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Perder la mano más dilecta EL ALA ROTA, por Edilio Peña

close-up of a man's hand signing document/contract or writing (black and white).
La paradoja está en que al perder la mano más dilecta, el deseo de escribir se acrecienta como nunca y el escritor se plantea el absurdo y el imposible para lograr su fin.

Especial para Ideas de Babel. Cuando ya no se puede escribir con la mano con que se escribía, es como cuando un pájaro pierde un ala. Con su imaginación el escritor puede volar muy alto, pero necesita de esa mano que lo acompañó esculpiendo tantas historias y aventuras, escribiendo en las altas cumbres de las noches infinitas y en las  altas montañas de su delirio, para seguir juntando palabras y tener la certeza así, como leal a ese destino al que no se puede renunciar nunca, de que voló muy alto, y de que podrá seguir haciéndolo, aún más allá si es preciso, de la propia muerte.

La paradoja está en que al perder la mano más dilecta, el deseo de escribir se acrecienta como nunca y el escritor se plantea el absurdo y el imposible para lograr su fin. Primero tiene que vencer el dolor del mutilado y la creencia de que su mano sigue colgada de su brazo inútil, presta y sana a la ciega voluntad del frenesí creativo. En su desventura,  el escritor piensa en el largo cautiverio que padeció El Manco de Lepanto. Al final, vencido como un soldado en un campo de batalla, el escritor mutilado tiene que recurrir a su otra mano que le sobrevive, pero esta es tan torpe y lenta para tomar las riendas de ese caballo desbocado de su imaginación y huir de la desgracia, que no le sirve para nada. Entonces, piensa en pedir ayuda a una mano ajena, que escriba lo que a él, el verdadero escritor, le es vedado escribir con aquella mano que perdió y, a la cual, le fue su más devoto amante.

Sin embargo, esa mano ajena tiene que tener el alma de la otra, de la que ya no existe. No la puede buscar, ni desenterrar en medio del charco de la pérdida y el dolor. No obstante, la necesita. Pero una mano ajena no se busca, aparece como un relámpago inesperado que retumba en los cielos y apuñala el corazón, y que es en ese instante que contiene y dura el para siempre, en ese abrazo entrañable, en ese beso profundo, o en esa frase que nos arrebata hasta estremecernos, y que nos hace extrañar, con dolida nostalgia, aquella mano que tuvimos y con la cual escribimos hasta en lo que parece una eterna tragedia: Venezuela.

edilio2@yahoo.com

@edilio_p

 

 

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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