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Hugh Hefner PRECURSOR DE LA ESCALADA ERÓTICA, por Rubén Monasterios

5th September 1969: Hugh Hefner, head of the Playboy Clubs on a visit to his London club in Park Lane, London. With him is his 19 year old girl friend Barbara Benton and a group of Bunny Girls. (Photo by Central Press/Getty Images)
Una de sus singularidades de Hefner en ‘Playboy’ fue la combinación de buena literatura, erotismo sin conflicto (el sexo asumido como algo normal y cotidiano), crítica política ácida, y arte…

Especial para Ideas de Babel. Hugh Hefner, fundador de la revista Playboy, murió el miércoles en la Mansión Playboy rodeado de seres queridos, dijo la revista en un comunicado. Tenía 91 años y murió por causas naturales.

El hombre conocido por millones simplemente como ‘Hef’ nació el 9 de abril de 1926 en Chicago, el mayor de dos hijos. Sus padres eran metodistas estrictos y Hefner fue a las escuelas de Chicago antes de unirse al ejército, asistiendo al Chicago Art Institute y graduándose de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign con un grado en psicología.

Después de trabajar primero como redactor para Esquire —donde según informes se fue porque no obtuvo un aumento de 5 dólares— Hefner decidió iniciar su propia publicación y recaudó 8,000 dólares de 45 inversores para lanzar Playboy. Originalmente había planeado llamarla Stag Night, pero se vio obligado a cambiar el nombre para evitar la infracción de marcas..

Playboy

El éxito de Playboy (Chicago, noviembre-diciembre de 1953) fue inmediato. Uno de los iniciadores del nuevo periodismo, Gay Talese, escribió en The Saturday Review que la nueva publicación “hace que los viejos números de Esquire en sus días más desinhibidos parezcan boletines de la Asociación de Mujeres para la Templanza”.

Históricamente, esta revista controvertible fue inicialmente una precursora de la Escalada Erótica, al lado de otras energías culturales como las investigaciones de Kinsey, el movimiento hippie y otros avances libertarios, contraculturales y favorables a la igualdad de los derechos de las diversidades sexuales y de cualquier otra índole. Y en medio de la vorágine de los Años de la Conmoción, los sesenta, sería una de sus fuerzas impulsoras. A la larga, como suele suceder con todo lo de carácter contestatario, terminó integrándose al establecimiento.

En el asunto de la sexualidad explícita, Hefner avanzó con cautela. Las primeras fotos de desnudos, incluyendo la de Marilyn Monroe (1953), destinada a convertirse en la fotografía de desnudo femenino más famosa del mundo, fueron de intención ‘artística’, muy lejos del cheesecake.

Playboy juguetea con el cheescake: pornoerotismo con una chispa de humor. Pero al menos con tanta frecuencia su desnudo es dramático en el sentido de ‘serio’, sin chiste, con lo cual descarta lo humorístico, que viene a ser algo así como la válvula que facilita el escape de la tensión de lo erótico. Lo apreciamos en los componentes de la puesta en cámara de la imagen: ambientación, iluminación, intrusión de la toma, enfoque, pose y actitud anímica de la modelo. Los cancerberos del pudor público suelen dejar pasar, no sin un gesto de repugnancia, el cheescake no excesivamente exhibicionista. En cambio, son severos con el desnudo dramático, especialmente si es realista. Hefner, en sus inicios, se valió del consabido recurso de borrar el vello púbico de los negativos.

La principal innovación consistió en un desnudo gráfico en las páginas centrales, el de MM. Toda una osadía en una sociedad en la que este tipo de publicaciones eran casi inexistentes y editadas en la clandestinidad. Con todo, deberían correr muchos números de esa revista para que aparecieran en sus páginas mujeres exhibiendo el vello púbico. La primera playmate mostrándolo fue Maguerite Empey, en la edición de febrero de 1956. Unos cuantos años más tarde, y a medida que el entorno cultural se hacía más propiciatorio, se atrevería a mostrarlas con las piernas abiertas, dejando ver su más ‘íntima intimidad’, y en situaciones claramente sexuales: masturbatorias, heterosexuales o lésbicas, incluyendo imágenes de hermanas gemelas en sospechosas composiciones. Hasta donde alcanza mi información, la homosexualidad masculina y la pedofilia no han sido motivos de Playboy. Otras parafilias han sido más o menos sugeridas.

El porno de Playboy siempre ha sido más sofisticado que el de las otras revistaspara hombres’ que a breve plazo salieron por docenas al mercado. Hacia los sesenta, las fotografías de bellezas cuidadosamente producidas, sin una sola mácula, propias de la revista, empezaron a resultar demasiado artificiosas, inclinándose el gusto de los lectores hacia imágenes femeninas más realísticas, o más auténticamente parecidas a cualquier bella mujer que uno pueda ver en la calle. Otras publicaciones análogas como Penthouse (1965), Screw (1968) y Hustler (1974) optaron por tipos femeninos menos refinados, poses más exhibicionistas y tratamiento de la fotografía menos intervenida para hacerla lucir más natural; ante sus arremetidas, la gente de su equipo sugirió a Hefner la necesidad de apuntarse en esa tendencia, a lo que él se opuso, porque no quería que “sus bunnys lucieran como fregonas”. Playboy se volvió más exhibicionista, según lo he señalado, pero sus modelos siguieron impecables, maquilladas de los pies a la cabeza, fotografiadas por artistas meticulosos; mujeres de la fantasía, imposibles, en pocas palabras; porque según Alain Bernardin, todo un experto, fundador del legendario nightclub nudista Crazy Horse de París, sólo una mujer entre cada diez mil puede presentarse en público desnuda sin maquillaje corporal.

De Playboy podría decirse que fue uno de esos fenómenos afortunados que ocurren en el momento justo en el lugar preciso; buena parte de la población de adultos jóvenes —de los que después llamaríamos “adultos contemporáneos”— del mundo occidental y cristiano, parecía haber estado esperando algo semejante a esa revista. Sus contenidos reflejan tensiones del ambiente sociocultural; de otro modo no sería explicable su aceptación masiva. Aquellos provistos de los recursos indispensables para ser un playboy, encontraron en la revista las pautas para abordar un estilo de vida deseado; otros, a través de ella abrieron una ventana hacia un sueño inalcanzable. El proletariado sexual encontró en sus páginas la satisfacción virtual de sus anhelos. En este aspecto, es revelador el comentario de un sujeto al justificar su compra de una revista en un kiosco: “Bueno, a mi me gustan las mujeres como éstas, pero no tengo con qué mantener a una… Así que compro Playboy”.

Una de sus singularidades fue la combinación de buena literatura, erotismo sin conflicto (el sexo asumido como algo normal y cotidiano), crítica política ácida, y arte… En sus páginas figura una Pamela Anderson como vino al mundo, al lado de Andy Warhol, o de Picasso, ilustrando un relato de Ray Bradbury. Aquí una entrevista en profundidad, inteligente, al millonario Paul Getty o a Woody Allen, y allá un relato de Truman Capote o de García Márquez.

Se ha dicho que Playboy alimentaba las mentes del ciudadano americano, a la par que saciaba su insatisfecha lujuria, ávida de sensaciones que hasta entonces le estaban vedadas. El hecho es que la revista contribuyó a redefinir las actitudes frente a las libertades y los derechos civiles; promovió la integración racial: Playboy reprodujo el último artículo de Martin Luther King antes de ser asesinado por supremacistas blancos. Le dio cabida en sus páginas a la belleza negra: la primera playmate afroamericana en las páginas centrales fue Jennifer Jackson, en marzo de 1965. Sin encendidas proclamas, la publicación fue un importante respaldo a la lucha por los derechos civiles de los negros, en su momento álgido. En lo concierniente al asunto de  nuestro interés en este escrito, el cómic impúdico, Playboy le dio amplio espacio en sus páginas a una nueva proposición de historieta de tal naturaleza, impecable en su estética plástica, ingeniosa y ácida en sus contenidos eróticos, sociales y políticos.

La filosofía existencial promovida por Playboy, ese vivir “sofisticado, cosmopolita, urbano, diverso, promiscuo, fluido” propuesto al hombre soltero, provisto de recursos económicos y no excesivamente apegado a las reglas morales convencionales, tuvo resonancia en la colectividad. En sus editoriales, escritos por Hefner, expone sus ideas respecto a una nueva forma de vivir: “Yo siempre he dicho que Playboy no es una revista de sexo, sino una publicación sobre estilo de vida que dedica una atención especial al sexo, porque el sexo es una parte importante de la vida”.

Probablemente no ha habido en el mundo un hombre más envidiado que Hugh Hefner, porque inevitablemente cada lector pensaba que las hermosuras de mujeres aparecidas en las páginas de su revista, también habían estado en su lecho; lo cual tal vez no estaba muy lejos de la verdad; al menos, así lo hacía ver la promoción de la imagen de Hefner. Quizá tampoco ha existido en la historia una publicación periódica más cuestionada que Playboy; la acosaron los puritanos conservadores de las ligas y asociaciones de decencia; la persiguieron las autoridades norteamericanas: pasó tragos amargos durante el mandato de Reagan; fue prohibida por pornográfica en varios países*. La izquierda la condenó como instrumento del imperialismo; los movimientos feministas, por la manipulación que hacía de la femineidad; algunos círculos intelectuales la despreciaron por difundir un estilo de vida frívolo, evasivo, ficticio y ajeno a la ‘realidad concreta’. Lo cierto es que cualquiera sea la actitud ante ella, no puede dejar de reconocerse su importancia por sus aportes literarios, documentales, de información y gráficos.

Hefner encaró a sus objetores con valor e ingenio, aunque no siempre quedó bien parado en las polémicas; al respecto, recuerdo una anécdota que no logro precisar documentalmente, de una confrontación con notables feministas en un programa de alta sintonía de la TV norteamericana; ante la crítica de haber transformado a la mujer en un ‘objeto sexual’, Hefner afirmó que en su organización siempre se había respetado a la mujer; una de las participantes respondió: “Se lo creeré cuando usted se presente a este programa con una colita de conejo puesta en el culo”

* En los albores del glásnost y la perestroika, en la aduana de Varsovia me decomisaron un par de ejemplares que había comprado en Italia, previendo que en Polonia tendría dificultad de encontrar algo que leer por mi ignorancia del idioma. Todavía hoy Playboy es ilegal en algunos países.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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