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Lo que no tiene nombre LA AUTENTICIDAD DEL DOLOR, por Alfonso Molina

Piedad Bonnett 1
Piedad Bonnett se mueve entre la fuerza del testimonio y las técnicas de la novela para confeccionar un relato corto, intenso y muy particular sobre el sentimiento trágico de la vida. 

Libro originado en el dolor, la frustración y, sobre todo, en la necesidad de comprender y compartir una experiencia íntima, dramática e irreversible, Lo que no tiene nombre se lee «hacia adentro», si se me permite esta expresión. Encuentro una narración introspectiva y una confesión ante el espejo interno formuladas por una mujer en torno al suicidio de su hijo en mayo de 2011, a los 28 años de edad, en la ciudad de Nueva York. Piedad Bonnett, novelista, poeta, dramaturga y ensayista colombiana, de amplia y celebrada trayectoria, se mueve entre la fuerza del testimonio y las técnicas de la novela para confeccionar un relato corto, intenso y muy particular sobre el sentimiento trágico de la vida a través del proceso de deterioro de Daniel, un muchacho con talento para la pintura y con una grave deficiencia de esquizofrenia afectiva. Se lanzó desde un quinto piso. Editado por Alfaguara Colombia en febrero de 2013, el texto se convirtió en una referencia fundamental. Lo compré en la librería Lerner de Bogotá en diciembre pasado, cuando ya se había convertido en uno de los libros del año. Lo leí de un tirón, en silencio, sin atreverme a levantar la voz. Lo aprehendí con admiración, no sólo hacia las cualidades narrativas de su autora sino especialmente hacia su fortaleza como madre y ser humano.

Autora de cinco novelas, ocho volúmenes de poesía, cinco obras de teatro y cinco ensayos literarios, Bonnett posee la destreza derivada de la experiencia personal y de la reflexión más allá de los hechos. Esta pericia se aprecia en un texto sin subterfugios ni tretas estilísticas. Una narración muy limpia, directa, de gran economía de recursos. No pretende sorprender, mucho menos engañar a nadie. Desde el principio el lector sabe cuál es la historia. No hay sorpresas. Lo importante de Lo que no tiene nombre reside en la autenticidad del dolor, asumido no como una penalidad de la vida, bajo la cizaña de la culpa, ni como una necesidad terapéutica de una madre, en un afán de superar su tragedia, sino como una forma de comprender un tema muy difícil de comentar, escribir y compartir.

Bonnett no describe su duelo, lo narra. Lo pone en perspectiva, siempre en primera persona. Ella observa, recuerda y define los momentos y personajes alrededor de su hijo: el psiquiatra, sus hermanas, las ex novias, los amigos, su esposo y padre de Daniel, ella misma como madre y confidente. En este conjunto humano, complejo y heterogéneo, destaca la personalidad del muchacho. Inteligente, sensible, generoso, comprensivo. Conoce su destino, no lo evade, a  pesar de los deseos de su madre, su padre y de toda su gente querida. Sus pinturas, su diario, sus confesiones e incluso sus omisiones conforman un fresco de sus sentimientos y angustias. Él es el centro de esta trama de la vida real, novelada pero no de ficción.

Escrito y reescrito en diez versiones y en apenas seis meses, Lo que no tiene nombre abrió un sendero en el campo de la literatura testimonial. No es un caso único, desde luego, pero expone un sentido muy particular de esa vivencia. Ese tono desde y hacia adentro del alma de una mujer y madre perfila una visión terrible pero inevitable. De todas partes del mundo llueven cartas a Bonnett solicitando consejos, manifestando solidaridad, demostrando la fuerza transformadora del dolor y la pérdida.

Curiosamente, dos años antes, en la misma librería Lerner de Bogotá, yo había comprado La luz difícil, también editada por Alfaguara Colombia, excelente novela de Tomás González, escritor antioqueño muy respetado, quien narra la experiencia trágica de David, un pintor colombiano en Nueva York: un accidente de tráfico ha dejado a su hijo Jacobo en estado parapléjico y con dolores tan fuertes que le hacen la vida insoportable. David asiste a la decisión de su hijo de quitarse la vida en un lugar de los EEUU, como producto de un proceso desgarrador. Otra novela descollante sobre un tema «que no tiene nombre».

LO QUE NO TIENE NOMBRE, de Pilar Bonnett. Alfaguara, Literatura Hispánica, Bogotá, 2013. 153 páginas.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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