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Maya Plisétskaya LA ‘PRIMA BALLERINA ASSOLUTA’ RUSA, por Antonio García Ponce

Maya Plisetskaya en Carmen-Suite
Maya Plisétskaya en su celebre ‘Carmen Suite’. Tras la desaparición de la URSS este ballet se ha presentado en 350 ocasiones, 132 de ellas en el teatro Bolshoi.

Maya Mijáilovna Plisétskaya nació en Moscú en noviembre de 1925. Figura en la cumbre de las bailarinas del ballet ruso del teatro Bolshoi, al lado de Galina Ulánova. Empezó a bailar a la edad de tres años en la Escuela de Danza de Moscú. Cuando tenía 13 años sufrió la pérdida de su padre, Mijaíl Plisetsky, ejecutado por orden de Stalin. Su madre, la actriz Rajil Messerer, judía, fue deportada a un campo de concentración del Gulag.

A pesar de tales avatares, Maya ingresa a los 18 años en la escuela del Bolshoi, por medio de la compañía de sus tíos bailarines, los hermanos Asaf y Sulamith Messerer. Pronto, se convierte en primera bailarina. Su actuación en El lago de los cisnes, de Chaikovsky y en La muerte del cisne, del ballet Carnaval de los Animales, de Camille Saint Saëns, y su carisma, sus saltos imposibles y su dramático estilo de bailar (al decir de Sandra Ferrer Valero) la hacen famosa en la URSS y a escala internacional.

Sin embargo, la policía secreta constantemente la vigila, a causa de sus opiniones rotundas en contra del formalismo, y por la suerte corrida por sus padres. Su pasión era bailar.

Después de varios años de veto, emprendió giras internacionales. Visitó Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Italia (aquí fue directora del Ballet de la Ópera de Roma), Argentina (Teatro Colón y Teatro Juan de Vera, en Corrientes, Buenos Aires), y España, donde dirigió la Compañía Nacional de Danza.

Su pecado como bailarina fue el haber roto la rutina soviética, al incorporar danza moderna y trabajar con coreógrafos extranjeros tales como Alberto Alonso, Maurice Béjart y Roland Petit. Cansada de interpretar lo que el programa del Bolshoi ofrecía, se atrevió a crear una nueva pieza, basada en la ópera Carmen, libreto de Prosper Merimée y música de Georges Bizet. Le pidió al compositor Dmitri Shostakóvich que le escribiera la música, pero este se negó (“Le tengo miedo a Bizet”, dijo). Pero cuando acudió en 1966 junto con su madre a una presentación del Ballet Nacional de Cuba quedó encantada con la coreografía que desplegaba Alberto Alonso (quien, por cierto, años después abandonó Cuba hastiado de la dictadura castrista y se asiló en Miami). Alonso aceptó. De inmediato, Maya fue al despacho de la ministra de Cultura Ekaterina Fúrtseva a pedirle que invitaran a Alonso a Moscú. La ministra le concedió visa por un mes.

La música la hará el marido de Maya, Rodión Schedrin. Bajo el nombre de Carmen Suite se monta en el teatro Bolshoi el 20 de abril de 1967. Entusiasmo de los músicos y bailarines, pero un público se muestra frío ante las novedades que presenta el ballet: no había fouttés, ni grupos en círculo, ni chaînes. Para la segunda función, que sería dos días después, la ministra Fúrtseva empieza a poner objeciones:

―Cambia el traje. Usa una falda. Tápate los muslos desnudos. Estamos en el teatro Bolshoi, camaradas.

Hubo que hacer algunas modificaciones. Por ejemplo, se redujo el adagio amoroso (que tenía un arabesque erótico, con la pierna de Carmen ciñendo la cadera de José, más el gran écart: el beso).

En los días siguientes fue aumentando el público, y un empresario canadiense le ofreció un contrato para que durante la gira montara ese ballet en la Expo-67 de Canadá. Maya es convocada a una reunión para tratar el asunto. La ministra le pide a Maya que reconozca los errores que se cometen en Carmen, y que retire ese ballet del repertorio para Canadá por ser una obra inmadura. He aquí, entonces, el diálogo entre la ministra y la artista:

Maya: Si no es con Carmen no viajaré a Canadá.

Fúrtseva: Su Carmen Suite morirá.

Maya: Carmen morirá cuando yo muera.

Fúrtseva: ¿A dónde va a parar el teatro Bolshoi si empieza a presentar esos espectáculos tan formalistas?

Fúrtseva (roja de la ira): Chulaki, di algo (Mijail Chulaki es el director del Bolshoi).

Chulaki responde que ha tenido que tomar dos pastillas para poder estar callado. Apenas balbucea que el ballet no está del todo mal, que hay escenas interesantes.

Fúrtseva: Ustedes (Maya, Schedrin, Chulaki) han hecho de la heroína del pueblo español una mujer de conducta fácil.

Maya: No iré a Canadá.

Fúrtseva: ¿Es un ultimátum?

Maya: Sí.

Fúrtseva (mucho más descompuesta): Maya es un elemento inconsciente, pero usted, Schedrin, es miembro del Partido.

Schedrin: No, no soy.

Fúrtseva: Usted, Maya, es una traidora al ballet clásico.

En lo adelante, la Plisetskaya emite numerosas críticas al régimen. “No soy una monja del Bolshoi”. “El ballet moderno está prohibido en la Unión Soviética, porque es contrario al realismo socialista. En los regímenes totalitarios han preferido siempre el puritanismo, probablemente porque el erotismo y la pasión ocultan algo incontrolable”.

Y su marido no se queda atrás. A un periodista que le pregunta cómo soportaron tanto control policial, responde que al ser esposo de Maya era lógica la vigilancia, y agrega:

―Mi mujer siempre fue, para ellos, una revolucionaria. Durante seis años tuvimos al KGB detrás, las 24 horas, como si fuéramos espías.

Y Maya añadía:

―Tenían miedo de que me escapara y emigrara, porque me consideraban la ‘diva del Bolshoi’, y pensaban que me podía instalar en Occidente. Para evitarlo, nunca nos dejaron salir juntos. Pero entonces, todo el mundo tenía problemas. Ese paraíso que nos vendieron ya se ha visto en qué quedó.

Vino entonces la Perestroika. En febrero de 1987, aceptó la dirección del Ballet Clásico Nacional de España y estuvo al frente hasta 1990. Se le concedió en 1993 la ciudadanía española. Y, luego del derrumbe de la URSS, fundó en 1994 el Ballet Imperial Ruso. Ese mismo año presentó en Moscú sus memorias con el título Yo, Maya Plisetskaya, traducidas a catorce idiomas. Y su obra preferida, Carmen Suite, se ha presentado en 350 ocasiones, 132 de ellas en el teatro Bolshoi.

Murió el 2 de mayo de 2015 en Múnich, Alemania, de un infarto, a la edad de 89 años.

Fuentes consultadas

Yo, Maya Plisetskaya. Maya Plisetskaya. Donostia-San Sebastián: Editorial Nerea, S. A., 2006.

Rodion Shchedrin-Maya Plitsetskaya. Luis G. Iberni, en El Cultural. Internet. 05/02/2004.

Mujeres en la Historia. Sandra Ferrer Valero. Internet.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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