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Trato y retrato PERSONAJES E INSTANTES DE CARLOS GERMÁN ROJAS, por Víctor Guédez

Carlos Germán Rojas 1
El fotógrafo aporta una maravillosa contribución para inmortalizar a muchos artistas que merecen una temporalidad prolongada. Fotografía de Nicolas Rocco.

Al recorrer y analizar las fotografías que conforman la muestra Trato y Retrato de Carlos Germán Rojas se hace imperativo arribar a una rotunda conclusión: el retrato es el género más desafiante de la disciplina fotográfica, por el simple hecho de que tanto su objeto referencial como el sujeto de la acción estética es el propio ser humano.

Y no olvidemos que el ser humano condensa, en una singularidad, la pluralidad más abierta de naturalezas. No fue algo casual ni obedeció a una imposición retórica la célebre exclamación con la cual Pascal dejó sentada su contundente asombro: ¡Cuántas naturalezas hay en la naturaleza humana! Sin duda, en ningún otro ser se enfatiza la compleja urdimbre de complejidades, y tampoco en otro caso se hace tan tramada y apretada la madeja de los componentes. Pues bien, estas plurales propiedades entran en un juego bidimensional de encuentros en el caso del retrato ya que opera una curiosa fecundación recíproca entre, por una parte, alguien que es abordado como foco del registro formal fotográfico y, por otra, alguien que asume el desafío de capturar y sintetizar la pletórica naturaleza del fotografiado.

Se podría pensar, en un principio, que la responsabilidad de asegurar la fidelidad de los perfiles de los personajes depende de su disposición para adoptar rostros desinhibidos y frescos, así como poses distensionadas y naturales. Sin embargo, esta condición de éxito solo se logra como derivación de las habilidades profesionales, del rigor técnico y de las inclinaciones intuitivas del fotógrafo. Pero, además, debe apreciarse el valor agregado determinante que procede específicamente de provocar la circunstancia justa, de aprovechar la expresión auténtica, y de olfatear la sintonía vivencial para que todas las aludidas naturalezas del ser humano concurran en un punto de fugacidad.

En estos aspectos, Carlos Germán Rojas es un prodigio para lograr la ecuación entre la situación ideal y el accionar de la cámara. En favor de esta concurrencia de condiciones opera su temperamento balsámico, al igual que su afianzada humildad, su actitud resiliente y su conducta respetuosa hacia los personajes. Cuando aquí hablamos de humildad no nos referimos a una sumisión acomplejada ni autodesvalorizada, más bien pensamos en una humildad inteligente que es capaz de  incentivar las propiedades necesarias para el supremo ejercicio del compromiso fotográfico. Esta es la razón por la cual la frescura de lo espontáneo y la revelación de distensión se imponen sobre cualquier riesgo asociado a resistencias o a poses rebuscadas y artificiales.

Ese valor primordial de la serie retratística de Carlos Germán Rojas nos invita a pensar en la cualidad más importante que debe prevalecer en un artista. En el marco de esta inquietud, la idea que se nos impone de inmediato es aquello de que el creador debe comenzar con otros para progresivamente terminar consigo mismo. En efecto, el artista que inicialmente le sienta temor a las influencias, difícilmente podrá descubrir progresivamente lo que pauta su ascendente desenvolvimiento así como el autosuficiente perfil de una personalidad.

Quizá la mejor imagen que ilustra esta posibilidad es aquella del maestro de piano que al estar con su alumna más aventajada le aconseja que debe, primero, aprenderse la partitura de memoria hasta que sea capaz de poder interpretarla sin necesidad de tenerla por delante. Al llegar a ese momento debe intentar, entonces, olvidarla totalmente para que aparezca la emergencia de la creación propia y la condición de consagración de la originalidad. Como se aprecia, aquí el énfasis fundamental de la secuencia es internalizar al otro para favorecer, luego, la exteriorización de uno mismo. Pero lo interesante es que, ese juego de predominio que se da en los músicos, y en los pintores y escultores, no prospera en el caso de los fotógrafos, ya que tienen que hacer el recorrido totalmente inverso. Esto significa que lo que se impone es comenzar con uno mismo para después terminar con el personaje fotografiado. Sin duda, este es otro aporte sustantivo de Carlos Germán Rojas.

Arroja luces sobre este asunto el pensar que el referido proceso se dinamiza de manera semejante al ejercicio de cuatro estados de consciencia que desagregamos a continuación. Pensamos que, en un principio, uno debe verse a sí mismo desde dentro de sí mismo, tal como lo evocaba Rafael Cadenas en su poema Presencia. Ahí se preguntaba: “Qué hago detrás de mis ojos”. Este empeño de verse uno mismo se complementa, en un segundo momento, con el esfuerzo de verse uno mismo desde fuera de uno mismo, con lo cual uno se convierte en espectador de su propia actuación. En este sentido, se rememora el aforismo de Antonio Porchía que advierte que, aquel que no es capaz de alejarse de sí mismo para verse a sí mismo, tampoco será capaz de acercarse a nadie, ni siquiera de acercarse a sí mismo.

Pues bien, luego encontramos una tercera instancia, en la cual ocurre una proyección de uno mismo sobre el otro para aceptar que el otro debe recibir un trato semejante al que se desea para sí mismo. O dicho en sentido negativo: no debe tratarse al otro como no nos gusta ser tratados. La secuencia culmina con un cuarto momento, en el cual opera el compromiso de ver al otro desde el otro y para el otro, es decir, sin proyectar sobre él los propios prejuicios personales. Aquí lo que prevalece es el fomento del otro en cuanto otro, en tanto que se acepta que sea lo que es. Pues bien, desde nuestra perspectiva, pensamos que este es el  desenvolvimiento que pauta el trabajo de Carlos Germán Rojas, y este es justamente el factor de éxito de sus retratos. Sin duda, él asume estas exigencias con un despliegue extraordinario y con una particular sensibilidad humana.

Las anteriores reflexiones sobre el retrato y sobre los atributos técnicos y conceptuales de Carlos Germán Rojas, nos invitan a recordar la ‘ventana de Johari’ que es una herramienta psicológica que permite cruzar dos ejes: por una parte encontramos un eje que distingue lo que uno conoce de sí mismo y lo que uno no conoce de sí mismo. Por su parte, el otro eje diferencia lo que los demás conocen de mí y lo que no conocen de mí. Cuando estos dos ejes se entrecruzan se producen cuatro alvéolos. En uno se localizará lo que yo conozco de mí y lo que los otros también conocen de mí, con lo cual estaremos en presencia de la ventana de la transparencia en la cual no tiene cabida nada oculto ni disimulado.

Otra ventana conjuga lo que yo conozco de mí y lo que los otros desconocen de mí, con lo cual el énfasis será aquella parte íntima y secreta que uno tiene, y que no le interesa compartir ni quiere hacerlo. En seguida, nos topamos con el cuadrante que combina lo que yo desconozco de mí y lo que también los otros desconocen de mí, es decir, esta es la ventana subconsciente que solo podrá ser descubierta como consecuencia de un ejercicio psicoanalítico. Por último, aparece lo que uno no conoce de sí mismo pero que si es conocido por los otros, con lo cual se revelan comportamientos de los cuales uno no tiene consciencia pero que se hacen visibles con nuestro desempeño. Para tener acceso a ellos se hace menester estar abierto a la retroalimentación que nos proporcionan los demás. Pues bien, todo este recorrido procede para destacar que los retratos de Carlos Germán Rojas permiten pasearnos por estas pistas para percibir interesantes datos psicoafectivos de los retratados. Esto hace evidente que nuestro fotógrafo hace uso de rigurosos recursos que permiten escarbar y redescubrir a sus personajes. Incluso, sus trabajos hacen posible que los propios fotografiados identifiquen lo que antes no habían visto de sí mismos o no habían tomado consciencia de ello. Sin duda esta cualidad se convierte en una curiosa pista de sus registros.

Como continuidad de este recorrido reflexivo se hace conveniente subrayar que los retratos de Carlos Germán Rojas terminan por trascender los propios formatos de los retratos. Esto lo decimos apoyados en el sugerente argumento que ofrece Giorgio Agambem, en su libro Profanaciones, acerca de la relación que existe entre los retratos y el juicio final. Específicamente, plantea que los personajes retratados se encuentran en el último segundo que vivieron hasta ese momento y, en consecuencia, esa circunstancia marca un final que siempre implica rendir cuentas. Es el minuto definitivo y resolutivo de lo que se ha vivido hasta ese instante. Esta maravillosa imagen deja abierta la idea de que los personajes retratados reinician una nueva vida a partir de haber dejado de ser abordados por la cámara. Esto implica el reconocimiento de algunos errores y la reorientación de nuevas esperanzas para la vida que se reinicia. Recordemos, en este contexto, aquello de Jorge Luis Borges: reinicio es una especie de resurrección.

En la secuencia de este análisis, debemos destacar que los trabajos retratísticos de Carlos Germán Rojas también nos hacen recordar una consideración de Susan Sontag que calza con precisión al ver este amplio registro fotográfico. Ella aseveraba que cuando los retratados ven sus retratos se dan cuenta de que ellos son el futuro de esa fotografía, y ante esta comprobación no queda otra opción que la de aspirar a regresar al pasado para eliminar los efectos del tiempo y poder así retomar aquella pretérita condición. De esta manera, el pasado se convierte, imaginariamente, en un presente que no quiere tener futuro. Sin duda, esta es una particular manera de comprobar, con Octavio Paz, que el tiempo no pasa, más bien, somos nosotros los que pasamos en el tiempo.

Por todo lo dicho, celebramos el trabajo de Carlos Germán Rojas, así como el privilegio de haber tomado contacto con este amplio espectro de testimonios visuales y existenciales. Igualmente, nos complacemos por la existencia de su libro que le abre un horizonte de permanencia a su esfuerzo. Carlos Germán Rojas aporta una maravillosa contribución para inmortalizar a muchos artistas que merecen una temporalidad prolongada. Sin duda, aquí se registra el testimonio de un trabajo significativo para nuestro medio cultural. Pero también, con esta muestra y este libro, se ratifica la consagración artística y laboral de uno de los personajes más meritorio, admirado y apreciado de nuestro medio cultural.

N del E: Trato y retrato inaugurará en el Centro de Bellas Artes-Ateneo de Maracaibo, el 27 de abril de 2017.

 

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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