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La hija de la española LA IDENTIDAD PEREGRINA DE ADELAIDA FALCÓN, por Alfonso Molina

La hija de la españolaUna mujer de 38 años despide a su madre —que guarda el mismo nombre— en una Caracas azotada por la violencia y la intolerancia en tiempos de revolución. La muerte es el punto de partida de un relato intenso, aparentemente sencillo, que se sumerge en las pantanosas aguas de la revolución bolivariana desde la perspectiva de una vida acorralada que busca escapar de la violencia de una Caracas agobiante, sin esperanzas ni evasiones. Adelaida Falcón —la madre y la hija— llegan al final de sendos ciclos: la vida y la desesperación.

La existencia de Adelaida Falcón se encuentra marcada por dos condiciones: la definición de su identidad y la necesidad de escapar de la realidad. Identidad y realidad. La primera como conflicto íntimo y la segunda como drama colectivo, aunque a veces una y otra se entremezclan en la trama de La hija de la española, primer novela de la periodista venezolana Karina Sainz Borgo que ha generado un fenómeno editorial sorprendente desde que se presentó en la Feria de Fráncfort a principios de año.

Con gran destreza narrativa, la narradora caraqueña teje una trama muy personal vista con los ojos de la enajenación frente a un presente de violencia y arbitrariedad y ante los recuerdos de una familia y un país que ya no existen. Esa mujer padece su identidad como una marca inalterable, ya sea cuando habla de su madre, de Caracas, de la lejana Ocumare de la Costa, de su apartamento invadido, de su trabajo en una editorial, de un viejo amor que ya no puede regresar y de un largo etcétera. La vida de Adelaida Falcón se divide en ese pasado que va y viene, en un presente abofeteador que no quiere terminar y en un futuro incierto en el que la usurpación de identidad es el signo dominante.

Aurora Peralta es el otro referente de La hija de la española. La otra vida que se levanta desde la muerte. La bisagra entre el presente y el futuro. Allí reside el punto de trama definitivo de la novela de Sainz Borgo y cuando alza vuelo —tras un capítulo de frustración pero también de apertura— la novela se redefine para sorpresa de muchos. El final responde a aquel viejo consejo del maestro guionista francés Jean-Claude Carriére: «sorprendente pero lógico».

Adelaida tiene una identidad peregrina. Es una mujer a medio camino. Hoy está aquí, ayer estuvo en otros papeles, mañana quién sabe. Busca y necesita asumir otra identidad. Para alejarse del presente. Para olvidarse del pasado. El futuro está a la vuelta de la esquina.

La hija de la española evade la condición política —a pesar de la agria visión de Adelaida sobre los Hijos de la Revolución y de las usuarpadoras de su apartamento— para recrear la destrucción de un país. No es una novela de propaganda. No busca explicar el chavismo ni el madurismo. Simplemente expresa el intenso drama de un país y de sus ciudadanos a través de una mujer en plena crisis.

LA HIJA DE LA ESPAÑOLA, de Karina Sainz Borgo. Lumen, Barcelona, 2019.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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