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Nebraska LA PELÍCULA ‘DEFINITIVA’ DE ALEXANDER PAYNE, por Rafael Martín

This image released by Paramount Pictures shows Bruce Dern as Woody Grant, left, and Will Forte as David Grant in a scene from the film "Nebraska," about a booze-addled father who makes to Nebraska with his estranged son in order to claim a million dollar Mega Sweepstakes Marketing prize. (AP Photo/Paramount Pictures) ORG XMIT: NYET157
En el centro de Nebraska está Woody Grant (Bruce Dern), más que anciano, un vetusto soldado retirado cuyo deterioro físico y mental, alimentado por años de alcoholismo, solo es equiparable a su cansancio espiritual: es un hombre hastiado de la realidad, en general, y del fracaso personal, en particular.

Sinopsis: A Woody Grant, un anciano con síntomas de demencia, le comunican por correo que ha ganado un premio. Cree que se ha hecho rico y obliga a su receloso hijo David a emprender un viaje para ir a cobrarlo. Poco a poco, la relación entre ambos, rota durante años por el alcoholismo de Woody, tomará un cariz distinto para sorpresa de la madre y del triunfador hermano de David.

Análisis de Rafael Martín.

Struck me kinda funny
Funny yeah to me
How at the end of every hard earned day
People find some reason to believe

Bruce Springsteen – Nebraska (1982)

Nebraska es la película que será recordada como la más quintaesencialmente norteamericana de Alexander Payne, hijo de Omaha. Si bien su columna vertebral es una emotiva historia generacional de padre a hijo, los temas dominantes del film, una road-movie con todas las letras, se insertan completamente en el canon del gran drama social estadounidense. La posesión, el legado, la persecución de los sueños, la disolución forzosa de los negocios familiares y, por extensión, el declive de la comunidad rural contemporánea, son examinados por su realizador con una intensidad inusitada que se traduce en el film visualmente más impactante de toda su filmografía, donde expande, merced al amor reverencial que siente por el estado que le vio nacer, una historia íntima que inmortaliza entre extraordinarios paisajes y oscuros escenarios de pueblos decadentes. De por sí, Nebraska es un film excelente –o, dicho de otro modo, tan excelente en términos formales como cualquier otra película de la filmografía de su realizador, una expresión que restaría magia al conjunto– pero es esta aproximación, ultrapanorámica, de envergadura masiva, la que vuelve a la película especial y diferente.

La película ‘definitiva’ de Alexander Payne, el film sobre el estado en el que creció, y sobre cuyos paisajes nos presenta las constantes básicas de su filmografia, con espectaculares resultados. Si hay un film que se merece la expresión ‘épica intimista’, es este.

En el centro de Nebraska está Woody Grant (Bruce Dern), más que anciano, un vetusto soldado retirado cuyo deterioro físico y mental, alimentado por años de alcoholismo, solo es equiparable a su cansancio espiritual: es un hombre hastiado de la realidad, en general, y del fracaso personal, en particular. Es una figura común pero está matizada por la figura de Bruce Dern, quien a falta de una palabra mejor realiza una interpretación enferma, carente de la vivacidad que veíamos por ejemplo en Alvin Straight durante Una historia verdadera, y propia de un actor que ha agotado su persona cinematográfica hasta el límite de su existencia. El dinámico, cabraloca y frenético veterano de guerra por excelencia del Hollywood de los setenta ha envejecido hasta convertirse en un viejo fundido, prácticamente incoherente e incomunicado, arrasado por el estrés postraumático que condenó a sus compañeros, y derrotado por la idea de que sus sucesores no han hecho absolutamente nada para remontar el vuelo. Lo que ha venido después de él ha sido una generación de medianías, conformados con ver el tiempo pasar. El papel de Dern –quien hace de América, vista por Payne– comienza y termina en Dern, y adquiere proporciones monumentales por lo que ve y calla, y por lo que recuerda en silencio.

En su camino para cobrar un falso cheque promocional de concurso donde se le garantiza un millón de dólares le acompaña su hijo Dave, recientemente salido de una separación, a la sombra de un exitoso hermano, y sin nada mejor que hacer que acompañar a un hombre que le resulta completamente irreconocible. En la mejor tradición de este tipo de historias, Payne relata el acercamiento de la pareja –o más bien, el acercamiento de Dave– a través de una sucesión de encuentros con familiares y antiguos amigos y amores, marcados, casi en su totalidad, por el reproche que generan las deudas no pagadas, ya sean románticas –una deliciosa Angela McEwan– o económicas, que han terminado enquistadas con el paso del tiempo.  Payne aborda el conflicto entre familia, dinero y crisis económica por segunda vez consecutiva después de Los descendientes –film que abría con una sucesión de planos del lado más decadente de Hawai–, pero el precedente, en perspectiva, da la sensación de que se trataba de una plantilla que aquí ha refinado y reducido a la mínima expresión. Se acabaron las escenas extravagantes, se acabó el dinamismo de la cámara, se acabó el star power que Clooney transmitía en cada segundo de metraje.

De entre el variopinto cuadro de personajes, destaca Stacy Keach, en particular. Como antiguo amigo y acreedor de Woody por un quítame allá esas pajas, Ed Pegram es lo más cercano a un antagonista que veremos en el film y el personaje más ejemplar del colapso de la estructura del pueblecito estadounidense. La suerte de empresario reconvertido en caciquillo manipulador que termina absorbiendo las esperanzas de una comunidad por su intolerancia con sus adeudados.  Es la clase de persona que insiste en cobrar, por pequeña que sea la deuda, en lugar de olvidar. Y la clase de persona que cree que el dinero puede compensar absolutamente todos los agravios. La versión de In The Ghetto que se casca en mitad de un karaoke no deja de tener cierta carga irónica. No es que la familia de Woody sea mejor. “No hay nada que supere un millón de dólares”, le espetan durante la cena. Así, conforme pasan los minutos, Woody y Dave traman una suerte de alianza muda contra un mundo limitado, poblado por rácanos, oportunistas, reclamantes, “un puñado de madera y malas hierbas, nada más”. Pero un sueño sigue un sueño: sin ese falso billete de lotería, no hay viaje, no hay encuentro, no hay memorias, no hay aprendizaje, y no hay futuro.

No es un film derrotista, Nebraska. Ni mucho menos. El mundo de las medianías es un terreno en el que Payne se desenvuelve perfectamente porque suya es una mirada –y creo que este es su gran punto de equilibrio– condescendiente y esperanzada sin llegar a ser distorsionadora.  Dave está atrapado en un piso solitario y en la rutina de la venta de aparatos de audio pero dista de ser una carcasa: SABE que algo falta en su vida, una fuente de riqueza. El personaje de Woody emerge de Dern, pero Payne cimenta a Forte y a su personaje en los detalles. Hay una escena de ruptura muy hermosa en la que su ex, Nöel (Missy Doty) le entrega el resto de la ropa. Las plantas están pochas. Ella les dice que las retire, pero la joven se guarda una hoja seca en el bolsillo, a modo de recuerdo. La escena es muy ‘Payne’, sin subrayar un ápice aspecto alguno de la secuencia, que no obstante deja un fuerte poso: ha sido una relación que ha acabado mal pero no en completa catástrofe, y es un indicativo del potencial humano que esconde Dave Grant, quien, una hora después, va a estar luchando por la dignidad de su padre. Y te lo crees. Forte es un actor limitado por la escasa potencia de su personaje, siempre empequeñecido frente a la terrible figura de su padre, sobre el que pivota constantemente, sin mucho margen para construir una entidad propia, pero está muy bien mimado por Payne y el guionista, el también cómico Bob Nelson, quienes le conceden un feliz papel de hombre mundano y mente abierta a través del cual el film nos intenta hacer llegar que algo se ha perdido, pero gracias a gente como Dave el fracaso, aun existiendo, es puntual, y nunca irremisible –y sirva como ejemplo el maravilloso cierre del film–.

Una gran película, pero sobre todo es un film esencial de su director. Payne repite en Nebraska muchas constantes, en personajes, en temas, e incluso en estructura –como sucedía en Entre copas, aquí también nos vamos a encontrar con una escena básicamente cómica sobre la recuperación de un objeto–. Sin embargo,  la decisión formal de meter el formato 2.35 a saco y cristalizar junto al director de fotografía Phedon Papamichael las imágenes del estado en blanco y negro, termina por expandir sus ideas (en particular sobre la familia) a un enorme lienzo que abarca el último medio siglo de historia de Estados Unidos, proporcionando grandeza a todo el conjunto hasta que te da la sensación de que Nebraska era el film para el que Alexander Payne se ha preparado toda su vida, con el objetivo de entrar en el Olimpo del Gran Realizador Americano, el gran examen que debía pasar antes de liberarse. Quienes queráis nombrar: Ford. Schatzberg. Scorsese. Los Coen. Spielberg. Zemeckis. Todo gran realizador estadounidense tiene bajo el brazo una gran película sobre el alma de Estados Unidos. Hoy, la hora de Payne por fin ha llegado.

Este clásico contemporáneeo se exhibe el 13 de enero en los Sábados Selectos del Cinecelarg3. A las 2:00 pm. Entreda libre.

NEBRASKA (tulo original). EEUU, 2013, 115 minutos. Dirección: Alexander Payne. Guion: Bob Nelson. Fotografía: Phedon Papamichael. Música: Mark Orton. Reparto: Bruce Dern,  Will Forte,  Stacy Keach,  Bob Odenkirk,  June Squibb,  Missy Doty, Kevin Kunkel,  Angela McEwan,  Melinda Simonsen. Productora: Bona Fide Productions.

Reconocimientos

  • 2013: Oscars: 6 nominaciones, incluyendo mejor película y director
  • 2013: Globos de Oro: 5 nominaciones, incluyendo mejor película y director
  • 2013: Festival de Cannes: Mejor actor (Bruce Dern)
  • 2013: Premios BAFTA: 3 nominaciones, incluyendo Mejor actor (Bruce Dern)
  • 2013: Círculo de Críticos de Nueva York: Nom. Mejor actriz sec. (Squibb) y fotografía
  • 2013: Critics Choice: 6 nominaciones, incluyendo Mejor película
  • 2013: National Board of Review (NBR): Top 10, mejor actor y actor sec.
  • 2013: American Film Institute: Top 10 – Mejores películas del año
  • 2013: Premios Independent Spirit: Mejor guión novel. 6 nominaciones
  • 2013: Satellite Awards: Mejor actriz secundaria (June Squibb) 2 nominaciones
  • 2013: Sindicato de Productores (PGA): Nominada a Mejor película
  • 2013: Sindicato de Guionistas (WGA): Nominada a Mejor guión original
  • 2013: Sindicato de Actores (SAG): Nom. actor (Dern) y actriz sec. (Squibb)
  • 2013: Asociación de Críticos de Chicago: 3 nominaciones incl. Mejor actor (Dern)

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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