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Shazam! EL VIAJE DEL NIÑO, LA AUDIENCIA Y EL HÉROE, por Luis Bond

Shazam!
‘Shazam!’ es una de las mejores películas de súper héroes de esta época y una grata sorpresa que pocos pudieron predecir.

¿Qué es un súper héroe?… una pregunta que hace un par de décadas hubiese tomado unos segundos de reflexión, hoy se responde con el automatismo del ‘buenos días’ cuando entramos al ascensor.

Para bien o para mal, el mono mito del viaje del héroe ha invadido la pantalla grande —gracias a las adaptaciones de cómics— hasta transformarse en un fenómeno de la cultura pop. Los resultados de esta proliferación los vemos en las carteleras de todo el mundo: un panteón se expande cada año, nuevos orígenes de personajes antiguos, cambios de registro dramático, realizadores intentando arrojar una nueva luz sobre argumentos manidos, actores de todos los rangos (desde ganadores de Oscar hasta los del cine independiente) lanzándose al ruedo épico y una industria que genera billones de dólares. Viendo este panorama es lógico que el espectador, intentando resistirse al hype, se pregunte ¿se puede innovar? Y, aunque pareciera que la formula por momentos se agota, a veces aparece algún valiente que ofrece una visión fresca sobre el mito. Este es el caso Shazam!, la más reciente película DC Films que, alejándose de la impronta de su estudio, funciona como una deconstrucción del género en clave comedia, transformándose en el cisne negro de esta temporada.

Shazam! cuenta la historia de Billy Batson (Asher Angel), un adolescente problemático que es acogido por una familia que tiene varios hijos adoptivos. Billy, que jamás se ha sentido cómodo en los hogares en los que ha sido recibido, comienza a planificar su huida mientras que Freddy (Jack Dylan Grazer), uno de sus hermanos adoptivos, intenta forzar una amistad entre ambos. En paralelo, conocemos a Dr. Sivana (Mark Strong), un excéntrico millonario obsesionado por conseguir un misterioso portal que vio en su infancia y que, aparentemente, le otorgará poderes mágicos. Las aventuras de Billy comienzan cuando es transportado a otra dimensión y coincide con un Mago (Djimon Hounsou) que lo elige como su sucesor para que se enfrente a un terrible enemigo. A regañadientes, Billy acepta esta proposición y obtiene los poderes que lo transforman en Shazam! (un super héroe adulto con habilidades especiales). Sin entender del todo su rol, entre el miedo y la euforia, Billy recurre a Freddy para que lo ayude a comprender lo que le sucede mientras que Dr. Sivana comienza a seguirle la pista.

Aunque Shazam! posee un argumento similar al de cualquier otra película de súper héroes, dista muchísimo de ser algo repetido. A diferencia de otras historias de orígenes, en ella ocurre algo especial: el protagonista, que normalmente debe tomar conciencia de sus poderes y hacerse responsable del viaje que debe emprender, es un niño que se vuelve adulto y que tiene como sidekick a un fanático de los cómics. El resultado es un largometraje contado por chicos que solo quieren divertirse y que poseen el conocimiento para entender cómo hacerlo. De esta forma, Shazam! hace una parodia del mito del héroe y se aleja por completo del tono que suele caracterizar a DC Films. Gracias a esto se desmenuza en pantalla todos los stages del viaje épico, desmitificándolo al cambiar la sabiduría del mentor por la cultura pop de las historietas, la orfandad por la fuerza del núcleo familiar, el sentido de justicia por el hedonismo, el deber con el colectivo por la realización personal, entre muchas cosas más. De hecho, hasta el antagonista se deshace cuando lo analizamos en frío, desdibujándose como adulto al estar obsesionado con una fantasía infantil hasta el punto de perseguir a un niño, creando un escenario donde ninguno de los dos es consciente del embrollo en el que está envuelto. Esto le permite a su director, David F. Sandberg, moverse con comodidad entre la comedia, la acción y el drama sin que el ritmo de la historia decaiga, desmontando el género con una buena carga de chistes que desarman el andamiaje del cine de super héroes al que estamos acostumbrados. A pesar de todo esto, como es de esperarse, al final se cumplen todas las convenciones, pero no con madurez y solemnidad. Cuando lo vemos en perspectiva, aunque Shazam deja a un lado el egoísmo, gana confianza en sí mismo, domina sus poderes y aprende el valor de la familia, la decisión que toma al final de la película es completamente pueril e irresponsable, pero esto nos hace brincar de emoción a todos en la sala de cine. Es así como el bien vence sobre el mal encarnando el arquetipo del Puer Eterno y estableciendo un diálogo directo con la audiencia infantilizada frente al mito, apelando a su niño interior de forma consciente (a diferencia de sus homólogas), dándonos a todos una aproximación fresca a un argumento eterno.

A nivel técnico, su director David F. Sandberg (Lights Out, Annabelle: Creation), hace un excelente trabajo en pasar del terror a la comedia, explorando toda la amplitud de registros que ofrece (desde lo físico, el juego de palabras, la parodia, la sátira y el histrionismo). El guión que elabora Henry Gayden es redondo, paseándose por varias convenciones y fusionando el setting épico del viaje del héroe con un tono de comedia familiar (rescatando las mejores piezas de su fallida Earth to Echo). Es interesante ver como Sandberg se apalanca en su equipo, que habitualmente trabaja en una estética diametralmente opuesta, y los guía para materializar ese tono naive, colorido y gracioso que tiene Shazam!, desde la edición dinámica de Michel Aller (The Nun, Annabelle: Creation, Lights Out, Paranormal Activity: The Ghost Dimension), la dirección de fotografía en alto contraste de Maxime Alexandre (que emula momentos de Earth to Echo, responsable de Annabelle: Creation, The Nun, The Hill  Have Eyes, Silent Hill: Revelation), hasta el diseño de producción de Jennifer Spence (Annabelle: Creation, The Nun, Lights Out, Insidious, Paranormal Activity y The Lords of Salem), logrando un look and feel de película de los ochenta y, al mismo tiempo, haciendo un guiño al terror en algunos momentos (como el encuentro en el metro, los monstruos que maneja el antagonista o la secuencia en la guarida del mago). El resultado es una mezcla especial que recuerda a muchísimo a Big (donde Tom Hanks encarna a un niño que de la noche a la mañana se vuelve adulto) y que tiene decenas de guiños a Superman, Ghostbusters, The Gremlins, Rocky y Jingle All the Way, conectando directamente con la infancia de muchos en la sala y dándonos la sensación de ver algo ‘nuevo’, pero ‘conocido’ al mismo tiempo.

La guinda de Shazam! la pone el cast liderado por Zachary Levi y Asher Angel, quienes generan empatía con el público con su inocencia y las situaciones cómicas en las que se ven envueltos. Ellos encarnan esas fantasías infantiles en las que todos nos proyectamos, haciendo un chiste tras otro, desarmando con gags cualquier intento de seriedad y robándose nuestro corazón. Mark Strong, más allá de darle vida a un antagonista malvado, se pasea con maestría entre la seriedad y el histrionismo, burlándose de los clichés que su personaje encarna, separándose por completo de sus homólogos de DC Films y Marvel (que, muchas veces, parecen caricaturas de sí mismos). Por último, y no menos importante, no podemos dejar a un lado a los personajes secundarios, los hermanos de Shazam, que con sus pequeñas intervenciones a la largo de la historia nos sacan carcajadas con su inocencia y humor involuntario.

Sin discusión, Shazam! es una de las mejores películas de súper héroes de esta época y una grata sorpresa que pocos pudieron predecir. Es inteligente, graciosa y rupturista, ofreciendo una mirada fresca a un argumento muy manido en la última década, inyectándole nueva vida a DC Films. Tiene un estilo único y su autoconciencia dialoga en todo momento con el espectador, haciéndolo parte de ella. Todos los actores (principales, secundarios, antagonista) poseen un carisma que nos atrapa desde que aparecen en pantalla, confiriéndole a Shazam! esa magia del cine familiar de los ochenta y noventa. Películas más simples en su planteamiento que se alejaban de cualquier pretensión o lección moral: historias que se enfocaban en entretenernos y hacernos reír, rescatando el gen primordial del séptimo arte. Es así como Shazam! con ingenio, humor y sinceridad, va directo al corazón del público, transformándonos en niños que disfrutamos con inocencia de una aventura épica, deseosos de tener super poderes… pero no para salvar el mundo, sino para disfrutarlos como tanto lo soñamos alguna vez. Un hechizo que teníamos décadas sin experimentar en el cine y que Sandberg y su equipo rescataron para todos nosotros.

Lo mejor: las actuaciones de Zachary Levi, Mark Strong, Asher Angel y todos los personajes secundarios. El desarrollo de su guión perfecto y el trabajo del subtexto, que se erige como una deconstrucción de los súper héroes con humor inteligente, autoconciencia e infantilidad.

Lo malo: llega a cartelera entre dos colosos (Capitana Marvel y Avengers: End Game), eclipsando un poco el hype que podría generar. Aunque existe en el mismo universo, es tan autónoma que cuesta creer que se una con Wonder Woman, Aquaman y otros héroes de DC.

@luisbond009

 

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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