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Letras ESTUDIO DE LA VIVEZA CRIOLLA

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Presentado a principios de este año, el más reciente libro de Axel Capriles propone la confirmación de una sospecha compartida y evadida por casi todos: los venezolanos aspiramos a ser unos pillos redomados sin avergonzarnos de ello. No tenemos sentimiento de culpa. Por el contrario, admiramos al pícaro, al “avión”, a quien gana en cualquier ocasión sin esfuerzos ni competencia. La picardía del venezolano o el triunfo de Tío Conejo conforma la argumentación teórica de un rasgo determinante de nuestra conducta colectiva, asumido ese rasgo desde una perspectiva individual. El vivo siempre actúa a partir de su especificidad con la cómplice aprobación del conjunto de una sociedad. En esa sustentación conceptual e histórica reside el gran atractivo de este conjunto de textos que se lee con avidez, con certeza y, a ratos, con vergüenza.

Psicólogo y profesor universitario de la UCAB formado en el campo jungiano —con diploma del C.G. Jung-Institut de Zurich— y con un doctorado en Ciencias Económicas, Capriles parte de una visión crítica de la Venezuela de hoy para remontarse a la fábula criolla de Tío Conejo como personaje que vive y sobrevive gracias a su astucia y su ingenio frente a la fuerza o la letalidad de Tío Tigre o Tía Culebra. Del pequeño héroe forjado por Francisco Tamayo, Antonio Arráiz y Carlos Cruz Díez en la revista Tricolor —fundada por Augusto Mijares en 1948— surge la figura del embaucador, del pícaro, del vivo, del que suele traspasar la frontera de la legalidad para convertirse en delincuente. Los españoles hablan de un “tío listo” cuando identifican a alguien con destreza para el arribismo, el engaño o para estar bien conectado con los centros del poder. Aunque, en rigor, esta viveza no es exclusiva de los venezolanos —colombianos, cubanos, argentinos, mexicanos tienen sus pícaros— y ni siquiera de los españoles, sino de la latinidad extendida en el planeta, que comparte su origen con la cultura francesa y la italiana frente a la pretendida austeridad y apego al trabajo de los sajones. Cosa también discutible, por cierto. Baste recordar y releer el pìcaro Tom Jones de Henry Fielding.

El personaje contrario al vivo es el bolsa, otra expresión venezolana de profunda carga semántica que se utiliza para caracterizar al tonto y al don nadie. Lo curioso es que el bolsa es quien trabaja, respeta las leyes, acepta un ordenamiento jurídico y mantiene una conducta como  buen ciudadano. Emparentada con el libro de Capriles se halla la película de Efterpi Charalambides Libertador Morales, el justiciero —actualmente en cartelera— cuyo héroe es un ex policía convertido en mototaxista que además de recitar y comprender ciertas frases de Bolívar es incapaz de cruzar la calle con un semáforo en rojo ni de aceptar las malandrerías de un policía corrupto. Lo curioso consiste en que un buen ciudadano que cree en la justicia, la solidaridad y la igualdad entre los seres humanos es considerado un bicho raro, un bolsa, un tonto. Tanto el libro de Capriles como la película de Charalambidis coinciden en sus apreciaciones sobre la crisis de valores ciudadanos que arrastramos desde hace décadas.

Pero más allá del origen del pícaro en nuestra conducta colectiva e individual como país —muy bien argumentada por el autor, quien comparte algunas consideraciones muy interesantes, algunas desconocidas y otras que incitan a la sonrisa autocrítica— se encuentra la  comprensión del caudillismo y el autoritarismo como extensión de la viveza criolla. La condición anárquica del vivo se inscribe en un orden que no sólo la permite sino la estimula para garantizar su permanencia en el poder. Tanto en la complicada estructura de la permisología burocrática como en la manifestación laberíntica de la corrupción de las últimas cuatro décadas —incluida la “revolucionaría” que padecemos hoy— se halla la semilla de la picardía como conducta aprobada colectivamente. Si bien es cierto que la corrupción se expresa mundialmente en sociedades muy disímiles, todas coinciden en la fragilidad de las instituciones, la ausencia de controles y la fortaleza del “modelo ideológico”, aunque esto es una opinión mía estimulada por el texto de Capriles.

La picardía del venezolano o el triunfo de Tío Conejo se construye como el análisis de una paradoja histórica que es aceptada en nuestra conducta como nación sin estar refrendada por las leyes o las consideraciones éticas. Somos un país de verdaderos tontos que aceptamos el dominio de los vivos.

LA PICARDÍA DEL VENEZOLANO O EL TRIUNFO DE TÍO CONEJO, de Axel Capriles. Sello editorial Tauros, colección Pensamiento, Editorial Santillana, Caracas, 2008.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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