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Jimi Hendrix EMPEZAR DE CERO, por Carlos Goedder

Jimi HendrixSe ha traducido al castellano en 2013 un gran libro donde Jimi Hendrix cuenta su historia. Indispensable para los abundantes amantes del rock en el mundo hispanohablante.

Al buen amigo Jesús Almendro, quien vive rockeramente y sin artificios

“La libertad es la palabra clave para todo esto.”  Jimi Hendrix

El escritor Peter Neal publicó en 2013 el libro Starting at zero. Jimi Hendrix’s Own Story (Editorial Gravity Limited). Es grato que ya en el mismo año, se publicó la traducción hecha por Raquel Vicedo, con el nombre Jimi Hendrix. Empezar de Cero (Editorial Sexto Piso, 2013).

En el libro se ha hecho un trabajo bastante original: se ha construido la “autobiografía” de Jimi Hendrix (27/11/1942 – 19/09/1970). Tomando partes de las abundantes entrevistas que dio Hendrix en los cortos tres años que fue famoso, se van insertando estas declaraciones durante la construcción del texto. No es una biografía autorizada por los familiares de Hendrix y su empresa Experience Hendrix, L.L.C., la cual viene haciendo una buena labor de reedición de discos de Hendrix y lanzamiento de temas póstumos, si bien ha perseguido con saña trabajos inéditos o en vivo de Hendrix que sólo se conseguían con otros sellos, sin ofrecer ediciones alternativas. El autor del libro, Peter Neal, estaría del lado de Alan Douglas (es el productor del libro), quien trabajó como productor de Hendrix en sus últimos meses y no sería precisamente el más escrupuloso al lanzar material que Hendrix dejó incompleto cuando murió de forma atroz en Londres (se tragó su propio vómito, mientras estaba bajo el efecto de somníferos, dos meses antes de cumplir 28 años).

La traducción de Raquel Vicedo sólo se empaña por un detalle: ella pareció creer que su libro sólo se leería en Lavapiés. Está lleno de expresiones castizas del castellano hablado en España: “tío”, “mola”, “flipé”… Sin duda hay expresiones más neutras que pueden alcanzar el mismo efecto coloquial. Especialmente porque podría apostar que el mayor contingente de lectores en castellano de la obra estará fuera de España (yo lo he comprado en Bogotá y la editorial que publica el trabajo tiene una filial mexicana). Al margen de ese detalle menor, la traducción está muy bien hecha: se mantiene el flujo narrativo del original en inglés, se hacen traducciones al castellano de las letras no siempre inmediatas de Hendrix y la traductora añade notas que revelan conocimiento musical (por ejemplo una bastante erudita sobre un tema que menciona Hendrix, Peppermint Twist, de Joe Dee en 1961). Este tipo de trabajos ayuda a sensibilizar aún más a la audiencia hispanoamericana con el buen rock, permitiéndole sobrevivir entre reggaetón y baladas pop blandengues pésimamente interpretadas.

Un mito que se derriba es el del Hendrix inmerso en drogas: “No hace falta la droga. La música te da un subidón.” (p. 196) A diferencia de temas  hechos por los Beatles y los Rolling Stones, no hay en los temas de Hendrix mención sobre drogas o apología de ellas. El libro comenta el proceso legal que se le hizo en Canadá por portar drogas en su equipaje, del cual fue absuelto. Hendrix señalaba que se le había colocado esa droga y podría ser cierto en algún grado, dado que se le había encontrado heroína y él no usaba esta droga por su pánico a las agujas de jeringuillas. Su muerte sería un accidente y el consumo de somníferos una alternativa ante el desgaste traído por tantas giras desde 1967. No había nada que invitase a pensar en un suicidio o adicción a drogas. Jimi no las necesitaba para fantasear. Tenía una poderosa mente poética. Se refería a la “velocidad del pensamiento” como la mayor en el Universo y señalaba “tienes que usar la fantasía para mostrar las distintas caras de la realidad.” (p. 133)

Si tenía alguna adicción, era hacia la música. Entre 1962 y 1966 llegó a mendigar, viviendo en las calles. No obstante, “No quería un trabajo que no tuviese que ver con la música”. (p. 42). Sus cartas a casa de esa época están entre los tesoros del libro. En agosto de 1962 escribía a su padre: “Sólo quiero decirte que sigo aquí, intentando triunfar. Aunque no consigo comer todos los días, todo va bien. Todavía conservo la guitarra y mi ampli[ficador], y mientras tenga las dos cosas, puedo vivir.” (p. 44)   La música era para él una necesidad vital, una ética. Admiraba el poder de la música: “Estaba empezando a ver que podía crear todo un mundo nuevo con una guitarra eléctrica.” (p. 45)

Se habla mucho de la invasión musical británica a EEUU con el cincuentenario de la presentación de los Beatles en el show de Ed Sullivan. Jimi Hendrix hizo la invasión contraria: el ex bajista de la banda The Animals, Chas Chandler, lo escuchó en vivo en Nueva York y le propuso que se fuese con él al Reino Unido. Bajo la producción de Chandler salió el primer gran éxito de Jimi Hendrix, el álbum Are you Experienced?   La revista Rolling Stone considera este álbum como el décimo quinto más importante de la historia del rock (Rolling Stone España, No. 71, septiembre 2005). La misma publicación coloca a un tema del disco, Purple Haze como la décimo séptima canción más importante de todos los tiempos (Rolling Stone Colombia, No. 1, 2013). Y en interpretaciones de guitarra eléctrica, la revista coloca estos temas de Hendrix entre los mejores de la historia: el mencionado Purple Haze en segundo lugar (le gana Johny B. Goode de Chuck Berry y es justo, porque con él empezó todo); Voodoo Child (Slight Return) del álbum Electric Ladyland en el décimo segundo, Machine Gun del disco Band of Gypsies en la posición cuarenta y nueve, además de una versión del tema de Hendrix Little Wing en la casilla 54 –en su interpretación por Stevie Ray Vaughan– (Rolling Stone España, agosto 2008). Otra revista, Classic Rock, coloca a Are you Experienced  y  Axis Bold as Love entre los álbumes que construyeron el blues rock. (www.classicrockmagazine.com) Si bien son innecesarias estas estadísticas de la crítica para valorar a Hendrix, son ineludibles.

¿Qué opinaba Hendrix de su música? Resumía diciendo “mi sonido es rock-blues-funky-freaky.” (p. 58)  Otras veces redondeaba mejor la idea: “Es una mezcla de rock, blues y jazz, una música que se está desarrollando, que se está creando, una música del futuro. Si hay que ponerle un nombre, me gustaría que fuese «sensaciones libres.»” (p. 58)   Le daba importancia tanto a la música como a la letra: “Todo el mundo quiere saber qué ha pasado con la poesía hoy día. Bueno, está en todas partes. Búscala en los discos.” (p. 70)  El enfoque ético y místico de la música fue profundo en Jimi: “Mira, la música no miente. Estoy de acuerdo que puede malinterpretarse, pero no miente.” (p. 211) “Si quieres saber la verdad, escucha música. Es lo mejor que existe.” (p. 210). En esta línea daba a su música nombres curiosos como “Música Solar” (p.215) y se declaraba de la “Religión Eléctrica” (p. 169), señalando: “Nosotros llamamos a nuestra música Electric Church Music [Música de la Iglesia Eléctrica], porque para nosotros es una religión.” (p. 165) Sus declaraciones, especialmente a poco de su muerte, están llenas de esta veneración musical. Su angustia por explorar, por estas “ideas y sonidos rondándome la cabeza” (p. 45) se pueden resumir en este credo que él mismo enunció: “En lo único que creo ahora es en la música. La música va a cambiar las cosas, porque la música es espiritual en sí misma. Es como las olas del océano. No puedes limitarte a recortar la ola perfecta y llevártela a casa. No para de moverse todo el tiempo.” (p. 168) Su música y especialmente sus shows en vivo recibieron acusaciones de exhibicionismo sexual. Él simplemente opinaba: “La música es una expresión tan personal que forzosamente proyecta sexo.” (p. 66)

Hendrix tuvo reconocida influencia en el género del blues, de la cual es evidencia lo señalado por la publicación Classic Rock y trabajos como el del cineasta melómano Martin Scorsese en su reconocida serie Martin Scorsese presents the Blues. Temas de Jimi como Red House o Hear my train a comin’ son blues fantásticos. No obstante, él no se veía como un músico de blues: “Me encanta el blues, pero no pasaría la noche tocándolo. Hay melodías de blues que me ponen enfermo. No me hacen sentir nada.” (p. 53) Si bien Hendrix señalaba “El blues nunca morirá” (p. 201) y lo difícil de interpretarlo –“Es fácil tocar blues, pero no sentirlo” (p. 200)–, su guitarra tiene menos carga de Blues que la de sus también geniales contemporáneos Eric Clapton y Peter Green. La dificultad de encasillar a Hendrix en el blues ya la señala el gran crítico del rock Ian MacDonald –autor del mejor estudio sobre los Beatles, publicado en castellano como Revolución en la Mente por Celeste Ediciones–. En su colección de artículos The People´s Music [La Música de la Gente] (Pimlico, 2003) hay uno dedicado a Hendrix, titulado Jimi Hendrix: Trascending the Blues (Jimi Hendrix: Trascendiendo el blues), en el cual señalaba: “La teoría del Jimi Hendrix bluesero falla en considerar dos cosas: Primero, fuera de su tiempo de regreso a EEUU en 1968–1970 cuando los problemas, especialmente de otros, entristecieron su espíritu, era un tipo sonriente, cariñoso y de corazón sencillo (su amigo Billy Cox lo describía como “un niño del universo, un alma cálida y simple”). Segundo, mucha de su música más aventurada no tenía vínculos con el blues y su Rhythm & Blues, soul y derivados funk.” (p. 79) El mismo autor añade: “El deseo real de Hendrix era escapar de las armonías del blues –seguir a las bandas británica más creativas en explorar escalas pentatónicas y de la raga hindú (en la práctica, escalas). Entrevistado por Melody Maker sobre ´Purple Haze´, Hendrix habló con entusiasmo de “tocar las notas erradas”– liberándose de las escalas del blues a favor del cromatismo, escalas, atonalidad y timbre indefinido.” (p. 80)

Empezar de ceroLa autobiografía de Jimi que ofrece Peter Neal en Empezar de Cero capta bien el cambio de tónica en Hendrix cuando regresa a su país en 1968 –si bien siguió yendo a suelo británico, donde murió–. Hasta ese momento, sobrellevó sus dificultades con entusiasmo y demostró una gran capacidad para sacrificarse. Nació en Seattle. Su madre, con problemas de bebida, se divorció de su padre siendo él un niño y Jimi perdió un trato continuo con ella, quien murió durante la adolescencia del guitarrista. De joven lo detuvieron por andar en un automóvil robado y se le perdonó porque la defensa judicial aseguró que Jimi quería entrar a servir en el ejército, lo cual hizo por un año en la división de paracaidistas, donde se lesionó y recibió la  baja. Anduvo luego errabundo y empobrecido por varios Estados de EEUU, siendo el nomadismo un rasgo destacable de su personalidad –“El planeta Tierra es mi hogar.” (p. 96). En ese período perfeccionó su técnica de guitarra, especialmente en Nashville (siempre agradecía que su padre le regaló la primera guitarra). Mantenía comunicación con su familia y les vio tras volver de Reino Unido. Fue exitoso con las mujeres, nada tacaño y un trabajador infatigable. “Si estás produciendo y creando, estás más cerca de tu propio cielo.” (p. 229). Cuando regresa a su país en 1968 se sintió llamado a tomar posición y conciencia sobre los temas de racismo y violencia política, hacia los cuales había estado casi nada preocupado antes. Incluso hizo un himno para el movimiento Panteras Negras. Es allí cuando asume un carácter casi mesiánico para su música y en esa tónica están las páginas de sus años finales, llegando incluso a declarar sobre su música: “Lo que intentamos es limpiar el alma de las personas.” (p. 168) Hay un paralelo con la evolución de John Lennon, cuando este hizo campaña antibélica desde 1969.

El libro es fundamental para entender la música que influyó en Jimi y los músicos de su tiempo. Quizás pocos entiendan hoy que el rock de los años sesenta fue una fuerza tan poderosa como para inquietar a los políticos y organismos represores. Realmente parecía que el rock se adueñaría del mundo. La influencia de Bob Dylan fue destacable en las letras de Hendrix y le desinhibió para atreverse a cantar, al oír la desafinada voz del cantautor. También señalaba: “The Beatles es una banda de la que no puedes decir nada malo, porque son increíbles” y recordaba que Paul McCartney fue quien consiguió que la banda The Jimi Hendrix Experience tocara en el Festival de Monterey de 1967, el regreso triunfal del guitarrista a su país y revelación al público estadounidense. Hendrix hace elogios de Jefferson Airplane, Paul Butterfield, el gran jazzman Roland Kirk e incluso envidia al guitarrista Alvin Lee en Woodstock (Lee murió en 2013 y es uno de los grandes guitarristas más injustamente preteridos en la historia del rock).

También se toma conciencia de que Hendrix no hizo su investigación musical solo. Los músicos que lo acompañaron ganan dimensión: Mitch Mitchell, Noel Redding, Billy Cox y Buddy Miles. Si bien siempre he considerado a Mitchell el mejor acompañante de Hendrix  y un baterista seminal del rock, el texto me ha ayudado a poner en mejor perspectiva al bajista Redding, a quien siempre vi en liga muy inferior respecto a otros bajistas fundamentales de los años sesenta como Jack Bruce de Cream y Jack Cassidy de Jefferson Airplane.

El libro nos trae de vuelta a Hendrix, un músico de férrea ética artística y lleno de esperanza. Su mente singular, llena de inquietud cósmica, se podría sintetizar perfectamente con esta declaración que dio y figura en el libro: “Quiero ser el primer hombre que escriba sobre la escena musical en Venus.” (p. 61)

Bogotá, febrero de 2014

carlosurgente@yahoo.es

@carlosgoedder

Facebook: Carlos Goedder

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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