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Letras MEMORIAS DEL PADRE

Oscar Marcano 1
Oscar Marcano transita un camino doloroso en su novela

Recorrí varias librerías en distintos momentos desde 2007 hasta que hace poco mi hermano Trino Márquez me hizo  llegar un ejemplar de Puntos de sutura, novela del venezolano Oscar Marcano —editada en la colección Biblioteca Breve de Seix Barral en 2007— que rememora y reconstruye la relación de padre e hijo desde la perspectiva del desencuentro, por una parte, y de la destrucción del mito, por la otra. Tenía tiempo solicitándosela a mis libreros de confianza. Sobre todo por mis recuerdos de Sólo quiero que amanezca.  En su nuevo trabajo narrativo, el autor guaireño de 51 años parece saldar una vieja deuda afectiva asumiendo la voz de Antenore Gabbani, quien confiesa de entrada, en el primer párrafo y sin muchos ambages: “Antes de suicidarse, mi padre me trajo a esta playa. Lucía demacrado, llevaba una barba roja graneada en canas y vestía una chaqueta de cuero. Parecía un gambusino”. Su padre, Alfonso Gabbino, trata de explicar o más bien justificar su vida ante un hijo que observa, hace comentarios colaterales y percibe la fuerza inexorable del final. Marcano no pretende establecer sorpresas ni jugar al suspenso. Busca diseccionar una relación sumida en la incomprensión y el dolor, hasta un final marcado por la muerte —ya la había anunciado— con el suave aura de la paz y de los ojos que hurgan en la memoria. Quedan las cicatrices de lo que fue una herida abierta. Y quedan las ganas de seguir leyendo.

Si en el volumen de cuentos Sólo quiero que amanezca (del mismo sello literario de la Editorial Planeta Venezolana, 2002), Marcano propuso una visión fragmentada en 22 cuentos que comparten entre sí la actitud errática de sus personajes, en Puntos de sutura concentra la visión en Alfonso y Antenore a partir de un encuentro en una playa del Caribe, la misma que permanecerá hasta el final como el espacio reconocible  por ambos.  Uno y otro  personajes delimitan periféricamente la historia pero no la despojan de su riqueza interior ni de otros personajes y otros lugares del planeta. Más bien enriquece la apreciación de Alfonso desde las ópticas de Ruth, de Consuelo y aun de Sayegh y de otros. O desde las memorias de La Guaira, Nueva York o Sabana Grande como los espacios donde se cruzan las diferentes vidas del padre. Que pueden ser la única vida de Alfonso, ante los ojos y los oídos de Antenore. Todo es un recuerdo, una mirada lejana. Porque se narra desde el futuro, a ciertos años del deslave de Vargas, para referirse al pasado, especialmente a los años ochenta. Resulta curioso que los dos tiempos fundamentales de la novela sean el pasado y el futuro. No existe el presente.

Al final de una lectura galopante surge el sabor agridulce del afecto y la ausencia. A pesar de muchas frases contradictorias y de algunos rodeos semánticos, Antenore rescata la herencia de su padre, no en el campo del dinero —“No dejó dinero. Con todo lo que vivió, tu padre nunca supo distinguir entre un cheque y una mano de cambur”, proclama una tía— sino en el terreno de la creación, de la escritura, del discurso literario, de la poesía. Alfonso representa una generación ganada por la deliciosa irresponsabilidad de la vida y del arte. Antenore encarna la generación que extrañó a sus padres sin las explicaciones que podrían dar la vida y el arte. Bien valen las vieras en mantequilla blanca como las confesiones de una Janis que quiere ser Joplin.

Las referencias a Sófocles, Giacometti, Kafka y otros creadores se convierten en marco teórico de una apuesta definida por el amor y la distancia entre un padre y su hijo. Antenore comienza reprochando íntimamente a Alfonso para concluir en el homenaje de su recuerdo. El divorcio, el “exilio”, la ausencia y otros rasgos definitorios son los que marcan el tono de la novela. El estilo narrativo de Marcano en Puntos de sutura se desplaza de la cotidianidad a lo trascendente —al estilo de sus cuentos de Sólo quiero que amanezca— de una manera limpia, precisa, sin ornamentos, que celebro al final de la lectura. Lamentablemente no he leído Sonata para un avestruz ni Cuartel de invierno, piezas previas de Marcano. Tal vez algún librero amigo los ubique en algún rincón.

PUNTOS DE SUTURA. Oscar Marcano. Editorial Planeta Venezolana, 2007. Seix Barral. 263 páginas

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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