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Sábado 1º de septiembre MI EXPERIENCIA DE IR AL MERCADO, por María Cristrina Capriles

Mercado de Quinta Crespo
Luego busco el pescado… un sálvese quien pueda…

La deliciosa experiencia que puede ser ir a un mercado, aun cuando se vaya con poco dinero, pero con objetivos claros de lo que vas a comprar y el gusto de poderlo seleccionar ¡se acabó!  Por lo menos hoy se acabó.

Hoy fuimos a Quinta Crespo. ¡Por Dios, más nunca un sábado a fin de mañana!

Quería comer conejo. Preparar un Lapin à la Moutarde. Conejo a la Mostaza. Mi carnicero de siempre cerca de mi casa, que ya no lo vende, me había recomendado buscarlo en la parte del fondo en Quinta Crespo, donde están los animales vivos y un matadero, me dijo. Ya no se consiguen conejos, me informaron hoy. Aves y pollitos vivos, si los vi, en cantidad.

No señora, ya hace mucho tiempo que ninguno de nosotros vende conejos…  No hay”.

Luego busco el pescado… un sálvese quien pueda… para que te atiendan es solo a lo pájaro bravo, al que grita más duro, o se empina más, o tiene la suerte de estar al lado de alguien a quien le van a entregar lo suyo y tu mirada logra cruzarse con la del vendedor y lo atrapas…

Dos parguitos por favor… esos dos”. Los agarra, los pesa y te da un papelito. “Vaya a cancelar y me trae el papel…” Cola por supuesto, pero al fin logras pagar y hasta aceptan tarjetas de crédito. Regresas con tu papel que dice que ya pagaste… entonces es que va a comenzar a limpiar el pescado. No puedes ver ni hablar con el pescadero, las neveras son muy altas y él está muy atrás… se demora mucho… al fin entrega el pescado… a otra persona y logras preguntarle por el tuyo… es que hay mucha venta y tengo otros por delante, pero espere. Con paciencia espero… al fin me lo entrega en una bolsita resbalosa con su nudo, en la que más o menos ves el pescado. Lo veo como cortado pero lo acepto tal cual y salgo de ese sitio. Lo veré luego cuando llegue a mi casa. Uno es mi parguito y el otro no se qué pescado es… y se lo había pedido sin escamas y limpio. “Sí cómo no”, me había dicho. Además decidió tasajearlo en ruedas semicortadas y yo no los quería así… los quería enteros para hornear…   “¿Qué se hace?”

Compré fresas e higos, maravillosos. Toda la fruta la metieron junta en una sola bolsa. Llegaron los higos aplastados, algunos cambures igual. Un gentío, tropezones…

No había carne de res, las neveras peladas y apagadas, cochino sí, todo el que se quisiera, y para comprar huevos y azúcar era afuera, sin puntos de venta… No pude comprar.  El mercado es el reino del efectivo. ¡Eso hoy era para extraterrestres! Y somos nosotros caraqueños. Qué experiencia… pero pregunté y me recomendaron ir los martes y los miércoles que va menos gente. Aprendí todo eso. Tengo la esperanza de que será diferente la próxima vez! Yo volveré al mercado porque allí se consiguen los mejores productos y hay casi de todo. Resiliencia, paciencia, esperanza… ¡La próxima me irá mejor!

 

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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