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Teatro por la libertad ¡CONTRA LA INEPTITUD!, por Carlos Sánchez Torrealba

El alma buena de Sechuan1
En el TET estrenamos nuestra versión de ‘El alma buena de Se-Chuan’, del dramaturgo alemán Bertold Brecht, bajo la conducción de la novel directora Lya Bonilla

A la memoria de don José Monleón, maestro, amigo, amante del teatro venezolano.

En el querido Juan Griego de nuestra isla de Margarita, el Complejo Cultural Simón Bolívar —con más de treinta años apostando por el teatro de arte y desde donde se las ingenian para mantener muy vivo el Centro Internacional del Nuevo Teatro— siguen fieles a sus causas creando El Ramillete de la Cursilería Oriental, escrita y dirigida por el maestro Rodolfo Rodríguez, entre otros trabajos teatrales de la mejor hechura artística.

Por la altísima demanda del público, el Centro de Directores para el Nuevo Teatro prolongó la ruta del autobús donde viaja por las calles de Caracas la pieza Fango Negro, del dramaturgo y economista venezolano José Gabriel Núñez, dirigida por Daniel Uribe, con la producción de Marcos Purroy, alborotadores artistas consuetudinarios.

Recientemente culminó —a sala llena— la primera temporada de Donde caerme viva, una nueva pieza escrita por la atinada pluma del dramaturgo venezolano Elio Palencia. Su estreno mundial se hizo en la Sala Horacio Peterson de Uneartes como parte de la celebración del trigésimo aniversario del Teatro de Repertorio Latinoamericano (Teatrela), grupo fundado y encabezado por Costa Palamides, un griego magnífico del centro de Caracas.

Agotando la taquilla, el Grupo Actoral 80, dirigido por Héctor Manrique, acaba de estrenar la pieza Terror, del escritor y abogado penalista alemán Ferdinand von Schirach, en el Teatro del Trasnocho. Centro dedicado a las artes que sigue apostando por la posibilidad de una industria cultural en Venezuela, siendo el Trasnocho mismo una de las mejores muestras de ese propósito.

Desde el pasado mes de junio y hasta el 25 de septiembre, La Caja de Fósforos —llevada por los duendes incansables Diana Volpe y Orlando Arocha— comparte con nosotros ocho nuevas producciones en el 2° Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense, convocando a personas en esta sucesión de palitos que atizan y llenan a esa querida, a esa sencilla Caja en la que se desatan candeleros.

En el Teatro San Martín de Caracas, entre Pica-Pica, de Susana López y Fuera de Regla, de Jan Thomas Mora, mantienen intimidados al público —vecino y lejano también— que les visita habitualmente desde 1973.

Este pasado fin de semana, en el TET, estrenamos nuestra versión de El alma buena de Se-Chuan, del dramaturgo alemán Bertold Brecht, bajo la conducción de la novel directora Lya Bonilla, con la asistencia de dirección de nuestro maestro Guillermo Díaz Yuma y un elenco conformado por actrices y actores de cuatro generaciones formadas en el grupo, así como algunos queridos artistas invitados.

¿De qué nos hablan todas estas experiencias tomadas al vuelo entre tantas otras que pueblan nuestra reciente cartelera teatral?

Unas y otras, en mayor o menor medida, son metáforas del país o vienen a servir de parábolas para la indispensable reflexión acerca de qué somos, quiénes somos y dónde estamos. En todas y cada una de estas vivencias hay grupos de personas comprometidas consigo mismas, con los principios y afanes de sus correspondientes grupos y con el teatro como entidad propia y, al mismo tiempo, compendio de todas las artes.

Telones adentro, entre jóvenes y viejos histriones, entre todos, se han acordado unos días y unas horas de ensayo, unas fechas dentro de un plan de producción, se han establecido de común acuerdo unas reglas de juego, se ha echado el mingo adelante y los propósitos han quedado establecidos. Se motoriza todo un trabajo de artesanía emotiva, intelectual, física. Un sueño común moviliza acciones y reflexiones.

Acciones y reflexiones que se siguen macerando, que continúan destilándose al paso de las noches y los días. Los proyectos siguen abundando y —contra viento y marea— las diversas aspiraciones completan sus ciclos hasta llegar a las realizaciones con sus correspondientes evaluaciones durante cada proceso, así como también hacia el final de las mismas. Las consecuentes acciones y reflexiones se mantienen, se alcanza así la consolidación de los sueños originarios. La excelencia marca el curso de esos sueños hasta que se ‘constelizan’ esos pequeños milagros del ingenio humano y el público asiste para corroborar la potencia de esos portentos agitadores del alma humana.

Resaltan estas contantes en cada proceso y con cada nuevo milagro que se produce. Probablemente, unas producciones han recibido apoyo foráneo de alguna empresa, de alguna embajada, de algún mecenas, de alguna pequeña empresa cultural, de algún organismo público. La mayoría de las veces no ocurre así y, sin embargo, siguen produciéndose los prodigios en la abatida actualidad de nuestro país. Parece que antes no fue distinto, aunque podría serlo en el porvenir.

Apreciar estos esfuerzos en justa dimensión; poder descubrir —entre aciertos y errores que ocurren en el escenario— las virtudes de estos hechos artísticos recurrentes en la actualidad de nuestro panorama nacional, caracterizado por la desidia y la desesperanza, por la injusticia y la impunidad, por la escasez y la verborrea, por la falta de políticas públicas y por la constante postergación del sentido común… Valorar estos procesos teatrales, artísticos, digo, creo podría ser una muy oportuna y hermosa manera para hacer mejor las cosas entre todos y así entonces convertir al resto del país en una obra de arte.

De ello existen contundentes pruebas y testimonios también desde otros ámbitos del quehacer nacional.

La tan mentada ‘desesperanza adquirida’ ¡puede irse muy larga al cimborrio entre vetustos uniformes verdes, anquilosadas ideas, incapacidades e ineficiencias, las madres de los infames y todas esas prácticas de maldad propias de siglos pasados!

Por cierto, escribió Bertold Brecht en El alma buena de Se-Chuan: la maldad no es más que una especie de ineptitud.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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