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Nosotros LA DANZA CON LA SOMBRA Y EL OTRO, por Luis Bond

Nosotros 1
La premisa de Us no difiere mucho de cualquier película de terror genérica, una familia decide pasar vacaciones en una casa ubicada cerca de la playa sin sospechar que ‘algo’ está por salir mal.

Hay temas que nos persiguen de forma individual y colectiva transformándose en nuestra sombra. Uno de los más fascinantes, sin lugar a dudas, es el otro: el doble, el extraño, aquel que es como yo pero no reconozco y termina encarnando mis peores miedos.

Un tema harto desarrollado desde los mitos antiguos hasta colarse en la actualidad a través de la gran pantalla. Un asunto que ha fascinado a muchos realizadores (como David Lynch, Denis Villeneuve, David Cronenberg, entre otros) y que fue explorado por Jordan Peele en su ópera prima Get Out en 2017 (un largometraje irrepetible, suerte de híbrido entre suspenso y comedia donde subyace una sátira sobre el racismo). Dos años después, Peele vuelve al ruedo como productor, director y guionista de Us (Nosotros), una película donde retoma el tema del otro, pero desde la perspectiva del Doppelgänger, trabajando con capas muchísimo más densas —y perversas— que su predecesora y yendo más allá de la crítica a la sociedad norteamericana para llegar a un epicentro más poderoso: la universalidad de la realidad arquetipal.

La premisa de Us no difiere mucho de cualquier película de terror genérica, una familia decide pasar vacaciones en una casa ubicada cerca de la playa sin sospechar que ‘algo’ está por salir mal. Es así como conocemos a los Wilson: Adelaide (Lupita Nyong’o), una madre con un extraño evento traumático en su pasado y que se muestra incomoda con el lugar donde están; Gabe (Winston Duke), el padre despreocupado y gracioso que desea aparentar un status social mayor al que tiene; Zora (Shahadi Wright), una adolescente ensimismada y malhumorada, y Jason (Evan Alex), un niño que desea ser mago. Todo parece marchar aparentemente bien para ellos, hasta que una noche son confrontados por una extrañas versiones malignas de sí mismos, envolviéndolos en un espiral de violencia que cambiará su mundo para siempre.

En un nivel netamente cinematográfico, Us ofrece una mezcla de sub-géneros derivados del suspenso en los que Peele se pasea con maestría, comenzando por el Home Invasion coqueteando con el Thriller psicológico, valiéndose de los artificios del Terror y lo Sobrenatural hasta terminar en una especie de estética de Apocalipsis-Zombie, todo aderezado con toques de humor negro y absurdo (parte de su impronta como guionista) que es ejecutado a la perfección por un cast de primera que se luce con una interpretación doble. Aunque Lupita Nyong´o es la que se roba el show, todos los demás actores (incluyendo secundarios como Elisabeth Moss, Tim Heidecker y Cali y Noelle Sheldon) dan un performance espectacular y aterrador. Peele maneja la cámara con mucho rigor, alimentando la tensión con elaborados planos secuencia o creándola con planos fijos y magnéticos, moviéndose con holgura en cambios de registros drásticos generando sustos y risas. La otra gran fortaleza de Us es la Edición de Nicholas Monsour, que explora todos los recursos expresivos de este lenguaje, desde el montaje diacrónico para saltar del pasado al presente, el montaje rítmico en secuencias musicales alucinantes (sobretodo la última media hora de película), montaje analítico y sintético para alargar o distender momentos y, por supuesto, el Montaje psicológico (sugiriendo ideas abstractas al público a través de la unión de planos, enriqueciendo el discurso del largometraje). Todo esto envuelto en la banda sonora ominosa e hipnótica de Michael Abels que compuso varias piezas que se quedarán resonando en la mente del espectador de por vida. Lejos de repetirse, Peele demuestra su madurez como realizador, tomando nuevos riesgos: mientras que en Get Out creó un universo único e irrepetible, en Us trabaja sobre la base de algo que ya conocemos, pero lo profundiza a niveles insospechados.

Lo primero que salta a la vista, al igual que su predecesora, es que en Us conseguimos un gran subtexto de crítica social, aireando los trapos sucios de la sociedad norteamericana (a veces de forma sutil, otras directamente). Desde su título (que de inmediato nos resuena a la abreviatura de United States), pequeños diálogos que se cuelan como chistes (como el Doppelgänger que, al preguntarle quienes son, responde “somos estadounidenses”), la utilización de canciones de hip-hop cuyas líricas están cargadas de violencia, drogas y delincuencia y que son consumidas en familia como si nada, la competencia del padre afrodescediente por estar a la par de su amigo blanco (que intuimos republicano), los Doppelgänger vestidos de rojo (color que abarca desde la bandera, la violencia, la sangre y el comunismo), hasta las teorías conspiranoicas del flúor en el agua como herramienta de control mental y los túneles que recorren Estados Unidos sin propósito alguno… focos de atención que le dan a Us decenas de interpretaciones que serán la delicia de varios politólogos, sociólogos y conspiranoicos.

A pesar de desarrollar dos discursos con muchísima fuerza, el verdadero sabor de Us está en su interpretación arquetipal (que la vuelve universal a todos, transformándola en un producto más psicológico y aterrador). Para esto debemos acercarnos a un punto que es vital dentro de la psicología analítica profunda: la sombra. Esta fue definida por Carl Gustav Jung como aquello que es desechado por el ego y arrojado al inconsciente porque nos desagrada… algo que, a pesar de ser relegado por la consciencia, es autónomo y que tarde o temprano —personal o colectivamente— nos toma y lleva a lugares insospechados. No es arriesgado decir que Us es una cátedra de este tema cuando conseguimos tantas lecturas que lo afianzan: los Doppelgänger que aparecen de noche, saliendo de las cloacas, algunos nombres relacionados con lo oscuro (Nix, Umbrae, Pluto), su violencia, fuerza desmedida y crueldad. Al igual que la sombra, son autónomos, omnipresentes y siempre al acecho para acabar con nuestro mundo tal y como lo conocemos. De hecho, cuando se narra el origen de estos dobles (llamados tethered, o sea, ataduras), se dice que estaban unidos a los habitantes del mundo superior —conciencia, luz—, ejerciendo poder sobre ellos —desde el inconsciente, oscuridad—, pero que un día el vínculo entre ambos se rompió, dejándolos a la deriva y permitiendo que fuesen guiados por un personaje como Red (la doble de Adelaide, encarnando ‘el otro’ en este extraño mundo), creando así una revolución.

Peele hace su propia cosmogonía, tanto en el mundo real como en el oscuro, creando un sistema de imágenes sólido que se repite una y otra vez durante todo el largometraje: el espejo (como umbral entre una realidad y otra, lugar desde donde me veo y veo a otros), los reflejos (desde donde observamos a Adelaide una y otra vez), los conejos (animal lunar y sombrío), el mar (metáfora del inconsciente, misterio y transformación), los dobles por contraste (familia afrodescediente y blanca, los Doppelgänger, 2 gemelas, 2 Adelaide con 2 colitas, 11:11 en el reloj y la Biblia, pasado y presente, día y noche, 2 cuevas, volver al mismo lugar, como es arriba es abajo), el microcosmo que emula el macrocosmo (la cadena humana en la televisión, el sticker del auto, los juguetes con los que jugaba Adelaide, la ambulancia), las tijeras (2 cuchillas dobles que se mueven al unísono y que unidas pueden separar) y muchas otras cosas más que crean un estructura narrativa y visual donde todo es doble y se confunde, seduciéndonos en una danza que le abre al público muchísimas lecturas e interpretaciones como una matrioshka que nos permite ver en ella todo lo que deseemos proyectar, transformándose en una experiencia confrontativa.

Dejando a un lado los espejos, Peele establece en los primeros minutos de Us una radiografía del colectivo: intuimos una familia disfuncional que juega a ser normal, un grupo de personas adormecido en un parque de diversiones, el rodaje de una película icónica, un profeta ignorado (con una pancarta donde se lee ‘Jeremías 11:11’, dos veces doble, número de la magia y que hace referencia a un versículo bíblico donde Jehová amenaza con arrojar el mal sobre un pueblo que ha violado un pacto), todo desde la perspectiva de una niña. Esta joven Adelaide, se termina perdiendo en una noche de tormenta entrando a un lugar que dice “encuéntrate a ti mismo”, donde es asustada por un búho (símbolo de sabiduría por Atenea y, al mismo tiempo, depredador sombrío que alude al instinto primitivo, animal que asusta a la niña y luego es destruido por la mujer), atravesando decenas de espejos/reflexiones hasta toparse con su sombra que le da la espalda. Luego, hacía el final de la trama, regresaremos a este punto, esta vez de la mano de Adelaide adulta y desde la perspectiva de los otros: aquellos que viven encerrados, en la locura total, consumiendo animales crudos y que terminan rebelándose gracias a un elemento “puro” que entra en contacto con ellos. Así, luz y oscuridad se funden en diferentes planos, trayendo consecuencias funestas para todos.

Ese primer encuentro con la sombra lo viven los Wilson —y el público— a través del relato de Red, que con sus estertores guturales, nos narra en forma de cuento infantil su historia y la gran diferencia entre su familia y la de Adelaide, haciendo que el espectador, por primera vez, mire al ‘otro’ y entienda sus motivos. Lo que aparentemente es “diferente”, termina fundiéndose con los ‘normales’, cuando los Wilson enfrentan tanto a sus Doppelgängers como a los de la familia blanca, asimilando sus elementos sombríos (violencia y psicopatía). En el caso de Gabe la confrontación ocurre en los dos botes (símbolo de status para él), utilizando la fuerza bruta. Por otro lado, Zora, que desde el principio de la película desea manejar mientras que la familia la insta a correr, termina arrollando con un auto a su contraparte que es una gran atleta. Llama poderosamente la atención el proceso de Jason que, por ser el más joven (y más cercano al self, totalidad donde sombra y conciencia son uno), establece una conexión lúdica con su doble, siendo el único que puede vencerlo sin necesidad de agresividad, retomando esa “conexión-repetición” que se había perdido… algo parecido sucede con la máscara que siempre tiene sobre su cabeza, lejos de sobre identificarse con ella (como pasó con el resto de su familia y las apariencias), el niño sabe cuándo usarla —como mecanismo de defensa frente a lo oscuro— y cuando quitársela —para poder asimilar. Por último, la transformación más interesante es la de Adelaide, que desde que comienza su lucha con su Doppelgänger es esposada y solo después de un viaje heroico (con descenso al Hades incluido) puede enfrentarse a ella en un baile donde, al igual que Perseo con la Medusa, no puede vencerla yendo de frente sino dándole la espalda y confiando en su intuición para librarse de las cadenas que la oprimen. Así, Adelaide pasó de ser pasiva en su familia, a transformarse en la que da las órdenes y maneja el auto al final de la historia, esta vez, acompañada de su hijo —sinónimo de una infancia rescatada. Lo que pareciera ser un final feliz hasta que vemos la mirada sospechosa de Jason y su acción de bajar su máscara, intuyendo lo que realmente sucedió mientras acaricia un conejo en su regazo… recordándonos que el trabajo con la sombra es eterno.

Al igual que Get Out, Jordan Peele vuelve a hacer una película que no es para todo el mundo. Sus múltiples niveles de lectura pueden perder al espectador al confundirlo con espejos y diluirlo en el mar —ambos, omnipresentes en todo el desarrollo de la historia. Lejos de quedarse en el suspenso y la crítica social, Peele se sumerge en las aguas del inconsciente colectivo, dictando una cátedra de sombra (uno de los temas más complejos y fascinantes que podemos conseguir en la psicología analítica profunda), creando una galería de imágenes que se amplifican hasta el infinito y que resuenan en nuestra psique desde la primera vez que disfrutamos de Us en la oscuridad de la sala de cine. El cast hace una interpretación doble que nos deja boquiabiertos. Su música hipnótica en contraste con el hip-hop hacen una mezcla espectacular que, como el guión de Peele, nos genera miedo y risa al mismo tiempo. Más allá de esto, Us nos recuerda que ese ‘otro’ es más parecido a nosotros de lo que realmente creemos, que los extremos son perniciosos y que la sombra no trabajada se vuelve destino. Una serie de lecciones que más allá de resonar en nuestro caótico presente, quedan por siempre impresos en nuestro inconsciente personal y colectivo.

Lo mejor: las actuaciones, especialmente la de Lupita Nyong’o. La música original y su contraste con las canciones famosas. Su guión: planteamiento, diálogos y vueltas de tuerca. Sus múltiples niveles de lectura psicológica y social. El manejo del suspenso. La dirección.

Lo malo: al igual que Get Out, la mezcla de suspenso, humor, crítica social y experimentación narrativa que hace Jordan Peele dejará a más de uno descolocado (sobre todo a aquellos que esperan ver una película sencilla de Home Invasion o Doppelgänger malévolos).

@luisbond009

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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