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Lecciones de la historia DESNUDO CON LA BIBLIA, por Edgar de Jesús González

Desnudo con la Biblia
No pudo estar mejor representada la indefensión y el propósito civilizatorio de su arriesgado y noble gesto.

Las características esenciales de toda dictadura son, primero, la permanente violación del marco legal o la modificación de las leyes para adaptarlas a sus objetivos y procedimientos, dándole falsa legitimidad a sus arbitrarias ejecutorias. Segundo, la falta de independencia y probidad en los poderes, que actúan en coordinación con el ejecutivo, del que siguen directrices. Tercero, la brutal y constante represión —pasiva y activa— mediante diversos esquemas, estableciendo un terrorismo de Estado que reduce considerablemente o paraliza la disidencia. Cuarto, la substitución de los procesos de participación electoral libre, universal, confiable, directa y secreta, propios de las genuinas democracias, por mecanismos que sólo permiten participar a quienes se identifican con el régimen, conmilitantes controlados por la maquinaria del oficialismo, la Nomenklatura, una élite cuyas decisiones reciben el apoyo acrítico de esa porción de la población que usurpa la representatividad de la totalidad del pueblo. Los cuatro factores trabajan sincronizada y complementariamente, ofreciendo una fachada engañosamente democrática, usada y difundida por los grupos y regímenes que comparten ese proyecto autoritario o totalitario.

Eso explica que las aberraciones y crímenes en la URSS y sus países satélites, en la China maoísta, en la Camboya polpotiana, en la Alemania nazi, en la Italia fascista, y en regímenes que en numerosos países del resto del planeta aplicaron esquemas dictatoriales similares, hayan contado con simpatías y el respaldo entusiasta de grandes conglomerados y personajes importantes, que se dejaron influenciar por los discursos y las propuestas, en lugar de juzgar las praxis concretas. Joseph Kennedy, Henry Ford, Charles Lindbergh, famosos e influyentes, apoyaron a Hitler hasta que fue demasiado evidente su locura y su propósito de someter al mundo entero. Neruda le dedicó una Oda a Stalin, Sartre y Bouvier se fascinaron con Fidel. Lo más absurdo es que hoy encontramos neonazis, neocomunistas, neofascistas, que reivindican a los criminales y se proponen proseguir sus empeños por imponerle al mundo aquellos criminales proyectos totalitarios.

En Venezuela, desde febrero de 1999, se instaló uno de esos intentos restauradores, que se llamó ‘socialismo del siglo 21’, precisamente para ocultar su real condición de ramal del nefasto estalinismo del siglo 20 (con directa conexión a su versión cubana, la dictadura ineficaz y represiva de la que son lacayos la absoluta mayoría de los chavistas). Gradualmente han ido reduciendo la institucionalidad y las libertades, modificando o violando descaradamente las leyes, corrompiendo a las FFAA para obligarlas a sostener al régimen a cambio de lucro e impunidad, rotando a los personeros militares y civiles en los cargos decisivos —aunque pregonan que “el pueblo protagoniza y participa”—, la criminalización de la disidencia ha ido in crescendo, la arbitrariedad y la infamia son la base de las detenciones, los juicios, las sentencias a opositores. Reprimen con brutalidad las actividades con las que la ciudadanía manifiesta su rechazo a la sistemática destrucción del país —en ejercicio de derechos consagrados en la Constitución (de libre tránsito y expresión), hasta llegar al extremo de irrespetar la mayoritaria decisión del pueblo venezolano de elegir un Poder Legislativo con mayoría calificada de opositores (6-D-15), mediante 58 sentencias del TSJ destinadas a anular todas las actuaciones de la nueva AN (que incluyeron señalar la ilegitimidad de los “magistrados” de ese TSJ, cuyos nombramientos no cumplieron los lapsos ni los requisitos académicos y profesionales que establece el marco legal que los rige), con 4 últimas sentencias que abiertamente declaran el carácter antidemocrático del régimen, al “ordenarle” a Maduro (que tampoco tiene legitimidad de origen —no es venezolano por nacimiento y cometió fraude en la elección presidencial— ni de ejercicio —maneja los poderes judicial, electoral, contralor y defensor, y desconoce al poder legislativo—, todo ello en abierta violación constitucional. Como fue incluso reconocido por la Fiscalía General de la Nación (y lo evidencian todas las actuaciones del régimen, en especial durante los cuatro recientes años), ser plenipotenciario, que su bufete TSJ ¡“se encarga” de las funciones de la AN! Ni los cínicos chavistas de Podemos podrían negar que eso es dictadura monda y lironda.

La dictadura venezolana, ensamblada a lo largo de 18 años, tiene una quinta característica, al estilo de las que sometieron a Polonia, Checoeslovaquia, Bulgaria, Rumania, Yugoeslavia, Albania, Hungría y Alemania Oriental, que pasaron a ser colonias del imperio soviético, como botín de guerra a partir del 45. El chavismo le entregó nuestra soberanía a sus amos ideológicos en Cuba, quienes desde 2003 invadieron nuestro país —parte de los mecanismos para demorar el revocatorio, por más de un año, contra el fanfarrón de Sabaneta, a quien ya en abril de 2002 la mayoría le había mostrado su absoluto rechazo— y se encargan de notarías, registros, cédulas y pasaportes, controlan cuarteles y diseñan la propaganda y la represión, por cortesía del socialismo del siglo 21, tan patriótico y bolivariano que no da un paso sin consultar con La Habana. Ni siquiera el criminal régimen de Siria es tan dependiente de Rusia, como el chavismo de Cuba. Así de inédita y vergonzosa es esta sumisión al parásito del Caribe.

Pongamos el énfasis en la brutal represión con la que el régimen militar encabezado por un agente castrista, civil e indocumentado, ha pretendido acallar la creciente protesta del pueblo venezolano, que mayoritariamente demuestra su rechazo al destructivo colectivismo impuesto por el charlatán intergaláctico, con asesoría y respaldo castrista, que a duras penas mantiene el sucesor (elegido por Pamela, a cargo del poder en Cuba desde 2007, pragmátic@ negociante de la reanudación de relaciones con “el imperio” ante la inevitable pérdida de su colonia rica en petróleo. Logró un acuerdo con el saliente Obama, que sólo beneficiaba al castrismo, pero ese acuerdo puede ser revertido por Trump, así que Pamela debe cuidar sus pasos, procurando no molestar al nuevo inquilino de la Casa Blanca, que le puede quitar $u Salvavida$ obámico).

La represión tipo castrista es la aplicación de la violencia del Estado basada en los principios de la propaganda goebbeliana, simplificando al mundo en dos porciones únicas y antagónicas: Buenos y Malos, Blanco y Negro, Ricos y Pobres, Izquierda y Derecha, Patriotas y Apátridas. Ya la narrativa “revolucionaria” se encargó de alienar a sus seguidores con esos patrones (también dogmatizan a los miles de enchufados en la GN y la PN, así como al lumpen organizado en colectivos), de manera que cuando agreden cualquier actividad opositora, los camarados y las camaradas interpretan que “reciben el castigo que merecen” por rechazar las maravillas que ofrece el sistema de beneficencia del colectivismo igualitarista ramplón, por cuestionar las limosnas que reparte el régimen, por criticar el irresponsable aumento en las nóminas de toda institución o empresa a cargo del régimen. Mecanismo que satisface a todos los que —sin ser necesarios, más bien constituir una carga negativa para el funcionamiento de cualquier Ministerio, Gobernación, Alcaldía, ente productivo— abultan la población activa sin aportar trabajo y plusvalía. La receta del fracaso perfecto, que ya muestra sus frutos en Pdvsa, Agropatria, las industrias básicas de Guayana, y todas las tierras y empresas expropiadas por las aves de rapiña rojas rojitas, desvalijadas, abandonadas, o produciendo poco y a pérdida. Una masa alienada, que no ve adversarios sino enemigos, que no tiene objetivos altruistas —libertades, calidad en los servicios, respeto al marco legal y a los diferentes, aprecio por las expresiones culturales civilizadas— sino que se conforma con satisfacer sus necesidades básicas aunque para ello deba desecharse el libre albedrío y rebajar todo al nivel de mediocridad al que está habituada la masa marginal, ignorante y resentida, que apoya las atrocidades que comete el régimen “para evitar que les quiten sus misiones”. Ese esquema de supervivencia patético e insuficiente, con el que se identifican los que ignoran las ventajas de no depender de dádivas y vivir en un contexto genuinamente democrático, donde cada quien se gane el pan con el sudor de su frente, en proporción directa a su preparación y su esfuerzo.

A las categorías elementales de la versión castrista de Goebbels, que a “revolucionario” le oponían el muy degradante “gusano”, el ñangarato criollo le añade los pretendidos insultos de “escuálido, oligarca, burgués, hijo de papá”, pero en este particular momento, cuando el planeta conoció la atrocidad judicial cometida con las cuatro sentencias que obviamente conforman la consolidación del golpe y la formal declaración de dictadura, la estrategia diseñada para contrarrestar la inocultable torpeza, es llamar “violenta y terrorista” a la oposición (reservándose el régimen el monopolio de la paz y el amor), acusando el oficialismo a la ciudadanía que ejerce su derecho a protestar, de intentar dar un golpe (ponen todo al revés).

Los jefes cubanos recomendaron reprimir sin contemplaciones, sembrar el terror en cada ciudadano, agredir a todo el que no forme parte de la minoría que apoya al régimen. Con todos los equipos, funcionarios y colectivos se lanzaron a la tarea de impedir que la ciudadanía se expresara pacífica y democráticamente: Agredieron a manifestantes y a personas ajenas a las marchas, a quienes estaban en las calles y a quienes estaban en sus casas, derrocharon bombas lacrimógenas en una clínica, en un centro comercial, hasta desde un helicóptero. Al joven músico de la Orquesta Juvenil de Chacao, Frederick Pinto, lo sometieron entre ocho policías uniformados, le quitaron su instrumento, lo golpearon, lo llevaron detenido. Una dama fue arrollada tres veces por la misma moto conducida por un aberrado uniformado. A la señora cincuentona e inofensiva que tuvo la valentía de pararse frente a una tanqueta le lanzaron lacrimógenas a corta distancia. A los gemelos Sánchez Ramírez los secuestraron, los torturaron, los obligaron bajo amenaza de matarlos a incriminarse en una confabulación golpista junto con el partido Primero Justicia. Lo denunciaron ante el tribunal, y ni siquiera fue ordenada una investigación al Sebin por las graves acusaciones de torturar a detenidos para forzarlos a confesar en video delitos que no han cometido. Tampoco ha iniciado la Fiscalía averiguaciones en los otros casos de abusos de autoridad y enfermizos excesos.

Hans Wuerich es un joven obviamente romántico e idealista, que harto de la insensata violencia del régimen para impedir que el pueblo se exprese, decidió convertirse en un inequívoco símbolo de la genuina intención de recuperar, por medios pacíficos y legítimos, el hilo constitucional y democrático —la esencia del reclamo opositor—: caminó hacia las tanquetas desnudo, con una biblia en su mano alzada. No pudo estar mejor representada la indefensión y el propósito civilizatorio de su arriesgado y noble gesto. Sin embargo, le dispararon perdigones y —caso de que ocurriera el debido juicio— nos encantaría escuchar los alegatos de quienes agredieron con arma de fuego a este genuino ángel, para justificar su agresión al joven desnudo con un libro. ¿Argumentarán que representaba un peligro para la integridad de la tanqueta, o que en la biblia estaban los pormenores del plan golpista? Yo lo asocié enseguida con otro episodio de patológica agresión a un desvalido; ¿Recuerdan al camillero de la Cruz Roja cubana que le dio golpes, con la mano y con la camilla, a un ciudadano —Andrés Carrión Álvarez— que tuvo el coraje de gritar consignas contra la dictadura, tratando de ser escuchado por el papa Benedicto XVI en Santiago de Cuba? En marzo de 2012, un supuesto paramédico de la Cruz Roja, alguien que está para sanar heridas, no para producirlas, agredió a un hombre sometido e indefenso. Su fanatismo lo forzó a ganarse unos puntos ante la Nomenklatura, que premia toda delación de sapo cooperante, toda agresión de gorila en ciernes contra disidente, el enemigo a exterminar. Lo que motoriza los cobardes ataques de pandillas de mercenarios del régimen castrista, contra las Damas de Blanco, que caminan con la frente en alto y rebosantes de dignidad, para reencontrarse cada semana con sus cobardes verdugos, agredidas por exigir libertad y democracia. Son basura y estorbo los regímenes que agreden a ciudadanos inofensivos que piden respeto a los derechos universales de la Humanidad. En Venezuela y en Cuba, cada día está más cerca ese amanecer de la transición por el que nos esforzamos.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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