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Un experimento y la realidad LA PÉRDIDA DEL MIEDO ANTE EL AUTORITARISMO, por René Solla

Stanley Milgram
A Milgram le arrecieron las críticas por el experimento, tanto por los posibles fallos en el diseño del mismo, así como por la falta de ética que se desprendía de la tensión a la que se sometía a los voluntarios.

Ha sido una semana convulsa para la sociedad venezolana ante la decisión del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de allanar la inmunidad parlamentaria de los diputados de la Asamblea Nacional y, posteriormente, despojar de sus funciones al órgano legislativo para que el Gobierno Nacional pueda crear empresas mixtas sin la aprobación del Parlamento y con ello obtener recursos financieros a expensas de seguir endeudando a nuestra nación.

Esto ha conllevado una serie de protestas luego que la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, declarara el viernes 31 de marzo que había ocurrido una ruptura del hilo constitucional y que, en tal sentido, debía denunciar este hecho.

En dichas protestas he observado con estupor como los ciudadanos se han lanzado a la calle con denuedo, con unas ansías irrefrenables de libertad y se han permitido incluso a desafiar a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, representados por la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y la Guardia Nacional.

Este fenómeno me ha hecho recordar el experimento sobre obediencia a la autoridad realizado por el profesor de la Universidad de Yale, Stanley Milgram.

El primer paso consistió en colocar un anuncio en la prensa local, ofreciendo un pago de cuatro dólares, más gastos de viaje, a 500 personas que sólo cumplieran el requisito de tener una edad comprendida entre 20 y 50 años. La autoridad aquí estaba representada por la Universidad de Yale y ésta, a su vez, por el experimentador, un catedrático serio y distante que sería quien diera las instrucciones (órdenes) a los voluntarios.

Al voluntario se le instruía sobre el castigo que debía aplicar a un sujeto que se encontraba en otra habitación, sentado sobre una silla conectada a un generador eléctrico. Tenía sobre su brazo colocado un electrodo y recibiría descargas eléctricas (que en realidad no eran tales) cada vez que se equivocase. El voltaje oscilaba entre 14 y 450 voltios y el experimentador informaba que, aunque las descargas pudieran llegar a ser dolorosas, en ningún caso podrían ocasionar la muerte. Iniciado el experimento, el sujeto que hacía las veces de profesor, debía apretar el pulsador (tenía ante sí 30 pulsadores) cada vez que el alumno se equivocaba, provocándole así una descarga eléctrica. Las primeras eran ligeras pero, una vez alcanzados los 120 voltios, el alumno comenzaba a gritar hasta el punto de pedir que lo sacaran de allí. A los 270 el quejido ya era agónico. Cuando los voluntarios dudaban y preguntaban al experimentador sobre si podían abandonar su puesto, el experimentador les urgía, con seguridad, a seguir. El resultado fue que la mayoría (alrededor de 63%) de los sujetos, llegó hasta el final es decir, a descargar 450 voltios. Es más, a partir de los 120 voltios el voluntario que continuaba concluía el experimento, es decir, este era la marca o referencia de quiebre.

A Milgram le arrecieron las críticas por el experimento, tanto por los posibles fallos en el diseño del mismo, así como por la falta de ética que se desprendía de la tensión a la que se sometía a los voluntarios. No obstante, el experimento fue replicado en Europa y Australia, encontrándose porcentajes todavía más elevados de obediencia, hasta alcanzar en algunos casos la escalofriante cifra de 80%. Es pertinente destacar que los resultados sorprendieron al propio Milgram, ya que este creía que no hallaría más de 1% o 2% de sujetos que llegaran a apretar las palancas hasta el final, estimando incluso que, para ello, debían padecer algún tipo de patología no diagnosticada.

Las conclusiones de Milgram fueron las siguientes:

1) Cuando el sujeto obedece los dictados de la autoridad, su conciencia deja de funcionar. 2) Cuando el sujeto obedece órdenes, se produce una abdicación de la responsabilidad. 3) Los sujetos obedecen con mayor facilidad cuanto menos han contactado con la víctima y cuanto más lejos se hallan, físicamente, de la misma. 4) Los sujetos con personalidad autoritaria resultan más obedientes que los no autoritarios (clasificados así tras responder a un test de tendencias fascistas). 5) Cuanto más cerca (físicamente) está la autoridad, se obedece más fácilmente. 6) A mayor nivel de formación, menor intimidación produce la autoridad, por lo que se produce una disminución de la obediencia. 7) Mayor propensión a obedecer entre las personas que han pertenecido a las Fuerzas Armadas o instituciones similares, donde es importante la disciplina. 8) No hay diferencias significativas entre hombres y mujeres, si bien las mujeres obedientes se ponen más nerviosas que los hombres obedientes. 9) El sujeto tiende a encontrar autojustificaciones a sus actos inexplicables.

En este caso me centraré en los puntos 7 y 9 de las conclusiones de Milgram.

7) Mayor propensión a obedecer entre las personas que han pertenecido a las Fuerzas Armadas o instituciones similares, donde es importante la disciplina: Las Fuerzas Armadas son el prototipo de la organización jerárquica. En ella es básica la disciplina. El soldado aprende a ser parte de un engranaje que, a su vez, es parte de un todo bien cohesionado. Se va haciendo desaparecer la individualidad poco a poco e internalizando las órdenes básicas como reflejo condicionado. Lo que se pretende es que aprendan a obedecer sin cuestionar (por esta razón, y en Venezuela hemos vivido esa experiencia en carne propia, los militares son unos pésimos Presidentes, ya que en su profesión no está permitido el libre disenso, el cual es un elemento característico de la democracia). Así, en el periodo de instrucción, son especialmente básicas las enseñanzas de esos principios, castigando con dureza la rebelión.

9) La justificación de lo injustificable o la función social de la mentira: En Psicología Social se sustenta una hipótesis desarrollada por Festinger (en 1957) y conocida como la Teoría de la Disonancia Cognitiva que explica lo que hace la persona para defenderse de una situación que le provoca tensión, como es el caso de sostener dos ideas incongruentes entre sí. El sujeto resuelve la cuestión autojustificándose o bien cambiando sus creencias. Para ayudarse en esta tarea de autodefensa, cuenta con los saludables filtros mentales, a saber: creación de puntos ciegos, verdadera coraza psíquica o bien con los mecanismos de defensa fundamentales en toda neurosis.

Esto es lo que ocurre en un importante contingente de nuestras Fuerzas Armadas que, en ocasiones, ante estas protestas se despachan con excesiva brutalidad ante los ciudadanos, aplicando una represión inusitada y desproporcionada ante la acción de los manifestantes.

En el experimento, Milgram añade otro elemento de análisis y fue el hecho de integrar a un elemento distorsionador: el grupo, observado que la mayoría desobedeció cuando observó que lo hacían sus compañeros (de 40 sujetos 36 desobedecieron y no completaron la prueba ante el supuesto sufrimiento del alumno).

A este respecto concluyó:

1) La idea de desobedecer se ve como normal cuando los iguales desobedecen (se ve como algo normal, porque lo hacen otros). Señala Milgram la gran importancia de este factor y pone un ejemplo: “la deserción de un único individuo tiene mínimas consecuencias mientras pueda ser mantenida en silencio. El gran peligro está en que un solo desertor pueda despertar las conciencias de otros”

2) Se dispersa la responsabilidad entre varios.

3) Consuela compartir un posible castigo. Es fundamental este hallazgo y Milgram lo desarrolló ampliamente en el capítulo dedicado a los efectos del grupo, señalando que: “cuando un individuo desea hallarse en oposición a la autoridad lo mejor que puede hacer es buscar apoyo en los demás miembros del grupo”

Es justamente esto lo que ha ocurrido en las últimas marchas o concentraciones llevadas a cabo por la oposición, ya que no se trata de hechos aislados llevados a cabo por algún espontáneo exaltado, sino que ciudadanos de cualquier origen o condición social e incluso edad, ante la grave situación política, social y económica que atraviesa el país no ha encontrado mejor solución que oponerse ante las órdenes injustificables que dicta el régimen y que ejecutan los cuerpos de seguridad del Estado, a modo de guardia pretoriana.

El régimen ha optado en la última semana por la arremetida en su pretendida acción dictatorial de cercenar cualquier atisbo democrático que pueda quedar en el país, cerrando incluso la vía electoral a finales del año pasado y permitiendo que el poder judicial usurpe las funciones del legislativo sin el menor sonrojo. Es lo que se ha conocido como autoritarismo competitivo, término acuñado por los profesores Levitzky y Way para definir a los regímenes que utilizan las instituciones democráticas para ganar elecciones y gobernar. Una vez en el gobierno violan sistemáticamente los valores democráticos para mantenerse en el poder y prevenir que la oposición tenga acceso al mismo.

Las características de los mismos son las siguientes:

1) Violación de los derechos electorales: durante los 18 años de chavismo, las elecciones en Venezuela se han caracterizado por el acoso e intimidación de los candidatos opositores, los electores y los testigos de la oposición por parte de las instituciones públicas completamente politizadas a favor del régimen. Esto sumado a la gran cantidad de denuncias en contra del gobierno por el manejo ilimitado y sin controles del erario público y el uso abusivo de los medios de comunicación a favor de sus campañas electorales.

2) Violaciones de los derechos fundamentales del ciudadano: lo cual vivimos a diario y presenciamos en marchas o concentraciones como las ocurridas esta semana, donde los cuerpos de seguridad del Estado, sin ningún tipo de decoro o empacho, se emplean a fondo para reprimir con gas lacrimógeno, perdigones y el uso de ballenas (eso sin contar las balas disparadas por los llamados colectivos) por solo citar algunos ejemplos, aunados al intolerable black out informativo que se ha profundizado este año con la retirada del canal CNN en Español de las cableras, el pasado jueves 16 de febrero y que repercute en que la sociedad venezolana no pueda presenciar lo que ocurre en sus calles durante las jornadas de protestas, funcionando el gobierno como un Gran Hermano, que decide ¿qué vemos y cuándo lo vemos?.

3) No hay igualdad de condiciones en la competencia:

A excepción del Legislativo, el Ejecutivo domina a todos los poderes públicos del Estado (Judicial, Electoral y Ciudadano) los cuales ha politizado sin rubor. A través de ellos, obstaculiza y hostiga a la oposición creando desigualdad de condiciones en la competencia electoral y democrática.

Antes de Venezuela, el país latinoamericano más representativo del autoritarismo competitivo fue Perú, bajo el régimen de Alberto Fujimori, quien ejecutó un autogolpe conocido como el Fujimorazo calcado al perpetrado por el régimen de Maduro el pasado 29 de marzo. A este tipo de regímenes antes de llegar a su finitud sólo los sostiene la represión y el miedo de la ciudadanía. Siendo que el segundo elemento pareciera haber quedado en el olvido o estar en vías de extinción, cabe a las c hacerse la pregunta de si están dispuestos a una lucha fratricida para seguir sosteniendo en el poder a un hombre que hace rato perdió el favor popular.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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