coupons for provigil medication mixing provigil with alcohol provigil to treat fibromyalgia adderall and provigil interactions provigil nbc
Inicio / Destacado / Se alza un espectro dramático EL POPULISMO Y EL ESCRIBIDOR, por Edilio Peña

Se alza un espectro dramático EL POPULISMO Y EL ESCRIBIDOR, por Edilio Peña

Perón y Evita
Perón y Evita protagonizaron la primera radionovela en vivo y directo que se trasmitió desde la Casa Rosada de Argentina.

Especial para Ideas de Babel. El populismo se convirtió en un hallazgo político para gobernar en América Latina. En dictadura como en democracia.

Quizá el peronismo fue la punta del iceberg. Porque supo juntar autoritarismo con sentimentalismo. Así Perón se convirtió en el padre  de las masas huérfanas y Evita, su mujer, en la madre que  habría de sufrirlos y redimirlos. Fue la primera radionovela en vivo y directo que  se trasmitió desde la Casa Rosada de Argentina.

Si bien en cada país del continente el populismo tuvo y tiene sus particulares representantes y matices, en Venezuela la renta petrolera lo encarnó de una manera inusual. Con el petróleo, la fundación de la democracia abandonó de inmediato sus principios liberales al sucumbir ante el clientelismo, ése  que corrompió a muchos líderes y militantes de los partidos políticos que debían ser su soporte y defensores, pero también del destinatario final donde debía florecer la democracia ciudadana. Así, esas masas que llamaron irredentas, no conocieron la idea ni la práctica exacta de lo que debería ser un país en su hechura democrática, sustentado en dos principios básicos del liberalismo: el desarrollo material junto al espiritual. Mixtura que hubiera preservado a la democracia que, recién  inaugurada, era acechada por dos fantasmas siniestros: la corrupción y el golpe de Estado. El espectro dramático que vive la Venezuela de hoy en día, es resultado de esa desasistencia ideológica, política y espiritual.

El populismo en América Latina implantó su conducta no sólo con el proselitismo de dictadores y presidentes demagogos, sino con la figura maquiavélica de un Yago, quien emergió de entre los bastidores del poder y tomó la radio y la televisión: el escribidor. A partir de entonces, éste ya no estaría encerrado en palacio, elaborando discursos a gobernantes de turno, al igual que un apuntador sopla a un actor desmemoriado que ha perdido su máscara. El escribidor no volvería a ser un Vallenilla Lanz escribiendo seculares tomos sobre el Cesarismo Democrático para justificar la perpetuidad del poder de un solo hombre. Los inventos de la telecomunicación lo convertirán en un curioso ideólogo de masas, en un hechicero que falseará la realidad desde la truculencia y no como lo haría un novelista o un dramaturgo desde la ficción. Al abandonar el palacio, el escribidor botará la pluma y derramará la tinta y se irá a cosechar fama y dinero hacia nuevos derroteros. El raiting será su obsesión; la trama y el personaje los diseñará con ese termómetro con que se mide el éxito en el mercado virtual. Siendo constructor de sainetes, no será capaz de escribir grandes tragedias ni dramas, pero sí algún poema para expiar el rastro de una lejana culpa. Al familiarizarse con la máquina de escribir, y después con la computadora, no cejará de refrendar el populismo con radionovelas y telenovelas. La desventura de los pobres y la clase media disociada, será su materia prima. Hará suya la noche y las horas de la siesta. Se acostará con la farándula imaginándose un príncipe, sin embargo, no habrá rincón del país, donde alguien con un radio o un televisor, no sucumba al hechizo de sus imágenes. Con sus palabras un escritor traza sus pasos, y aun, su destino.

En Venezuela el boom petrolero junto con las telenovelas, contribuyeron en buena medida con el desmantelamiento de la democracia venezolana. Los canales de televisión privado que las produjeron redujeron el espacio de los noticieros, asimismo los  programas de reflexión política y cultural, arrinconándolos hacia la medianoche, cuando el sueño vencía al telespectador. Entonces, el escribidor aprovechó el vacío reflexivo que contribuyó  a imponer en la escena nacional, y enmascarándose de lúcido intelectual, se dio a la tarea de destruir por igual, a través de  artículos de prensa, a los protagonistas de la clase política del país. Razones no le faltaban, pero le sobraba mala intención. En  su delirio, se pontificó como el Maestro ante la verdadera intelectualidad que no se atrevió a cuestionarlo, porque ésta se había acostumbrado a la idea de que ser popular o famoso, era igual  a inteligencia, arte y razón. El gran remate estelar fue ejecutado por el hijo de ese escribidor, quien había heredado de su padre el oficio y las mañas, con una telenovela que rompió todas las mediciones del raiting, y desde la que se abogó por la destrucción de los partidos políticos como la base de la democracia venezolana. Casi inmediatamente después, Venezuela sería asaltada por un golpe de Estado, y a partir de entonces, el instrumental mediático y militar, cambiaron el destino político de Venezuela, instalando el populismo más exacerbado que se haya conocido hasta entonces en nuestra historia republicana.

edilio2@yahoo.com

edilio_p

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

Te interesa

Búsqueda de la democracia

La tragedia nacional 20 AÑOS DE IRRESPONSABILIDAD Y DESIDIA, por Pedro Luis Echeverria

“Para que el pueblo ‘tenga poder’ (en serio) la condición irrenunciable es que el pueblo …

Deja un comentario