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Más fuerte que el destino HEROICIDAD IMPUESTA, por José Martín León

Más fuerte que el destino
Jeff no se siente ni heroico ni especial por lo que le sucedió y le cuesta estar a la altura de lo que los demás esperan de él.

Hace solo unos meses que Día de patriotas (Peter Berg, 2016) nos ofreció una impactante reconstrucción del atentado de la Maratón de Boston, acontecido el 15 de abril de 2013 y que acabó con la vida de tres personas y causó 282 heridos, centrándose en la investigación policial que se llevó a cabo por toda la ciudad, culminando con la detención de un sospechoso y la muerte de otro.

Ahora, otro título viene a unirse a esta particular revisión de un triste episodio que dejó consternado a Estados Unidos. Se trata de Stronger (2017), una cinta de carácter mucho más intimista, que, a diferencia de la película de Berg, bastante más enfocada hacia el espectáculo, se centra en mostrar las consecuencias que una tragedia de semejantes dimensiones tuvo sobre sus víctimas. Para ello, el director David Gordon Green –un tipo que lo mismo es capaz de facturar una comedia gamberra como Superfumados (2008), que de arrancar del inefable Nicolas Cage su mejor interpretación en muchos años en la excelente Joe (2013)– y el guionista John Pollono, se han puesto al servicio de las memorias de uno de los supervivientes de la explosión de las bombas, Jeff Bauman, coescritas junto a Bret Witter, para contarnos otra de esas inspiradoras historias de superación personal que tanto gustan al público norteamericano.

Jake Gyllenhaal, magnífico actor al que el ansiado Oscar, ese que supone el colofón final para cualquier estrella que se precie, se le lleva resistiendo desde que obtuviera su única nominación por Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005), tiene aquí una oprtunidad perfecta para entrar en la terna de competidores por el premio de interpretación masculina de 2017, después de que brillantes trabajos suyos como los de Enemy (Denis Villeneuve, 2013), Nightcrawler (Dan Gilroy, 2014) o Animales nocturnos (Tom Ford, 2016) fuesen injustamente ninguneados por la Academia de Hollywood. Su encarnación de Bauman es, a todas luces, impecable, lo más remarcable de la película.

Para que un vehículo dramático de este calibre funcione, es necesario un personaje protagonista con el que el público se pueda identificar con facilidad y no cabe duda que Stronger lo tiene. El Jeff Bauman de Gyllenhaal es un chico normal y corriente, trabajador y de clase social humilde, con una familia, más que disfuncional, un tanto caótica, en la que todos sus miembros beben, vociferan y son malhablados, pero que, cuando la ocasión lo requiere, funcionan como una auténtica piña. Un tipo cercano y optimista por naturaleza con el que es imposible no empatizar, que no podía imaginar cómo iba a cambiar su vida aquel día en el que asistió como espectador a una maratón en la que corría su novia Erin. La explosión de las bombas le arrebató sus dos piernas, por lo que tuvo que comenzar desde cero, adaptándose a su nueva situación de discapacitado físico y lidiando con una condición de héroe nacional –ayudó a la policía con su testimonio sobre las identidades de los terroristas– que le llegó, de la noche a la mañana, convirtiéndole en figura recurrente en todo tipo de eventos deportivos o sociales donde su presencia era aplaudida por millones de estadounidenses que veían en él un ejemplo de superación. La cinta muestra con gran acierto la confusión que esta circunstancia crea en su protagonista, con una visión de la fama efímera (no buscada ni, mucho menos, deseada) lograda a raíz de una experiencia traumática que hermana a este filme con aquella Billy Lynn (Ang Lee, 2016) protagonizada por los jóvenes “héroes” de la guerra de Irak. Jeff no se siente ni heroico ni especial por lo que le sucedió y le cuesta estar a la altura de lo que los demás esperan de él. En este sentido, hay que aplaudir al guionista John Pollono por no limitarse a idealizar al personaje, mostrándonos sus luces y sombras; los progresos en su recuperación y superación del trauma y, también, sus momentos de flaqueza, aquellos en los que caía en la autocompasión y apartaba de su lado a las personas que más le querían, entre ellas su abnegada novia.

Las excelentes actuaciones de sus protagonistas y los interesantes apuntes sobre la facilidad con la que los medios de comunicación crean ídolos de barro y las dificultades de estas nuevas celebrities para digerir los daños colaterales de la popularidad, elevan lo suficiente el nivel de un producto rodado con más oficio que ambición.

Precisamente, es en el delicado trazo con el que Stronger dibuja la historia de amor entre Jeff y Erin donde el filme alcanza sus pasajes más auténticos. Si Gyllenhaal lidia con el rol más lúcido (de cara a presumibles nominaciones) del reparto, teniendo que aparecer sin piernas –cabe destacar el excelente trabajo de efectos especiales que hacen posibles estas desgarradoras escenas– durante la mayor parte del metraje, casi tiene más mérito el trabajo de Tatiana Maslany. La actriz de Orphan Black ofrece una interpretación muy natural y emotiva, alcanzando una gran química con su compañero de reparto que hace que sus escenas más íntimas sean absolutamente genuinas. Más burdo es, en cambio, el tratamiento que se da a los secundarios, sobre todo a los familiares de Jeff, obcecados en sacar tajada de su desgracia, a pesar de que la gran Miranda Richardson esté formidable como la madre alcohólica y cegada por la fama de su hijo –impagable su empeño en aparecer en el programa de Oprah Winfrey, a la que considera casi una diosa–, encantada con la desmesurada atención que los medios prestan a su caso.

Stronger es una película honesta, que funciona mucho mejor como retrato costumbrista que como drama de superación (en este sentido es muy previsible), y que sabe contener los excesos melodramáticos durante la mayor parte de su trayecto, aunque en el tramo final sí incurre en facilones recursos para arrancar lágrimas, como ese hincapié en la figura del (auténtico) héroe de la historia, Carlos, el hombre que salvó la vida de Jeff y que arrastra un terrible pasado marcado por la pérdida de dos hijos. En líneas generales, las excelentes actuaciones de sus protagonistas y los interesantes apuntes sobre la facilidad con la que los medios de comunicación crean ídolos de barro y las dificultades de estas nuevas celebrities para digerir los daños colaterales de la popularidad, elevan lo suficiente el nivel de un producto rodado con más oficio que ambición, con una falta de estilo y verdadera personalidad más propios de cualquier telefilme de sobremesa (de calidad, eso sí) que a, por poner un ejemplo, De óxido y hueso (Jacques Audiard, 2012), otra historia de amor con discapacidades de por medio que ejemplificaría la brillantez y el riesgo creativo de los que carece Stranger. La diferencia entre cine de autor y el independiente con alma de mainstream. | ★★★ |

MÁS FUERTE QUE EL DESTINO (Stronger) EEUU, 2017. Direccioón: David Gordon Green. Guion: John Pollono sobre la novela de Jeff Bauman. Productores: Jake Gyllenhaal, Todd Lieberman, David Hoberman, Michael Litvak, Scott Silver. Fotografía: Sean Bobbitt. Música: Michael Brook. Montaje: Dylan Tichenor. Dirección artística: Paul Richards. Reparto: Jake Gyllenhaal, Tatiana Maslany, Miranda Richardson, Richard Lane Jr., Nate Richman, Lenny Clarke, Patty O’Neill, Clancy Brown, Carlos Sanz, Frankie Shaw.
Publicado originalmente en https://www.elantepenultimomohicano.com

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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