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Una amenaza mundial AUGE DEL AUTORITARISMO E IGUALDAD DE GÉNERO, por Gisela Kozak Rovero

Es necesario insistir entonces en la existencia de otro feminismo, el ilustrado de tradición liberal que representan Seyla Benhabib, Martha Nussbaum o Celia Amorós.

El auge mundial del autoritarismo amenaza la equidad de género. Puede que a las compañeras feministas de izquierda antiliberal esta afirmación les parezca arriesgada, pero desde el punto de vista de los índices internacionales que se manejan para este tema, mejor les va a las mujeres de las democracias liberales exitosas como Noruega que a las de gobiernos autoritarios.

Una rápida mirada a los nacionalismos (Rusia, Hungría, Brasil, Turquía, Trump en EEUU), las izquierdas antiliberales (Venezuela, Nicaragua y Cuba), el modelo chino (éxito económico sin democracia) y el indio (democracia con distintos sistemas legales según las religiones) indica que las democracias liberales los superan en cuanto a logros de la mujer en terrenos como el educativo, el laboral y el relativo a la participación pública. Que existan varios partidos luchando por el voto femenino y que las libertades políticas posean un lugar nos beneficia.

Desde luego, el auge autoritario tiene causas. Una, la migración, que ha despertado temores culturales, laborales y respecto a la seguridad personal, como de hecho ocurre en Europa occidental, EEUU y, específicamente en cuanto a los venezolanos, en Sudamérica. La mano dura contra la migración viola derechos humanos pero gana votos. En este contexto, la mujer puede ser discriminada como extranjera o ser víctima de violencia y explotación por sus propios connacionales, sea por motivos económicos o de afirmación cultural.

Por otra parte, el futuro luce pavoroso, pues el imperativo de reformas ambientales se mezcla con profecías apocalípticas disfrazadas de ciencia. La tecnología también alimenta el miedo a perder el empleo, la privacidad o ambos. El crimen organizado —en especial, el narcotráfico— permea gobiernos y empresas, todo lo cual se refleja en la cultura popular audiovisual plagada de distopías, personajes trágicos, mafiosos y violencia. Tantas incertezas dan pie, por ejemplo, al crecimiento entre las mujeres latinoamericanas del evangelismo pentecostal como opción personal ante la violencia y ante la pobreza. A cambio de orden se reafirman los roles tradicionales de los sexos.

En este escenario, es notable el poco aprecio a la democracia liberal sembrado en universidades radicadas en ellas y cuya libertad de pensamiento sería imposible en China o en Irán. El feminismo —fundado en la tradición liberal ilustrada de los derechos individuales (en la que se hizo un lugar por medio de largas y denodadas luchas)— debería preocuparse. No obstante, el feminismo antiliberal de izquierda —alimentado de las variantes más radicales del pensamiento poscolonial, decolonial y posestructuralista— desecha la democracia, vista como manifestación del sistema capitalista y de la hegemonía occidental. Occidente le significa solamente opresión patriarcal racista, explotación económica y supremacía de la ciencia y el pensamiento social y humanístico como poder epistémico.

Es necesario insistir entonces en la existencia de otro feminismo, el ilustrado de tradición liberal que representan Seyla Benhabib, Martha Nussbaum o Celia Amorós. Es compatible con la ciencia y la tecnología pero también con la diversidad, las identidades y los derechos humanos (individuales, sociales, económicos, culturales, ambientales, digitales). Este feminismo coloca al individuo como centro de su proyecto, no como el simple instrumento de una cultura, de una religión o de un Estado.

No hay feminismo sin pluralismo político, libertades públicas y derechos humanos; sin ellos se dificulta pensar, actuar e imaginar hoy día con verdadera capacidad de agencia. Todos los defectos de la democracia liberal serán superables si esta se trasciende, no si se anula como en Venezuela, Arabia Saudita o Rusia. Democracia liberal o posliberal, pero democracia hasta que inventemos algo realmente mejor.

Gisela Kozak Rovero

Gisela Kozak Rovero (Caracas, 1963). Escritora y profesora. Reside en Ciudad de México. Licenciada en Letras (Universidad Central de Venezuela). Magíster en Literatura Latinoamericana y Doctora en Letras (Universidad Simón Bolívar). Profesora titular de la Escuela de Letras, de la Maestría en Estudios Literarios y de la Maestría en Gestión y Políticas Culturales de la Universidad Central de Venezuela. Asesora en políticas culturales. Activista política.

Publicado originalmente en https://dialogopolitico.org

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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