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La entrenadora mundialista LA VIDA DURA Y VALIENTE DE EPIFANIA BENÍTEZ, por Javier Conde

Epifanía Benítez
Ahora solo juega de vez en cuando con algunas amigas, con las que también practica volley.

Nada detiene a la entrenadora de la selección Sub20 de fútbol femenino de Paraguay, que se alista para el Mundial de Francia: ni las  privaciones económicas, ni las lesiones, ni su condición de mujer en un campo minado de hombres.

Lo que escucho es una voz serena, profunda, quieta. “Si señor, dígame”,  me confirma Epifania Benítez que hablo con ella, con la mujer que metió a Paraguay en el mundial de fútbol femenino para chicas menores de 20 años, todo un acontecimiento. También prepara a las muchachas de la Sub17. “Así es”, vuelve a hablar. Lo justo, lo necesario para hacerse entender. No hay despilfarro, como su vida.

Vive en Isaty, un barrio humilde de calles angostas y silenciosas de Asunción, la capital paraguaya, donde todos se conocen. Ahí nació hace 37 años: era la única niña entre un montón de muchachos detrás de un balón, peloteando. “Con mis hermanos y primos”, recuerda.

Su casa está a las espaldas de la estación de Ómnibus, a unas tres cuadras. La gente que no es del barrio identifica la zona como La Terminal. La madre de Epifania vendía empanadas, entre el bullicio y las prisas de los pasajeros. Eran seis hermanos en casa –dos hembras y cuatro varones– muchas bocas que alimentar. “Nunca llevamos una vida cómoda pero gracias a Dios no nos faltó nada de la alimentación, de la vestimenta”, me dice, casi susurra.

—Ante de dedicarse a entrenar, fue jugadora…

Fui jugadora de la Universidad Autónoma de Asunción (UAA), pionera del fútbol femenino en mi país, ha participado en los 20 años de la liga que organiza la Asociación Paraguaya de Fú.tbol (APF). Es el equipo más laureado. Fui campeona en el 2004.

—¿Aún no había Libertadores femenina?

No, lo que había era el Experimental de Perú, participaban cuatro clubes internacionales y quedamos terceras.

—¿Para jugar de defensa central le sacaba partido a su envergadura?

Mido 1.70, imponía mi ley. Ahora hay chicas más altas y algunas más bajas pero muy habilidosas, como Fanny Godoy, que mide 1.54 y juega con la selección de mayores.

—¿Lo dejó muy joven, verdad?

Sí, por una lesión, a los 25 años comencé a entrenar. Soy además licenciada en Ciencias del Deporte, que estudié en la UAA, aunque la tesis por razones económicas la tuve que terminar en otra facultad, en la Universidad Sudamericana.

—¿La UUA es privada?

Sí, me becaron durante ocho años y lo agradezco muchísimo. Yo empecé a jugar con la UAA en el año 2000. Gracias al presidente Juan Carlos Orihuela, por el apoyo que me brindó y a todas las chicas, pude terminar, primero, la secundaria. Me gradué a los 23 años, imagínese! y luego a los 24 entre en la facultad con beca completa.

Epifania y otro de sus hermanos terminaron la escuela –la educación inicial– al mismo tiempo, pero era imposible para su familia costear los gastos de ambos en el siguiente nivel educativo. “Tuve que esperar”, dice, sin pesadumbre. Tenía 12 años. Mientras jugaba con la UAA sacó dos cursos por año. A Orihuela lo tiene en un pedestal.

Yo estaba lesionada de la rodilla y no podía jugar más y él me dijo que entrenara a los juveniles: “encargate vos, me dijo” y yo le respondí qué voy a hacer yo si no soy entrenadora” y él me dijo “estás estudiando Ciencias del Deporte” y yo le contesté “voy a hacer todo lo posible”.

—¿Y ese fue el inicio de su carrera de entrenadora?

Me dieron media beca para estudiar en el instituto donde se forman los entrenadores y comencé a trabajar con las niñas. Llevo más años en esto de los que pasé jugando.

Paraguay celebra su victoria sobre Colombia en el Sudamericano Sub20, que le dio el pase al Mundial de Francia de la categoría. (Cortesía APF)

Benítez estuvo entre 2005 y 2007 con la división juvenil, la hizo campeona y luego le dijo a Orihuela que quería volver a jugar. Pero perdía la beca. “Elegí el equipo que quieras”, me dijo él. Se fue entonces a Olimpia y en 2010 se retiró definitivamente como jugadora. Ahora solo juega de vez en cuando con algunas amigas, con las que también practica volley. Es una mujer deportista: su tesis, por cierto, fue sobre rugby. “Por curiosidad”, me explica.

—¿Sus ingresos como entrenadora le dan para vivir?

No es para estar de lujo, pero me da para vivir. Puedo enforcarme en la selección y no en otra cosa. Necesitamos estar a tiempo completo, para las planificaciones, los informes, todas esas cosas.

¿Y cómo juegan sus equipos, Epifania?

Adopto el sistema que tengo al alcance con las chicas; las hay con diferentes movilidades, para decirlo así. Tengo un sistema 4-4-2 con velocidad, profundidad, toques, porque tengo gente rápida por los lados y arriba.

—Para el Mundial tocó un grupo muy duro

Vamos a jugar con Japón, que fue campeona del Mundo Sub17 en 2014, con Estados Unidos y con España. Muy duro, nuestro objetivo es pasar de fase pero tenemos que pelear con esta gente.

Epifania Benítez, controla el balón durante un entrenamiento. Sus equipos juegan según las características de las chicas. (Conmebol)

El Mundial sub 20 femenino se realizará a partir del 5 de agosto en la Bretaña francesa. Paraguay se prepara para reanudar la preparación y programar la realización de varios amistosos. Epifanía espera con calma y concentrada. Nada la distrae.

Estoy enfocada en esto. Cuando era más joven salía a bailar pero al entrar en el mundo del fútbol me aparté totalmente de eso. Soy una persona reservada.

—¿Vive sola?

Estoy sola, con mi hijo, que adoptó un hermano. Está conmigo desde que tenía un mes y ya tiene nueve años. Se llama Alejandro y me dice mamá.

—¿Y con qué sueña usted?

Sueños siempre hay, me gustaría entrenar en el extranjero, tener la oportunidad de conocer otras culturas, otros niveles de trabajo. Enseñar lo mío y aprender lo ajeno, pero voy paso a paso.

Publicado originalmente en http://futbolella.com

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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