el más mínimo obstáculo. De no presentarse obstáculos, será entonces porque los ‘opositores’ se atienen a todos y cada uno de los designios de régimen, lo que evidenciará su inutilidad para generar avances y cambios que apunten al retorno a la democracia.

El régimen ha ganado tiempo, su más escaso recurso, pero el costo de cada día que ha ganado ha sido muy alto. Una jugada como esta, tan obvia, tan contradictoria con los llamados a la negociación en el marco del planteamiento del gobierno noruego y con las rimbombantes declaraciones en las que Maduro sostenía que nunca se levantaría de la mesa, para luego sacarse de bajo de la manga otra negociación, la suya, la que carece de negociadores, la que no es una negociación, sino un escape, y este escape, esta carrera desesperada, se ha producido ante la mirada perpleja de la comunidad internacional.

En materia política, la racionalidad con frecuencia se hace presente cuando se tiene algo que perder, capital político, reputación o capacidad real de decisión. Cuando no es ese el caso, surge la audacia como recurso, pero tiene costos.

* Embajador designado por el Presidente (I) Juan Guaidó ante el gobierno de Australia.


Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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