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La ilusión constitucional EL ‘CABALLO DE TROYA’ DE LA IZQUIERDA, por Rodrigo Ahumada Durán

Estos son los articuladores de muchas de las asambleas y cabildos que pululan a lo largo de Chile en pro de una Asamblea Constituyente. ¿Qué democracia nos quieren imponer? Los ejemplos están a la vista.

Una de las características que la sociedad chilena comparte con el resto de los países de América Latina, consiste en la ilusión de creer que los grandes cambios sociales y las crisis políticas de un país se resuelven con un cambio de Constitución.

De hecho, resulta abrumador constatar el gran número de constituciones que han deambulado por nuestros pueblos en su corta historia republicana. Muchos de estos cambios se realizaron sin siquiera considerar si esa Carta fundamental había otorgado estabilidad política y paz social a sus respectivos países.

Un caso emblemático lo encontramos en Venezuela, donde la Constitución de 1961, considerada una de las más modernas para su tiempo, inauguró lo que algunos autores llaman el periodo del Estado democrático centralizado de partidos políticos. Desgraciadamente, con la llegada al poder del comandante Hugo Chávez (1999) se puso fin a este periodo histórico y al régimen democrático que lo sustentaba. El factor determinante para lo anterior fue la implementación de una nueva Constitución por la vía de una Asamblea Constituyente promovida y manejada por los ‘agentes del Estado’ o los conocidos ‘revolucionarios profesionales’ (Lenin, ¿Qué hacer?). De este modo, se instauró el año cero de una nueva historia (François Furet), la historia de la República Bolivariana de Venezuela, configurando un Estado Autoritario Centralizado, y finalmente una dictadura bajo el halo del socialismo del siglo XXI (Heinz Dieterich, Marta Harnecker).

Experiencias históricas similares las encontramos en Ecuador bajo el mandato de Rafael Correa (2007-2017), quien nunca imaginó que Lenin Moreno pondría fin a su sueño de convertirse en presidente vitalicio. Otro ejemplo reciente lo tenemos en Bolivia con Evo Morales, quien violentó la soberanía popular expresada en las elecciones del 20 de octubre, tal como lo hizo con el resultado del referendo de febrero de 2016, cuando la mayoría de los bolivianos le dijeron NO a la reelección indefinida. Ese pronunciamiento era vinculante y obligatorio para el mandatario, sin embargo, Evo Morales lo desconoció manipulando al Tribunal Constitucional (Trino Márquez). En los tres casos mencionados fue “la Constituyente” la que permitió crear una Nueva Constitución para instaurar un régimen dictatorial visible o encubierto.

Es a partir de estos hechos históricos que es preciso comprender el llamado de la izquierda chilena a realizar una Asamblea Constituyente, instalando en el imaginario político de la ciudadanía el relato ficcional que sin un cambio de Constitución es imposible resolver los problemas sociales y políticos que nos aquejan. Seamos claros, la Constituyente y el cambio de la Constitución han sido el permanente ‘caballo de Troya’ de la izquierda no democrática de nuestro país, para exaltar las bondades del régimen de Nicolás Maduro o de Evo Morales. Hasta acá no hemos señalado nada nuevo. Lo que es nuevo es el apoyo tácito o explícito que esta idea ha encontrado en representantes de los partidos políticos de la ex Concertación, lo cual resulta, por decir lo menos, paradójico. Tanto la socialdemocracia (PS, PPD y PRSD), como la democracia cristiana, no pueden renunciar hoy día a los principios filosóficos y políticos que fueron claves para el retorno y consolidación de la democracia en Chile. Apoyar la vía recorrida por los populistas y dictadores de América Latina solo conduciría a sepultar lo que hasta ayer juraron defender y promover.

Lo que suelen olvidar los políticos actuales —por su falta de visión, autismo u oportunismo— es el hecho fundamental que la Constitución que hoy nos rige no es la promulgada por Pinochet en 1980, sino la Constitución reformada sustantivamente (2005), por el presidente Ricardo Lagos Escobar, el último presidente estadista que ha tenido Chile. Una Constitución fundada en una filosofía de la persona y de la libertad, que define al Estado desde los principios de subsidiariedad y solidaridad. Esta Constitución contó con la aprobación de la amplia mayoría de los chilenos, a través de los representantes de todos los sectores políticos, en un contexto histórico donde no existía una crisis de representatividad como ocurre actualmente. Los únicos que no aceptaron dichas reformas fueron el Partido Comunista, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) y otros grupos minoritarios de la extrema izquierda, que no contaban con representación parlamentaria por su bajo apoyo popular.

No nos engañemos, los problemas que dieron origen al estallido social no tienen relación ni son atribuibles a la Constitución Política, sino fundamentalmente al divorcio de la clase política con el Chile real, agudizado por la inoperancia y la demagogia de muchos de sus integrantes que no han sido capaces de modificar aquellas leyes que perjudicaban claramente a la mayoría de los chilenos, distorsionando la noción ética y política de bien común. En efecto, el acceso a una educación gratuita y de calidad, un sistema público de salud eficiente, un sistema previsional que garantice no solo pensiones dignas sino también la propiedad privada sobre los fondos de pensiones, el aumento del salario mínimo, por mencionar los temas más relevantes, NO pasan por un cambio a la Constitución y menos aún por una Asamblea Constituyente, el viejo ‘caballo de Troya’ de la izquierda no democrática. Hasta ese punto ha llegado la desinformación de muchos manifestantes, favorecida por una hábil propaganda, donde los medios de comunicación social (sobre todo canales televisivos), que han sido una ‘correa de transmisión’ para imponer un modelo de sociedad de inspiración chavista. Con razón el gran pensador francés Jean-François Revel, señalaba que la gran fuerza que mueve al mundo es la mentira de los Mass Media (La connaissance inutile).

¿Qué busca entonces la izquierda no democrática con una Asamblea Constituyente? Como señala Pablo Torres: “nuestra lucha por echar a Piñera con la huelga general y por imponer una Asamblea Constituyente libre y soberana, debe ser liquidando los poderes de las viejas instituciones del régimen heredero de la dictadura como la presidencia y el parlamento actual. Para que sea verdaderamente libre y soberana, es decir, sin ninguna restricción, que pueda discutir y tomar todas las medidas que considere necesarias, debe ser impuesta por las coordinadoras y la auto-organización democrática de las organizaciones obreras, populares, los comités y coordinadoras que surjan a través de la lucha. Estas organizaciones de autodeterminación son las únicas que pueden convocar a una Constituyente realmente democrática, donde todos puedan participar desde los 14 años”. (Pablo Torres, ¿Qué tipo de Asamblea Constituyente y cuáles medidas debe imponer para terminar con las herencias de la dictadura?, La Izquierda Diario, 1° de noviembre 2019).

Estos son los articuladores de muchas de las asambleas y cabildos que pululan a lo largo de Chile en pro de una Asamblea Constituyente. ¿Qué democracia nos quieren imponer? Los ejemplos están a la vista.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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