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Pelo malo LA FUERZA DE LO ÍNTIMO, por Alexandra Cariani

pelo-malo-peliculaSe la ha promocionado como una historia sobre la intolerancia. Y lo es, sólo en parte. Porque lo más interesante de la película de Mariana Rondón, en mi opinión, es la manera como la directora aborda sin melodramas, a través de gestos y miradas, la conflictiva relación madre e hijo, la búsqueda de la identidad y la libertad de soñar. Pelo Malo se está exhibiendo hace varias semanas en España, Francia y Suiza, acaba de estrenarse a nivel nacional y actualmente está compitiendo en el Festival de Cine de Tribeca en Nueva York.

Pelo Malo aterrizó en Caracas luego de un largo periplo internacional en el que ha cosechado premios importantes y el reconocimiento del público, la prensa y la crítica especializada. Las opiniones y lecturas han sido muy variadas. Algunos la consideran una historia sobre el racismo; otros destacan la denuncia contra la homofobia. La directora, por su parte, ha enfatizado que la suya es una historia en torno a la intolerancia y el respeto a las diferencias. Se comenta también el indudable contenido social de la película, cuya trama tiene como telón de fondo una Venezuela actual, empobrecida y  precaria, que castiga a los menos favorecidos.

Son lecturas válidas, todo eso efectivamente está planteado en Pelo Malo. Pero también es cierto que, más allá de lo macro, hay una esfera privada que a mi juicio constituye lo mejor la película. O por lo menos la más interesante para mí. Me refiero a ese microcosmos familiar donde se concentra el nudo dramático de la historia de Junior (Samuel Lange), el niño obsesionado con alisarse el pelo y ser cantante. En un ambiente donde la figura paterna brilla por su ausencia y los personajes masculinos aparecen francamente devaluados, la vida de este Junior oscila entre dos figuras femeninas: Marta, su  joven madre, interpretada por Samantha Castillo, una mujer  frustrada, que sobrevive a duras penas, y su abuela paterna (Nelly Ramos). Una se convierte en el gran obstáculo que le impide al niño lograr su objetivo. La otra lo apoya y se vuelve su cómplice. Ambas están movidas por el miedo: a la madre le aterra que los gustos de su hijo sean señal inequívoca de homosexualidad. La abuela, en cambio, vive con el temor de que su nieto corra la misma suerte que su hijo, padre de Junior, muerto en forma violenta, por lo que alienta las preferencias estéticas del niño como una manera de alejarlo del prototipo varonil del malandro. La realidad es que la violencia no sólo está afuera, en el barrio, en la calle. La violencia está adentro, en la casa, forma parte del día a día de Junior. No es física, es sicológica y emocional. Está hecha de confrontación, de rechazos e indiferencia cotidianos expresados a través de gestos y miradas.

Es en ese universo familiar disfuncional, asfixiante, opaco, repleto de incomprensiones, prejuicios y estereotipos que la película se hace grande. Allí Junior explora su identidad. Busca la figura que pueda sustituir al padre, pero fundamentalmente se busca a sí mismo. Así como en la leyenda Sansón otorgaba a su cabellera la razón de su poder, de igual manera el niño deposita en el cabello liso y en su aspiración a cantante el motivo de una felicidad que será truncada por la madre.

La pequeña y trivial anécdota resume todo el poder metafórico y dramático de la película. La madre aparece aquí como castradora. Ella no sólo mata el deseo, el placer. También es la autoridad y, por ende, la figura que tiene el poder de hacer posibles o de impedir los sueños. En el caso de Junior, al ser un niño, el significado  de la negación presente trasciende más allá. Es una forma de mutilación, una manera de negar la libertad de ser, el futuro, el porvenir.

Social e íntima, Pelo Malo es, en mi opinión, la mejor película de Mariana Rondón (A la media noche y media, Postales de Leningrado) porque ha logrado elaborar una historia creíble, auténtica, conmovedora, que conecta afectivamente con el espectador y que habla de grandes temas desde lo pequeño. Con cierto humor y ternura, pero también de manera implacable y áspera, huyendo del melodrama. Y, sobre todo, del final feliz.

Cortesía de http://zonalibredigital.wordpress.com/2014/04/22/la-fuerza-de-lo-intimo-en-pelo-malo-por-alexandra-cariani/

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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