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Invierno en llamas A PROPÓSITO DE LAS PROTESTAS EN VENEZUELA, por Lucía Morabito

Invierno en llamas 1
En el caso de Ucrania, inicialmente, el líder fue el movimiento estudiantil, pero poco a poco ese liderazgo mutó en una abstracción. La idea de libertad fue la que terminó por movilizar a la gran masa.

Palabras de Lucía Moravito, psicólogo, psicoanalista y miembro titular en Función Didáctica de la Asociación Venezolana de Psicoanálisis (Asovep), durante el Cine Encuentro de Ideas de Babel sobre el documental Invierno en llamas, de Evgeny Afineevsky, realizado en el Trasnocho Cultural de Caracas el 11 de junio de 2017.

Agradezco la oportunidad que Ideas de Babel y la Asociación Venezolana de Psicoanálisis nos brindan para analizar e intercambiar ideas, desde distintos vértices, en torno a este documental que ciertamente nos conmueve a todos por razones obvias.

Comenzaré haciéndome las siguientes preguntas:

  1. ¿Cómo podemos comprender, desde el punto de vista psicoanalítico, qué ocurrió y cómo ocurrió, para que un pueblo desarmado y en resistencia pacífica, fuese capaz de enfrentar a un régimen brutalmente represor, de una forma tan organizada y con resultados tan positivos?
  2. ¿Cómo fue que el miedo se convirtió en valentía inquebrantable para recuperar la dignidad y la libertad?
  3. ¿Cómo fue que la iniciativa espontanea de los estudiantes logró comprometer a todos los sectores de la población, generando una cohesión grupal de tal magnitud, que superó incluso a los partidos políticos?
  4. ¿Son realmente equiparables nuestras actuales condiciones a las que se dieron en Ucrania, como para esperar que una lucha parecida pueda ser librada con el mismo éxito en nuestro país?

Intentaré vincular lo que sabemos acerca del inconsciente individual con los conocimientos que la psicología profunda de las masas nos ha brindado.

Sabemos desde Freud que en la vida de los afectos el otro siempre está presente. Lo está como modelo, como objeto de deseo, como auxiliar del yo y también como enemigo. Por lo tanto, el otro, los otros, van a tener una enorme influencia en su vida anímica. Pueden convertirse en modelos de identificación, de admiración y de amor; pero también pueden convertirse en blancos de ataques envidiosos  y odios profundos.

Los jóvenes que salieron a manifestar en Ucrania tenían una motivación inicial que los unía: se sentían estafados, les habían robado el fututo y no estaban dispuestos a tolerar el retroceso que la adhesión a Rusia implicaría. Se sentían decepcionados de sus líderes políticos quienes no se manifestaban. El miedo que les producía la posibilidad de aliarse a Rusia fue más fuerte que el miedo a la muerte. El hartazgo se transformó en valentía. Por esa razón estuvieron dispuestos a morir si ese era el precio que tenían que pagar para lograr pertenecer a la Unión Europea. Así fue como lucharon por recuperar su dignidad y su libertad.

Lo que ocurrió en Ucrania fue un fenómeno de masas extraordinario. Al grupo inicial de jóvenes que salió a protestar, poco a poco se les fueron uniendo grupos de personas de otros sectores. Se fueron contagiando con el ímpetu y la valentía que iba creciendo, a pesar de la represión de la fueron objeto. Y es que uno de los efectos de los fenómenos de masas es que tanto los sentimientos como las conductas se llegan a contagiar a tal punto, que el individuo sacrifica su interés personal por el interés colectivo.

Otra característica de los fenómenos de masa es que generan un sentimiento de poder invencible. Eso lo han experimentado quienes han estado en las marchas que se han realizado en nuestro país. Estos sentimiento de poder invencible permiten que los individuos se entreguen a sus instintos de una manera en que jamás lo harían si estuviesen solos. El peligro de esto es que al mismo tiempo desaparece el sentimiento de responsabilidad que normalmente frena a los individuos, diluyéndose la misma en la masa como tal.

Otro aspecto que opera en situaciones como éstas es la sugestión. Y entonces, el contagio y la sugestión transforman inmediatamente en actos, las ideas sugeridas por la masa. La masa suele seguir a un conductor o líder, que en este caso eran los estudiantes.

Desde el punto de vista psicoanalítico, lo que ocurre es que las personas que integran esta gran masa se identifican con un líder. Y siendo la identificación la manifestación más temprana de un vínculo afectivo, al producirse una identificación masiva, se intensifican los sentimientos que se comparten, reduciéndose el egoísmo y el  narcisismo, en beneficio del amor por el otro.

La masa que posee un líder es una reunión de individuos que han reemplazado su ideal del yo por un mismo objeto, con lo cual se establece entre ellos una general y recíproca identificación del yo. Esto se parece mucho a lo que ocurre en el enamoramiento y en la relación hipnótica. La masa le da al líder las mismas pruebas de amor, sumisión, docilidad y ausencia de crítica e iniciativa. El líder se ha convertido en el ideal del yo. Y así, la identidad del grupo pasa a dominar la identidad individual, produciéndose una suerte de fusión entre todos.

En el caso de Ucrania, inicialmente, el líder fue el movimiento estudiantil, pero poco a poco ese liderazgo mutó en una abstracción. La idea de libertad fue la que terminó por movilizar a  la gran masa. Y eso se expresaba con la contagiosa convicción de que se estaba dispuesto a morir por ella.

Sin embargo, es interesante ver que lo que ocurrió en Ucrania tiene otro aspecto que hay que describir y que merece otra aclaratoria explicativa. Me refiero al nivel de organización que allí se produjo. Me hizo pensar en el instinto de los animales, en esa fuerza que lleva al trabajo de una manera tan sistemática, eficiente y organizada.

Uno de los entrevistados en el documental comentó que ellos apelaron a las normas de sus ancestros. Recordemos que los ucranianos pertenecen a un país limítrofe, de paso, estratégico políticamente, que siempre fue deseado y sometido a muchos juegos de poder, por lo que su gente ha desarrollado mucha astucia para vivir.

La astucia es una función del yo maduro que nos puede permitir entender la gran diferencia que hay entre la temeridad y la valentía. Tal vez allí encontremos la clave  para explicar el éxito que tuvieron los ucranianos.

Veamos algunas diferencias entre valentía y temeridad:

La temeridad es impaciente e inconstante. La valentía es firme y tenaz.

La temeridad es una reacción pasional, impulsiva y excesiva. La valentía es prudente y preparada.

La temeridad es codiciosa, intrigante  y destructiva. La valentía se contenta y agradece lo que tiene, comportándose con humildad y sabia administración de lo que va logrando.

La temeridad es orgullosa. La valentía es humilde, requiere entrenamiento y disciplina.

La temeridad busca gloria. Su interés es egoísta, por lo que  es capaz de dividir y arrastrar a los otros hacia su propio estado de debilidad con tal de no pedir ayuda. La valentía, en cambio, busca honor y para lograrlo ayuda a su compañero porque se sabe parte de una comunidad.

La temeridad es blasfema, engendrada por el desafío y la falta de respeto. La valentía es reverente y se acoge a los valores superiores.

La temeridad es una defensa maníaca y omnipotente propia de los estados más primitivos y vulnerables de la personalidad, basada en el odio, el resentimiento  y la envidia.

La valentía es una defensa sana, proveniente de un yo maduro y sensato, que ha aprendido de la experiencia, en contra de la decadencia personal y nacional.

El temerario, entonces, es alguien a quien no le importa nada ni nadie, carece de ideales y de verdadero afecto por nadie. No respeta su vida, por lo que se arroja ante el peligro de manera irresponsable, loca e irracional.

En cambio el valiente es capaz de sacrificar su integridad física, su prestigio y hasta su vida, por amor y por sus convicciones. Y muy contrario a lo que suele pensarse, solo quien es capaz de sentir miedo es quien puede llamarse valiente. Lo que ocurre es que el valiente no deja que el temor lo paralice, sino que lo atiende en tanto señal de alarma, y luego actúa. Por eso, no es lo mismo sentir miedo que ser cobarde.

El valiente es racional, piensa en las consecuencias de sus actos y hasta puede llegar a inhibirse si sopesa que las eventuales consecuencias no lo ameritan. Siempre antepone lo que considera correcto. De hecho, a veces hace falta más valentía para quedarse quieto o retroceder y resistir pacientemente y en silencio, que para dar un golpe. Hace falta más valentía para esperar el momento oportuno para volver actuar sin impulsividad. Obviamente se requiere mucha madurez, prudencia e integridad para lograr este cometido.

¿Cómo entonces integrar estos dos aspectos? Es decir, la identificación inconsciente que hace ceder la individualidad en favor de la masa, por un lado. Y por otro, la racionalidad necesaria y característica de la valentía sostenida que se requiere para lograr una meta.

De acuerdo con Bion, psicoanalista inglés, quien estudió mucho la psicología grupal, en todo grupo hay dos corrientes simultáneas. Una es la corriente objetiva y consciente, que denominó grupo de trabajo. Y la otra, una fuerza inconsciente, a la que denominó supuestos básicos.

Existen tres modalidades de supuestos básicos:

  • El de dependencia, en el que el grupo sostiene la convicción inconsciente de que está reunido para que alguien, de quien el grupo depende de forma absoluta, provea la satisfacción de todas sus necesidades y deseos.
  • El de ataque y fuga, en el que el grupo sustenta la idea de que existe un enemigo dentro o fuera del grupo, del cual es necesario huir o atacarlo.
  • El de apareamiento, en el que el grupo comparte la creencia de que no importa cuál sea el problema presente y las necesidades del grupo, ya que algo o alguien, en el futuro, lo resolverá. Es la esperanza mantenida  a toda costa.

Los supuestos básicos, precisamente porque operan de manera inconsciente, representan una interferencia con la tarea del grupo de la misma manera en que los impulsos primitivos pueden interferir con el trabajo de una persona madura. Cuando se está bajo su influencia, los miembros del grupo se encuentran confusos, tienen mala memoria y se desorientan en el tiempo. El lenguaje no se desarrolla como un método para pensar sino como una forma de actuar.

Entonces, cuando el grupo funciona predominantemente bajo la influencia de algún supuesto básico, no aprende ni se adapta a partir de la experiencia, demanda satisfacción instantánea y se resiste al cambio. Y hay un intento del grupo por seducir a los líderes para alejarlos de la tarea.

Esto lo hemos visto en múltiples ocasiones cuando la masa, en nuestras marchas, le exige a los dirigentes ir hasta Miraflores. No así en lo que pudimos ver en este documental, en donde todos se plegaban a la tarea del grupo de trabajo, retrocediendo cuando era necesario. Eso les permitió organizar centros de comida, asistencia jurídica, puestos médicos, centros de información, en los que todos confiaban plenamente, en lugar de tirarse unos a otros, como muchas veces vemos por estos lares.

Por el contrario, cuando el grupo funciona predominantemente bajo la corriente del grupo de trabajo, entonces se logran las metas.

Sin embargo, es importante tener claro que tanto el grupo de trabajo como los supuestos básicos son dos corrientes, una consciente y otra inconsciente, que se encuentran siempre presentes en diversos grados, aunque en ocasiones alguna pueda predominar sobre la otra. Podríamos suponer que la temeridad se encuentra sustentada por los supuestos básicos, mientras que en la valentía predomina el grupo de trabajo.

Ahora bien, así como es importante comprender el funcionamiento inconsciente individual y colectivo de los grupos de resistencia, también  es necesario tener bien claro cuál es el funcionamiento inconsciente que prevalece en los grupos represores y en el de de todos los actores que intervienen en un proceso como el que ocurrió en Ucrania y está ocurriendo en nuestro país.

Resulta muy difícil equiparar lo que ocurrió allá con lo que está ocurriendo en Venezuela. No solo son gestas históricas diferentes, también son diferentes las idiosincrasias de ambo pueblos.

Es por ello que aunque el documental que acabamos de ver en este momento nos parezca extraordinario, porque nos brinda esperanza y nos está brindando la oportunidad de reflexionar y hacer catarsis, es, a mi juicio, un documental extremadamente simplista porque nos brinda una mirada desde una sola perspectiva: la de la gente en la calle.

Relata la historia sin mostrarnos en detalle a los actores internacionales ni a los actores locales desde el punto de vista del gobierno. Sin una mirada socio política un poco más amplia que permita entender de qué va el asunto, sin comprender cuáles eran y cómo actúan las otras líneas de fuerza que también hacen juego dentro de un conflicto como este, es difícil poder comprender la profundidad de esa experiencia.

Pienso que quedarnos solamente con esta perspectiva puede resultar peligrosamente naif; como naif puede resultar la mirada que desafortunadamente tiene mucha gente en una situación como la de Venezuela, al pensar que el asunto solo tiene que ver con la calle. Cuando esto ocurre se corre el riesgo de actuar con temeridad y no con valentía. Y es que hay que ver la magnitud del narco gobierno al que nos estamos enfrentando los venezolanos.

A los represores de nuestro país les falta la integridad para hacer lo correcto. Les cuesta mucho —porque tampoco ellos son libres—  dejar por fuera los intereses individuales y ventajosos con los que se sirven del oportunismo y la corrupción. Es por ello que se mantienen indolentes ante el mal de muchos. Como grupo actúan predominantemente, bajo el supuesto básico de dependencia.

Podríamos pensar que al igual que  los jóvenes ucranianos, nuestros jóvenes guerreros también se sienten estafados. Sienten que la Constituyente en poco tiempo les robará el futuro. Están dispuestos a hacerse matar antes que permitir que Venezuela se transforme en una dictadura comunista como la de Cuba. Sus actos de defensa los han transformado. También han presentido el poder invencible que les genera pertenecer a esa masa.

Ojalá que como grupo, estén mayormente influidos por la corriente del grupo de trabajo y no por el supuesto básico de ataque y fuga. Ojalá logren controlar sus sentimientos y no provoquen demasiado al enemigo. Ojalá su valentía pueda ser el producto de un acto racional organizado, para que pueda sostenerse la lucha. Y que la lucha no provenga del odio, la envidia y el resentimiento, sino de la integridad y el amor por la libertad.

Y ojalá los demás actores que se les van uniendo puedan deponer el narcisismo y sus intereses personales, para que no pierdan de vista los ideales superiores que son lo único que le permite al ser humano resistir con valentía y coraje por su libertad.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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