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María Fernada Ferro NOS ABATE LA TRISTEZA, NOS DEJA CASI MUDOS, ENSIMISMADOS, por Carlos Sánchez Torrealba

María Fernanda Ferro
No hay muchas palabras para poder agradecerle su paso por nosotros.

La muerte es una impertinencia

Más aún cuando viene por alguien joven, cuando viene entre violencias impunes y descabelladas a llevarnos latidos valiosos que, de un corazón y otro, nos desgajan de tanta gente buena entre tanto perro suelto y rabioso.

Además, es una contradicción celebrar domingo de ramos y se nos vaya alguien tan querido por la madrugada… entonces la muerte es más impertinente aún

Los heraldos negros… Vallejo… Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

Aturdidos, nos miramos adentro, muy adentro y también al horizonte… al que ha quedado atrás y al del por-venir y las palabras son pocas… ¡Ah, malaya, quisiera uno un buen paso de sanseacabó y todo lo malo se fuera y no muriera más nadie bueno y querido!

Nandita, buena y querida…

Era una niña cuando ingresó al grupo. Era la más pequeña de todos quienes entonces ya soñábamos y trabajábamos entregando la vida en el escenario teatral, en el cine, en las artes, en el gran teatro del mundo… Aunque menuda, siempre impresionó bellamente al subirse en el escenario y crecerse con cada interpretación. Sus dones y sus risas, su corazón, su curiosidad y sus intuiciones, su capacidad de riesgo, sus pasiones y las sucesivas veces que encarnó algún personaje siempre la llevaron a más. Así en el Teatro como en la vida toda. El Teatro de Arte fue placenta, alumbramiento, cuna y piso que la sostuvo en su acelerada, en su emotiva y emocionada vida artística. Su gracia, su alegría de vivir y sus maneras fueron labrando un cauce propio, fluido vital. Lo que aprendió, lo pasó siempre y muy generosamente a quienes venían a verla y a formarse con ella. La noche oscura de las salas de cine también la acogió como un poderoso lucero inevitable de mirar. Sus reflexiones sobre el teatro y nuestro país la hicieron inventar acciones inolvidables por excéntricas que fueran. Siempre quiso más y amó la vida, este tránsito corto y duro que hoy la suelta. No hay muchas palabras para poder agradecerle su paso por nosotros.

Hasta siempre, Nandita…

EL futuro es espacio,
espacio color de tierra,
color de nube,
color de agua, de aire,
espacio negro para muchos sueños,
espacio blanco para toda la nieve,
para toda la música.

Atrás quedó el amor desesperado
que no tenía sitio para un beso,
hay lugar para todos en el bosque,
en la calle, en la casa,
hay sitio subterráneo y submarino,
qué placer es hallar por fin,
subiendo
un planeta vacío,
grandes estrellas claras como el vodka
tan transparentes y deshabitadas,
y allí llegar con el primer teléfono
para que hablen más tarde tantos hombres
de sus enfermedades.

Lo importante es apenas divisarse,
gritar desde una dura cordillera
y ver en la otra punta
los pies de una mujer recién llegada.

Adelante, salgamos
del río sofocante
en que con otros peces navegamos
desde el alba a la noche migratoria.
y ahora en este espacio descubierto
volemos a la pura soledad.

 

Pablo Neruda

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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