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Para liberar a Venezuela HAY QUE LIBERAR TAMBIÉN (O AL MENOS NEUTRALIZAR) A CUBA, por Alfredo Michelena

Fidel y Chávez
Cuarenta años después Chávez fue el instrumento de Fidel para coronar este objetivo, postulando que somos una sola y misma patria, Cubazuela, o Venecuba, como Fidel la llamó en 2005.

Desde que en 1994 Fidel Castro recibe a Chávez en el aeropuerto de La Habana, se dedicó a tejer un nefasto hilo que atrapó al soldado golpista, quien más bien estaba imbuido de una ideología militarista, nasseriana (por Gamal Abdel Nasser), que en el fondo cree que los militares son mejores que los civiles, por aquello del orden y la disciplina, y por su compromiso  con ‘la patria’, una patria que hay que descolonizar (antiimperialismo).

En esto ayudaron los viejos y fracasados guerrilleros criollos que habían sido financiados por Fidel. Para ellos el barbudo era un mítico héroe que había tenido el valor y la dignidad de enfrentar al imperio yanqui, sin importarle que para hacerlo esclavizara al pueblo cubano. Los sucesos de abril de 2002 aceleraron el sometimiento de Chávez a Castro. A partir de entonces los procubanos comenzaron a controlar el poder frente a los militares del 4F. Entre ellos estos procubanos destacan Alí Rodríguez Araque, quien toma el manejo del petróleo, y Nicolás Maduro, activista entrenado en Cuba, a quien La Habana escoge como heredero de la silla de Miraflores.

Fidel siempre soñó con ponerle la mano al petróleo venezolano. Se lo planteó a Rómulo Betancourt en 1959 con el pretexto de unirse contra el imperio norteamericano. Rómulo no aceptó. Luego Fidel invadió a Venezuela pero fue derrotado. Cuarenta años después Chávez fue el instrumento de Fidel para coronar este objetivo, postulando que somos una sola y misma patria, Cubazuela, o Venecuba, como Fidel la llamó en 2005.

Con el acuerdo de 2000, Chávez comienza a entregarle a Fidel unos 100.000 barriles de petróleo al día y a financiar un ejército cubano de ocupación de al menos 45.000 —según cifras oficiales— para-médicos y ‘asesores’ diversos, cada uno de los cuales nos cuesta cerca de 140.000 dólares anuales.

Hoy es indiscutible la penetración y control de la Cuba castrista sobre Venezuela. No sólo es que Maduro sea un cuadro formado en Cuba o que esos ‘asesores’ sean todos miembros de los comités de defensa de la revolución, ni que el control de documentos de identidad y el registro de propiedades esté en sus manos. Lo más grave es su penetración en la FAN y el control por el G2  del Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria, creado por Maduro para centralizar todas las labores de inteligencia (espionaje), a fin de reprimir a todos los venezolanos.

La solución de nuestra crisis no pasa solo por Caracas, debe pasar por La Habana. Eso no lo entendió Obama pero sí lo ha entendido Trump. Tampoco lo han entendido los gobiernos que coquetean con el castrismo. Un ejemplo, el Grupo de Lima pide que no se invite a la Venezuela chavista a la VIII Cumbre de la Américas por ser una dictadura, pero sobre Cuba no dice ni una palabra. Y menos la oposición venezolana, que aparte de las denuncias, no se ha atrevido siquiera manifestar frente a la embajada cubana.

En el hemisferio hay una pequeña guerra fría: de un lado los prodemócratas y del otro los alineados con Cuba y su Foro de San Pablo, que siguen rindiéndole directa o indirectamente pleitesía a la Cuba de los Castro. Lo grave es que estos gobiernos, partidos y movimientos al aceptar el sometimiento del pueblo cubano no dudarán en aceptar el del venezolano, si por hambre, mengua y nuestros mismo errores nos terminan sometiendo ‘a la cubana’. Para liberar a Venezuela hay que también liberar (o al menos neutralizar) a Cuba.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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