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Parásitos DRAMA, HUMOR Y TRAGEDIA, por Alfonso Molina

Al centro, la familia rica. A los costados, la familia pobre. Ambas son parasitarias.

La película sur-coreana que obtuvo la Palma de Oro de Cannes en 2019 y media docena de premios más, es la seleccionada para nuestro Cine Encuentro de febrero en el Trasnocho Cultural, mañana sábado 8 a las 10:00 am, un día antes de su posible triunfo en los Premios de la Academia. Los panelistas serán la psicoanalista Esther Mateo, expresidente de la Asociación Venezolana de Psicoanálisis (Asovep), y el crítico y realizador Luis Bond. Como moderador y también panelista estará nuestro coeditor Trino Márquez. Los análisis y debates estarán muy buenos. Los esperamos.

Desde la primera escena, Bong Joon-ho define el entorno donde se origina el conflicto principal de Parásitos: la inmensa pobreza en un país de economía creciente. Un contraste dramático que ya es usual en países de Asia y América Latina

Los planos iniciales del film caracterizan la conducta de los cuatro miembros de la familia Kim —padre, madre, hija e hijo— que viven prácticamente en el subsuelo, robando el wifi de los vecinos, recibiendo los gases tóxicos de una fumigación y soportando los orines de borrachos. Son inteligentes, simpáticos y perversos, como todos los estafadores. En otra zona de la ciudad, la familia Park, rica y elegante, constituye la oportunidad de ascenso social de los Kim por la vía del engaño y la mentira. Cada uno de sus miembros ejerce la usurpación sin la menor duda moral. No cuestionan sus acciones. Al contrario, se aprovechan de sus pequeñas fechorías. se sienten orgullosos. También resentidos. No hay fronteras generacionales. Son iguales: parásitos.

Con mucho humor negro, el realizador sur-coreano construye una trama de intriga que sustenta la usurpación de la familia Park por los Kim. Uno a uno van ingresando al hogar de los Park y se anotan pequeñas victoria en un tablero de ajedrez virtual. Pero Bong Joon-ho no es complaciente ni responde a maniqueísmo alguno. Los Park también son parásitos de otros seres humanos, pero un un sentido diferente, bajo reglas distintas. Más fashion, más tontas. Lo que separa a ambas familias no es solo la verdad o el dinero sino la distancia clasista que se manifiesta sensorialmente en el olor corporal, el olor de la gente que viaja en el metro de Seúl, el olor de los pobres, en definitiva. Son distintos.

Un poco más allá de la mitad del film, el guión establece un plot point que reconduce la trama que abandona su tono de intriga y de comedia y deviene en drama hasta llegar a la tragedia. Otros dos personajes cambian el desarrollo de la historia y plantean nuevas dudas y nuevas acciones hasta un desenlace sorprendente. Pero lo más importante, más allá del desconcierto, reside en la apreciación moral de dos clases sociales distintas en una sociedad que se ha convertido en eso que algunos llaman un capitalismo extremo. Pero el realizador evita la simplificación de pobres igual a buenos y ricos igual a malos. Todos obran mal, sin remordimiento.

Pero debo precisar que los personajes más importantes son los miembros de la familia Kim, quienes desencadenan y cierran esta historia con sus graves consecuencias. Existe entre ellos un pacto difícil de anular. Avanzan con una planificación precisa, incluso malvada.

Del impecable empaque formal de fotografía, montaje, dirección de arte y música, quiero destacar esta última —de Jael Jung— con un toque poco usual que acentúa el cosmopolitismo de la vida de Corea del Sur. Y las actuaciones son excelentes todas, muy parejas, muy bien ubicadas por el director.

Es la primera vez que una película de Corea del Sur adquiere tanta notoriedad mundial al ganar la codiciada Palma de Oro de Cannes, los reconocimientos en los Globos de Oro y los premios de la crítica de EEUU y ahora se juega la suerte en el Oscar. Lo más importante es que se ha convertido en el film sur-coreano más taquillero en su propio mercado, es decir, ha logrado establecer una relación de identidad entre el espectador de su país y el conflicto social planteado. Eso ya es bastante.

PARÁSITOS (Gisaengchung), Corea del Sur, 2019. Dirección: Bong Joon-ho. Guion: Bong Joon-ho, Jin Won Han. Producción: Young-hwan Jang, Bong Joon-ho, Sin-ae Kwak, Yang-kwon Moon. Fotografía: Kyung-Pyo Hong. Montaje: Jinmo Yang. Música: Jaeil Jung. Dirección de arte: Ha-jun Lee. Elenco: Song Kang-ho, Lee Seon-gyun, Jang Hye-jin, Cho Yeo-jeong, Choi Woo-sik, Park So-dam, Park Seo-joon, Lee Jeong-eun, Park Keun-rok, Hyun Seung-Min, Andreas Fronk, Park Myeong-hoon, Jung Hyun-jun. Distribución: Veloz Films.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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