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No se puede ser indiferente ¡HASTA CUÁNDO!, por Eduardo Fernández

Una vida normal
Treinta millones de venezolanos tenemos derecho a exigirle a nuestros líderes, tanto del gobierno como de la oposición, que encuentren una formula patriótica e inteligente para superar la crisis de gobernabilidad.

Ya es hora de ponerle fin a esta crisis. Se está condenando a la gente al hambre, a la desesperación, a la violencia y a la pobreza.

Se destruye la democracia y las instituciones. Se destruye la economía y el aparato productivo nacional. Se hace presente el desabastecimiento de alimentos y de medicinas.

Miles de compatriotas son condenados al sufrimiento, al hambre y a la desnutrición.

No se puede ser indiferente frente al drama que significa toda una generación que estamos condenando a la desnutrición física e intelectual.

La violencia condena al país a la anarquía y al vandalismo. Nunca habíamos vivido en un estado de descomposición social y moral tan agudo y tan dramático. Con esta cultura de confrontación que prevalece en el país, ni el actual, ni ningún otro gobierno que venga a sucederlo, podrá enfrentar la terrible crisis económica que estamos atravesando.

Treinta millones de venezolanos tenemos derecho a exigirle a nuestros líderes, tanto del gobierno como de la oposición, que encuentren una formula patriótica e inteligente para superar la crisis de gobernabilidad.

Son incontables los ejemplos de países amigos que han logrado, con inteligencia, con patriotismo y sobre todo con pragmatismo, fórmulas para superar esta crisis tan prolongada y tan dolorosa.

Venezuela producía en 2012 tres millones de barriles de petróleo que vendíamos a más de 100 dólares cada uno. Eso le producía al país un enorme ingreso fiscal. En 2017 vamos a terminar produciendo menos de dos millones de barriles a 40 dólares por barril. La catástrofe económica que esas cifras representan, sobre todo por la destrucción de la producción interna, es inconmensurable. Lo que recibimos hoy por exportación de petróleo, que es lo único que producimos, no alcanza para pagar la importación de alimentos y medicinas.

Esa es la realidad que confrontamos y es la que va a enfrentar cualquier gobierno que suceda al actual. Esta realidad es la que nos impone la búsqueda de un clima de entendimiento y de un acuerdo de gobernabilidad.

Mantener el ambiente de confrontación y de polarización extrema nos conduce a más violencia, más inestabilidad, más anarquía, más aislamiento internacional, más hambre y más muertes. El empeño de derrocar al gobierno en la calle solo puede llevarnos a un desenlace militar con consecuencias impredecibles.

A Venezuela le urge un gobierno de unidad nacional que enfrente con eficacia la solución de nuestra tragedia.

Seguiremos conversando.


@EFernandezVE

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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