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La forma del agua EL AMOR COMO FANTASÍA REAL, por Alfonso Molina

La forma del agua
La solidaridad es el umbral que abre paso a la relación entre dos seres que no hablan pero sí escuchan, que comparten otro lenguaje sonoro, ambos solitarios, ajenos al poder y dispuestos a llegar al límite.

Cuando comienza la proyección el espectador se encuentra sumergido en aguas desconocidas con figuras poco precisas y un silbido indescifrable, mientras una voz en off invita a conocer una historia que más tarde sabremos que sucede en Baltimore, a comienzos de los años sesenta, en plena Guerra Fría. Al final de la función, el mismo espectador asiste a la celebración de un amor fantástico que rehuye el realismo para expresar una forma de rebelión auténtica, como suerte de homenaje a los seres que buscan lo inalcanzable. Ese es el prodigio que construye el mexicano Guillermo del Toro con La forma del agua, sin duda su película más ambiciosa y también la más lograda de su dilatada trayectoria. Ganó el León de Oro en el pasado Festival de Venecia. Luego vinieron muchos premios más.

Poco a poco, con una arquitectura narrativa deslumbrante, surge una historia de amor fantástica que reúne a un puñado de personajes que representan a los marginados: empezando con Elisa (la magnífica Sally Hawkins), una muda que trabaja como chica de la limpieza en un misterioso laboratorio del gobierno estadounidense, su compañera y amiga Zelda (Octavia Spencer), solidaria mujer afroamericana que vive con un holgazán también afroamericano, su amigo homosexual Giles (Richard Jenkins), artista publicitario de conducta insegura y… un ser anfibio sin nombre (Doug Jones), mitad pez, mitad humano, sin lenguaje hablado, traído desde una selva de Suramérica para ser estudiado por los científicos. Los cuatro son discriminados por sus ‘deficiencias’. Son los representantes de la ‘otredad’, los ‘distintos’. La solidaridad es el umbral que abre paso a la relación entre dos seres que no hablan pero sí escuchan, que comparten otro lenguaje sonoro, ambos solitarios, ajenos al poder y dispuestos a llegar al límite. Y traspasarlo.

En la orilla contraria se encuentra el coronel Richard Strickland (Michael Shannon), el superior de Elisa, el poderoso villano, hombre de seguridad del laboratorio que vive en los suburbios con su esposa y sus dos hijos, que practica el sexo mecánico en la posición ‘misionera’ y compra un Cadillac como símbolo de estatus. Sostiene y argumenta el ‘poder del pensamiento positivo’ al mismo tiempo que agrede al ser anfibio y a otros con una macana eléctrica. Representa la racionalidad del poder frente a la fantasía de la rebelión. A veces el personaje se moja en las aguas de la caricatura, pero cumple con el rol que le asigna el guion de Vanessa Taylor y el propio Del Toro. Por cierto, un guion que no deja cabos sueltos. Cada escena brinda detalles que luego se articulan en un gran fresco. Desde el principio hasta el final, con la misma voz en off.

Hay una visión globalizadora que envuelve esta historia de amor que reúne la música de las golden bands, el cine  musical de los años cuarenta y el cine fantástico de los años cincuenta, en especial El monstruo de la laguna negra (1954), de Jack Arnold, como referentes culturales de un mundo a la vez ingenuo y perverso. Los soviéticos ya habían lanzado a la perra Laica al espacio exterior y Fidel Castro se había instalado en la Antilla mayor del Caribe como protagonista de la crisis de los misiles. El Departamento de la Defensa de EEUU buscaba los hallazgos científicos que pudieran blindar la seguridad de su país en una época cuando se perfilaba con fuerza el American way of life. Era la Guerra Fría.

La forma del agua posee antecedentes en la filmografía del realizador mexicano, especialmente en La invención de Cronos (México, 1993), El espinazo del diablo (España, 2001) y El laberinto del Fauno (España, 2006), todas habladas en nuestra lengua, en las que combinaba el relato fantástico con la crónica histórica. Ahora se distanció de filmes más convencionales como lo que ha hecho para Hollywood. Es un hombre de la industria que mantiene su sello personal.

Guillermo del Toro ha logrado construir una obra muy particular, imposible de ignorar. La forma del agua se ha convertido en la afirmación personal de un cineasta con una ambición que apenas comienza a materializare. Enhorabuena.

LA FORMA DEL AGUA (The shape of water), EEUU, 2017. Dirección: Guillermo del Toro. Guion: Guillermo del Toro y Vanessa Taylor. Producción: J. Miles Dale, Guillermo del Toro-Bull Productions/Fox Searchlight. Fotografía: Dan Laustsen. Montaje: Sidney Wolinsky. Música: Alexandre Desplat. Dirección de arte: Paul D. Austerberry. Elenco: Sally Hawkins, Doug Jones, Michael Shannon, Octavia Spencer, Richard Jenkins, Michael Stuhlbarg, Lauren Lee Smith, David Hewlett, Nick Searcy, Morgan Kelly, Dru Viergever, Maxine Grossman, Amanda Smith, Cyndy Day, Dave Reachill.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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