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Oscar 2014 LOS GANADORES, por Alfonso Molina

Steve McQueen al recibir el Oscar
Steve McQueen celebra el triunfo de “12 años de esclavitud” en el Oscar 2014.

Este año la ceremonia del Oscar fue sobria, bien conducida por Ellen Degeneres y con tiempo preciso. No guardó sorpresas, salvo para los venezolanos que escucharon las palabras de Jared Leto en solidaridad con “los soñadores” de Ucrania y Venezuela. El también cantante y músico agradeció el premio como actor de reparto y deslizó sus ya célebres palabras “A todos los soñadores en Ucrania y Venezuela… cuando ustedes luchan para que sus sueños se hagan realidad, sepan que estamos con ustedes”. De inmediato se convirtió en un trending topic en Twitter y generó múltiples reacciones positivas. Aunque también incendió la ira de Delcy Rodríguez, ministra de Información, y de la inclasificable Eva Golinger, quienes con sus comentarios inspiraron la burla de todo el mundo. Leto dijo más o menos lo mismo que en la noche anterior en los Spirit Awards cuando ganó ese reconocimiento. Venevisión y Gustavo Cisneros volvieron a quedar como grandes cómplices del chavismo y la autocensura, para vergüenza de los demócratas.

Pero volvamos a la ceremonia. Como se esperaba, 12 años de esclavitud, producida y dirigida por Steve McQueen, se convirtió en la mejor película de la 86ª edición de los premios de la Academia, además de recibir el galardón a la mejor actriz de reparto para Lupita Nyong’o y el de mejor guion adaptado para John Ridley. Un tipo de película que está en el gusto de los miembros de la Academia, quizá por un cierto sentido de culpa de la sociedad norteamericana ante la época oprobiosa de la esclavitud y la discriminación racial. Casi en cada edición del Oscar hay una película que toca el tema de los afroamericanos segregados en diferentes etapas de la historia.

Sin embargo, el realizador inglés no pudo desbancar al mexicano Alfonso Cuarón como director de Gravedad, sin duda la gran ganadora de la noche con otras seis estatuillas: efectos especiales (Tim Webber, Chris Lawrence, David Shirk y Neil Corbould), edición de sonido (Glenn Freemantle), mezcla de sonido (Skip Lievsay, Niv Adiri, Christopher Benstead y Chris Munro), montaje (Alfonso Cuarón y Mark Sanger), fotografía (el también mexicano Emmanuel Lubezki ) y banda sonora (Steven Price). Gravedad demostró que no es un film de ciencia (como muchos lo etiquetan) sino una parábola del viaje de retorno a la Tierra como viaje hacia la intimidad de una tripulante que se enfrenta a la muerte. Bravo por Cuarón y Lubezki, los primeros mexicanos en ganar un Oscar en sus respectivas categorías. Y recordemos que Lupita Nyong’o nació en México y regresó allí como adolescentes antes de mudarse a EEUU.

Era difícil quitarle el premio a Matthew McConaughey por su trabajo en Dallas Buyers Club. Se impuso sobre actores de mucho talento como Christian Bale por Escándalo americano, Leonardo DiCaprio (siempre ignorado) por El lobo de Wall Street, el veterano Bruce Dern por Nebraska y el ahora famoso Chiwetel Ejiofor por 12 años de esclavitud. La interpretación de McConaughey se revela compleja y minuciosa y permite la evolución de su personaje desde la villanía hasta la heroicidad. Su compañero de reparto, Jared Leto, venció a su más duro contendiente: Michael Fassbender por 12 años de esclavitud.

Algo similar sucedió con la australiana Cate Blanchett por Blue Jasmine, aunque tuvo severa competencia en la inglesa Judi Dench por Philomena. El premio estaba entre ellas y Sandra Bullock en Gravedad, la gran actriz perdedora de la noche. Ella constituye el magnífico soporte interpretativo de la película de Cuarón.

Una de las pocas sorpresas fue el galardón para Spike Jonze por su guion original en Ella, una de las películas más interesantes del concurso tanto por su tema como por su tratamiento narrativo y sus valores de vestuario y diseño de producción. También me gustaba mucho el de Blue Jasmine, de Woody Allen, por su estructura narrativa y la yuxtaposición de tiempos y lugares. En cambio, todo el mundo se esperaba por la estatuilla a John Ridley por su guion adaptado de 12 años de esclavitud, aunque para mi el guion de Steve Coogan y Jeff Pope para Philomena está mejor construido a partir de una historia pequeña que se vuelve grande.

No hubo estatuillas para Escándalo americano, de David O. Russell, que tenía diez postulaciones, mi admirada Philomena, del maestro irlandés Stephen Frears, el buen drama Capitan Phillips, del inglés Peter Greengrass, la delirante El lobo of Wall Street, del gran Martin Scorsese, y Nebraska, curioso drama en blanco y negro de Alexander Payne.

Tampoco hubo sorpresa en la victoria de Frozen, de Jennifer Lee y Chris Buck, como película animada. Yo prefería Se levanta el viento, del maestro japonés Hayao Miyazaki, una película más compleja y de múltiples significaciones sobre el hombre que diseñó el avión de combate Zero, que fue usado en el ataque a Pearl Harbor durante la Segunda Guerra Mundial. La otra que me gustaba mucho es Ernest & Celestine, producción franco-belga dirigida por Stéphane Aubier, Vincent Patar y Benjamin Renner, sobre Ernest, un enorme oso, músico ambulante que se queja de todo pero tiene un gran corazón y que acoge en su casa a la pequeña Celestine, una ratita huérfana.

El triunfo de La gran belleza (La Grande Belleza), del italiano Paolo Sorrentino, como película no hablada en inglés, era esperado por los apostadores. Esta es la décimo octava ocasión en que Italia se lleva el Oscar. La belleza trágica de la decadencia conforma su núcleo dramático, con ciertos aires a Fellini. Yo prefería la extraordinaria Omar (Omar) del palestino Hany Abu-Assad, y la muy dramática La caza (Jagten) del danés Thomas Vinterberg.

Finalmente, en el terreno de largometraje documental se impuso la excelente A 20 pies del estrellato, de Morgan Neville, Gil Friesen y Caitrin Rogers, que ofrece una visión desconocido del mundo de la industria musical y sus intérpretes de soporte. La otra que me gustaba mucho es The Act of Killing, de Joshua Oppenheimer, una coproducción entre Dinamarca, Noruega y el Reino Unido sobre el genocidio cometido en Indonesia a mediados de los años sesenta del siglo pasado.

Entre los que partieron en el último año, la Academia ignoró a Alain Resnais, quien murió la noche anterior a la ceremonia. Vacío grave.

En Venezuela, la sorpresa estuvo en las palabras de Leto y en lo tuits de Kevin Spacey, antiguo admirador de Chávez, (“¡Venezuela no te rindas, todo el mundo tiene el derecho a expresarse!”, @KevinSpacey) y de Forrest Whitaker (“Profundamente entristecido por la violencia en Venezuela. Todo el mundo tiene el derecho de que su voz sea escuchada. Concedan derechos humanos a través del diálogo pacífico” @ForestWhitaker).

Bueno, a esperar el Oscar 2015.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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