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Kippur LA GUERRA SEGÚN AMOS GITAI, por Ricardo Bello

Film still from "Kippur," a historical feature film about Israel's Yom Kippur War by Israeli filmmaker Amos Gita• , one of a series of films by and about Gita• to be featured at the 2002 Wisconsin Film Festival, April 4-7, 2002. Used with permission by: UW-Madison University Communications 608/262-0067 Photo by: courtesy Wisconsin Film Festival Date: 02/02 File#: scan provided
La película de Amos Gitai nos muestra el lado humano de la guerra.

Especial para Ideas de Babel. Amos Gitai es un director israelí con una larga producción cinematográfica que incluye documentales, adaptaciones de relatos del Antiguo Testamento y algunas películas basadas en su historia personal. Tal es el caso de Kippur, un recuento ficcional de su experiencia cuando sirvió en un helicóptero de rescate en el Golán durante la guerra del 73. Verla no fue sólo revivir esa sensación de poder morir en cualquier momento, como le ocurre al copiloto del la nave derribada por un misil sirio, sino recordar que algunos soldados, los compañeros de Weinraub (alter ego del director y su verdadero nombre de pila) por ejemplo, eran sobrevivientes de la Shoá. No era la primera vez que estaba en juego la posibilidad misma de seguir vivo, ya no de forma individual, sino como comunidad o pueblo en peligro de extinción.

La gente recuerda el Holocausto en Polonia, pero no que los alemanes estuvieron a punto de invadir Palestina en la II Guerra Mundial. La historiadora norteamericana Francine Klagsbrun escribe que en la primavera de 1941 Italia ya había bombardeado a Haifa y Tel Aviv; Grecia y Yugoeslavia estaban bajo el yugo militar nazi; y Bulgaria, Hungría y Rumanía forzadas a cuadrarse con los Poderes del Eje y a colaborar con sus actividades antisemitas. Ya para 1942 Erwin Rommel, el ‘Zorro del desierto’, había destruido las fuerzas inglesas en África y se encontraba a doscientos kilómetros del Canal de Suez: la invasión de Palestina lucía inevitable. Los judíos, bajo las órdenes de Ben-Gurion, se organizaron militarmente, primero con el Haganah y luego con unas unidades élites de choques, el Palmaj. Uno de sus líderes, Yitzhak Rabin, sería Primer Ministro de Israel y asesinado en 1995 por un fundamentalista judío después de firmar un acuerdo de paz con los palestinos. La guerra de 1973 trajo de vuelta la memoria de los campos de concentración y la destrucción de la judería polaca. La ferocidad con que logramos revertir entonces el avance árabe estuvo motivada por esa determinación a no morir. El tercer templo no podía caer. Un personaje de la película, el piloto de helicóptero que sobrevive, es ordenado a presentarse a una base para llevar a Moshe Dayán al frente. Que se vaya en autobús, respondió, negándose a cumplir la orden.

El judío es optimista, argumentaba Golda Meir, pero desconfiado al mismo tiempo. No se puede dar el lujo de no ser optimista, pero tampoco puede dejar de albergar enormes sospechas sobre la conducta de los gentiles y de los alemanes especialmente. Aun así, esa paranoia innata fue incapaz de leer adecuadamente el comportamiento del presidente de Egipto, Anwar el-Sadat. Ni siquiera cuando expulsó a quince mil asesores militares soviéticos en el verano de 1973, dejando en sus manos la libertad de iniciar una guerra que los rusos no estimaban conveniente. Ni cuando poco antes de los primeros disparos regresaron a la URSS las familias de los soviéticos que todavía trabajaban en la Embajada en El Cairo. Seis aviones gigantes Antonov An-22, capaces de llevar cuatrocientos pasajeros cada uno, fueron despachados para recogerlas. El mayor responsable del fracaso, por supuesto, fue el General Eli Zeira, director de Inteligencia Militar, pero también la Primera Ministra de Israel, Golda Meir, así como sus asesores militares, empezado por Moshé Dayan, al no hacerle caso a sus instintos y embriagarse en la confianza suicida de Zeira. Abandonaron la paranoia natural que les permitió detectar amenazas reales en el pasado reciente.

La película de Amos Gitai nos muestra el lado humano de la guerra: la conversación de los soldados en la noche, mientras duermen algunas horas cerca de los hangares de helicópteros antes de regresar al frente. Unos recuerdan a sus novias, otras a sus madres y familiares que perecieron durante la II Guerra Mundial. Nadie quería creer en la posibilidad de una guerra en 1973, Israel cumplía 25 años de haber sido fundada, la economía crecía a un ritmo exorbitante de 9% anual y las exportaciones aumentaban exponencialmente. ¿Qué podía pasar? Los árabes no estaban a la altura de una guerra, no darían el primer paso. Sólo Zvi Zamir, cabeza del Mossad, tuvo el atrevimiento de disentir, pero no le hicieron caso. Los egipcios fueron los primeros en sorprenderse y no dejaron pasar la oportunidad. Yo hablaba más de política en esa época, podía darme ese lujo, mis padres estaban seguros en Venezuela. Pero la realidad conserva esa costumbre, esa mala maña de interponerse entre nosotros y las ideas que nos hacemos sobre el mañana. La clave para entender el futuro está a veces en la palabra זָכַר(zakar): memoria o recordar.

Ricardo Bello

www.ricardobello.com

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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