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La Crema y Nata APUNTES PARA NO OLVIDAR SENTIPENSAMIENTOS VENIDOS DEL TEATRO, por Carlos Sánchez Torrealba.

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Dos familias compiten por el poder en la cárcel. Los pranes y sus clanes de disputan terrenos de poder.

El humor. De nuevo, el humor a la mano. Esta vez, humor negro. Otra vez.

Es humor negro lo que yace y lo que sale. Bilis. Veneno. Vitriolo caliente por el oído. Necrosis

Pailas sonando hacen una barata música bruta.

Los gritos acompañan sobre los llantos por lo bajo.

Pájaros de algún agüero anuncian: ¡Te voy a explotá!

La destrucción… la corrupción se constituye en escena.

¡Ea, pues! De nuevo, el esplendor arrasado por la violencia y bañado en sangre.

Figura y fondo se expresan destructivamente como un barranco inevitable, como una vaguada que arrasa por donde pasa y se lleva todo

Hasta las palabras se deshacen. Palabras y acciones

La lírica, dice: Sin compasión. No hay piedad. Se acabó.

Es la desnudez. Los pies desnudos caminando sobre vidrios rotos.

Vidrio molido para tragar

La navegación, el viaje alucinantemente oscuro ocurre por entre un río de aguas negras que atraviesa la ciudad capital, nos cruza, nos traspone y nos intoxica….

Frío, oscuridad, intemperie ¡y el ser humano ahí! en el fuego cruzado de los tiempos que atraviesa la fragilidad que somos, la geografía humana, la geografía de la percepción.

La feúra campea y permea, se extiende como alergia, como psoriasis, como epidemia.

Termita carcomiendo…. Violencia institucionalizada, legitimada, consagrada,

Las señas escogidas para la expresión de la sensibilidad, de la espiritualidad, definen una identidad signada por el ímpetu de la violencia que destroza y elimina a diestra y siniestra.

Valle-Inclán y sus esperpentos, Jackson Pollock, Rauschemberg, Artaud, Alfred Jarry, Buñuel y el ojo cortado con hojilla oxidada, Tom Waits, Juan Loyola, Nelson Garrido… pasan por la cabeza… todos, parece, convergen aquí para desintegrarse también en un reggaetón perreao…

¿Nihilismo?

Delirium tremens

La fragmentación. El fragmento como formato de la contemporaneidad.

Lo siniestro como fundamento del apocalipsis donde el poder político es encumbrado, con gesto y sustrato, a la categoría de devastación como casi única posibilidad de creación humana.

La piedra de la locura ha sido extraída a la vista de todos y con ella se juega.

De ella se habla. Se le manipula y se trafica con la locura, con el desmadre.

Todo descuadernado, desaforado.

Retórica y proxemia de la descomposición.

La crema y nata gobierna, azota, manda. Manda a matar y mata.

Centrífuga y centrípeta compiten hasta el desquiciamiento

Operamos, se opera, nos operan con las manos sucias mientras se pedalean las máquinas del poder en una loca y estrambótica sucesión de escenas bizarras, malolientes, burdas, brutas y atenidas a la lógica de la violencia, a la lógica del pillaje, de lo malandro, de lo mal habido, lo mal parido.

El árbol nacido torcido

¿El bosque?

Llueve sobre mojado.

La crema y nata, con piquete al revés, gobierna en la cárcel y aspira imponer su poder en el resto del país…

En esta costra de la cultura occidental, diez actores/presos remueven la pústula y hacen que salgan los humores, que brote la infección como el dolor de la gangrena que desintegra.

Dos familias compiten por el poder en la cárcel. Los pranes y sus clanes de disputan terrenos de poder.

Uno de los pranes gobierna en sus corrales verticales y quiere hacerse presidente de la república… en minúsculas

La sexta.

No se sabe cuál.

La sexta válida.

A la séptima va la vencida…

y volver al cuento del nunca empezar

Es como si pudieras elegir entre comer pan duro con mortadela, o sólo pan duro o mortadela, o, si quieres jorungar en la basura a ver qué consigues ¡si es que alguien no se te adelantó ya con la misma bolsa dónde estás registrando!…

Desde que empieza y hasta que termina, aquí la parodia va sumando, minuto a minuto, hasta llegar al paroxismo de la pobreza, la represión, el autoritarismo. La tiranía, pues.

Segundo a segundo.

El estupor te impide respirar libremente.

La estridencia acompaña las travesías y el idioma, vuelto grandilocuencia épica hueca, se sigue quebrando como los vidrios en el piso.

La violencia campea y se nos convierte en desazón punzante.

Es una constatación de cómo el mal camina, autónomo y rizomático por este lado del mundo. Así parece. ¿Así será?

La ironía compite con diversas muecas a ver quién la hace más horrenda y gana el desaliento como premio…

El país expuesto en la escena, escrutado por Elvis Chaveinte y su grupo Deus Ex Machina.

Hasta la luz se fue el día de la última función y, sin embargo, la pieza corrió entre estertores.

Sofocan los clichés que desean tumbar.

No obstante, el desate procura lo suyo.

¿Fecunda el delirio?

Salimos cansados, sofocados, atónitos… pensativos, adoloridos en la cabeza y el resto del cuerpo

Formato en blanco para seguir inventando ¡Quién sabe!

Fin de mundo.

Fin de la cita.

 

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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