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Solo, a Star Wars Story MEJOR SOLO, por Héctor Concari

Solo a Star Wars Story
La anécdota no tiene nada que envidiarle a una buena película de vaqueros.

El cine, más que la literatura o el teatro, trajo consigo y codificó muy bien sus géneros, tal vez porque su muy temprana industrialización fue de la mano de un mercadeo esencial para seguir llevando gente a las salas oscuras.

En el camino, cada género introdujo sus arquetipos, desde el impasible detective privado de la serie negra, hasta el valiente comandante de un pelotón del cine bélico, sin olvidar al muchachito de las películas de aventuras. Tan fuertes eran estos arquetipos que sobrevivieron, en muchos casos, a sus matrices.

Lastimosamente el western es una disciplina en retroceso, probablemente porque, de todos los géneros, es el que más apegado estaba a la marcha hacia el oeste de la cual Hollywood fue la culminación imaginaria e industrial más perdurable. Por ello era el espacio por excelencia del explorador, del pionero, y su postura y lenguaje, la del dominador. El vaquero hollaba un territorio desconocido y su aventura era la del conocimiento, paso consustancial a la posesión. Ya no se realizan westerns sencillamente porque, en principio, ya no hay territorio físico que conocer. Las tramas y los personajes, sin embargo, siguen allí, porque la nueva frontera la constituyen ahora el espacio y la imaginación.

La saga de La guerra de las galaxias es un inmejorable ejemplo, en al menos dos sentidos. Por un lado, la serie original concebida como tres episodios que presuponían tres anteriores (la primera película era el episodio número cuatro de la misma) y tres posteriores que se completaron el año pasado con Los últimos Jedi, pero en el camino, Lucasfilm, la productora original, fue comprada, con todo el andamiaje de derechos, extensiones y personajes, por Walt Disney. Esto permite que la saga avance, como en la conquista de un territorio, no solo hacia adelante sino además hacia los costados, de ahí la aclaratoria de “una historia de la guerra de las galaxias” que acompaña al bueno de Solo.

Por el otro lado, Solo está lejos de ser un personaje con autonomía. Así como su compañero Luke Skywalker era un calco de los muchachitos de los filmes de espadachines, Solo era el díscolo representante de la estirpe de los conquistadores del oeste, indisciplinado, férreamente independiente, tosco, pero, a fin de cuentas, buen amigo de sus amigos y ansioso de hollar territorios nuevos y desconocidos. Abandonado a su suerte, la saga lo había dejado de lado para que ingresara ahora, sin la fuerza de los Jedi, pero con la socarronería y el desparpajo propio de los de su clase.

La anécdota no tiene nada que envidiarle a una buena película de vaqueros. El pueblo de los malditos donde la ley no se respeta es ahora una galaxia en la que mandan los contrabandistas. Han, un piloto expulsado de la academia, llega de la mano de unos falsos soldados y de peripecia en peripecia, en la que se mezclan robos, versiones nuevas de tiroteos, juegos de azar (ningún western deja de tener su Saloon) y muchas batallas, entra en contacto con la causa del bien, los rebeldes que pelean contra el Imperio, para enmarcarse en la línea narrativa maestra de la serie, sin que por ello, al final no quede el rastro marcado para la próxima secuela (dudosa vista dado su pobre desempeño en la taquilla).

Es difícil entender el desencanto del público con Solo. Es una magnífica historia de aventuras cuya originalidad es la falta de riesgos, muy en el estilo del director Ron Howard, un artesano competente con algunos óscares a cuestas. La película no deja de ser un perfecto engranaje narrativo, cuya acción no cesa y calza a la perfección con todos los clichés de la saga. Tal vez, y esta es una mera especulación, los gustos del público se orientan por otros senderos de lo imaginario y el cine como industria deba reimaginarse una vez más a sí misma, en estos tiempos de inteligencia artificial, tabletas y asedio permanente de la imagen. Es posible, que el séptimo arte esté empezando una de sus metamorfosis periódicas, uno de esos ataques creativos que sobrevienen cuando los enemigos de las salas oscuras atacan. El futuro está por verse.

Solo (Solo, a Star Wars Story). EEUU. 2018. Director: Ron Howard. Con Alden Ehrenreich, Woody Harrelson, Emilia Clarke, Donald Glover.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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