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Hazañas fabuladas LAS NOVELAS DE CABALLERÍAS Y EL CONQUISTADOR ESPAÑOL, por Enrique Viloria Vera

Amadis de Gaula
Idealización del amor del caballero por su dama: verdadera expresión del amor cortesano, sumisión a la dama, idolatría rayana en el masoquismo cargada de relaciones sexuales fuera del matrimonio que terminan en un final feliz.

Según Sebastián de Cobarrubias, en su obra de 1611 Tesoro de la Lengua Castellana o Española, los Libros de Caballerías “son aquellos que tratan de hazañas de caballeros andantes, ficciones gustosas y artificiosas de mucho entretenimiento y poco provecho, como los libros de Amadís, de Don Galaor, el caballero de febo y los demás.”

Los estudiosos de estas novelas de caballerías añaden que además de celebrar las hazañas fabuladas de los caballeros andantes —Amadís, Palmerín, el rey Arturo y los caballeros de la Tabla Redonda, los doce pares de Carlomagno, Romancero— exhiben —en contraposición a la fiereza de casaca y a la violencia guerrera— el masoquismo amoroso inspirado en el medieval amor cortés.

Mario Vargas Llosa, por su parte, en el prólogo a la Edición del IV Centenario de Don Quijote de la Mancha, expresa que: “los libros de caballerías son narraciones que tienen como protagonista al caballero andante y cuya acción o trama es, esencialmente, una sucesión de hazañas, pero que son ‘ficciones’. Esto último parece esencial: si los elementos no son ficticios (o sea si el protagonista ha existido y las hazañas se han realizado), la narración ya no es un libro de caballerías, sino un libro de historia y merecería el grave nombre de crónica”.

En coherencia con los criterios expuestos, los analistas de estas obras de ficción caballeresca señalan que principales características son las siguientes:

Ficciones de primer rango: importan, en consecuencia, más los hechos que los personajes arquetípicos y planos, que son traídos y llevados por la acción, sin que ésta los cambie o los transforme y sin que importe demasiado sus rasgos psicológicos.

Estructuras abiertas: son inacabables aventuras, abren la ocasión para infinitas continuaciones posibles; expresan la necesidad de hipérbole o exageración, la amplificación sucesoria está presente en las sagas, es decir que cada generación subsiguiente tiene que superar las hazañas, hechos de armas o fama de su progenitor. En general, los héroes son inmortales, siempre existe un camino abierto para nueva salida. Exista igualmente una total falta de verosimilitud geográfica, su espacio es la imaginación lógica.

Búsqueda de honra, valor, aventura a través de diferentes pruebas físicas. Se basan en estructuras episódicas donde el héroe pasa por distintas pruebas de valentía y arrojo inverosímiles. Casi siempre la motivación principal del caballero es fama y amor.

Idealización del amor del caballero por su dama: verdadera expresión del amor cortesano, sumisión a la dama, idolatría rayana en el masoquismo cargada de relaciones sexuales fuera del matrimonio que terminan en un final feliz.

Violencia glorificada: el valor personal se expresa con hechos de armas: combates individuales entre señores para conseguir la fama; o bien  torneos, ordalías, duelos, batallas con monstruos y gigantes. Todo ello además para contar con el favor de la amada.

Nacimiento ilegítimo del héroe: usualmente el protagonista es hijo espurio de padres nobles desconocidos —las más de las veces reyes—, por su propio destino debe hacerse héroe, ganar fama y merecer su nombre. En muchas ocasiones su espada mágica, todopoderosa, está dotada de poderíos sobrehumanos, y goza del favor de algún mago o hechicero partidario.

Los sesenta y tres libros de caballerías más celebrados, los cuales contaron con innumerables ediciones y traducciones, se suelen clasificar en pertenecientes a ciclos o sagas o sueltos. Entre los primeros los correspondientes a ciclos principales, que pueden contener otros subciclos, son los siguientes:

  • Ciclo de Amadís de Gaula
  • Ciclo de Belianís de Grecia
  • Ciclo de Clarián de Landanís
  • Ciclo de la Demanda del Santo Grial
  • Ciclo de Espejo de caballerías
  • Ciclo de Espejo de príncipes y caballeros o El caballero del Febo
  • Ciclo de Felixmagno
  • Ciclo de Florambel de Lucea (Francisco de Enciso Zárate)
  • Ciclo de Florando de Inglaterra
  • Ciclo de Floriseo
  • Ciclo de Lepolemo o el Caballero de la Cruz
  • Ciclo de Morgante (Traductor-autor: Jerónimo Aunés)
  • Palmerín de Inglaterra (Traductor-autor: Miguel Ferrel)
  • Ciclo de Palmerín de Olivia
  • Ciclo de Renaldos de Montalbán
  • Ciclo de Tristán de Leonís

Entre los llamados sueltos que no corresponden a sagas o series figuran Arderique (del bachiller Juan de Molina), el antiguo Libro del caballero Cifar, Cirongilio de Tracia (de Bernardo de Vargas), Claribalte (de Gonzalo Fernández de Oviedo), Cristalián de España (de Beatriz Bernal), Febo el troyano (de Esteban Corbera), Felixmarte de Hircania (de Melchor Ortega), Florindo (de Fernando Basurto), el anónimo Guarino Mesquino, Lidamor de Escocia (de Juan de Córdoba), Olivante de Laura (de Antonio de Torquemada), los anónimos Oliveros de Castilla y Philesbián de Candaria, Policisne de Boecia (de Juan de Silva y de Toledo), Polindo, el famoso Tirante el Blanco de Joanot Martorell y Martí Joan de Galba, y Valerián de Hungría (de Dionís Clemente). (Fuentes varias)

A los efectos de la influencia de estas novelas sobre el imaginario del conquistador español, vamos a poner el énfasis en el quinto libro de la saga del Amadís de Gaula: Sergas del Esplandián que tanta influencia tuvo en los conquistadores españoles del Nuevo Mundo, cuyo autor fue Garci Rodríguez de Montalvo.

La novela, cuyo título significa Las hazañas de Esplandián, relata las aventuras de este caballero, el hijo primogénito de Amadís de Gaula y la princesa Oriana de la Gran Bretaña. Narra numerosos rebates del héroe con gigantes, nobles siniestros y hasta con su propio progenitor, Amadís, quien le desafía para probar su valor, sin que Esplandián conozca su identidad. También se describen los castos amores del protagonista con la infanta Leonorina, hija del Emperador de Constantinopla, y el terrible cerco de los musulmanes a esa ciudad, que concluye finalmente con la victoria de los cristianos. Al término de la acción, Esplandián contrae nupcias con Leonorina, y el Emperador de Constantinopla abdica la corona en su favor, todo para un final cortesanamente feliz, como de película norteamericana.

Una de las denominaciones de las comarcas ficticias incluidas en Sergas del Esplandián, es el de la Ínsula California, el real señorío de Calafia, Reina de las Amazonas, que como hoy sabemos alcanzó singular notoriedad cuando los conquistadores españoles lo asignaron a una vasta y actual región de México y los Estados Unidos. En este sentido, Uslar Pietri señala su popularidad entre los hispanos venidos al Nuevo Mundo convencidos de la necesidad de conquistar el mítico Reino de las Amazonas. Sobre este particular Uslar comenta: “El gran auge de los libros de caballería coincide con el comienzo de la empresa de Indias. Amadís de Gaula, que fue el modelo definitivo del género, apareció bastante antes de que Cortés saliera a la conquista de México. En las cartas y documentos de los conquistadores aparece con frecuencia el recuerdo de los libros de caballería. Uno de los más populares fue el de las Sergas del Esplandián, que narraba las descomunales aventuras del hijo de Amadís. Una de las mayores aventuras del Esplandián fue su tentativa de conquistar el reino de las amazonas. Las amazonas del libro español eran, en el fondo, las mismas del mito antiguo, pero con algunas importantes novedades. La reina guerrera ostenta un nombre nuevo que va a tener, gracias a la Conquista, enorme resonancia histórica y geográfica. La reina se llama Calafia y su país California. Los españoles creen que pueden encontrarlo dentro de la desconocida e imaginaria geografía americana”.

A pesar de que generalmente se le ha considerado inferior al gran libro Amadís de Gaula, la obra de Rodríguez de Montalvo tuvo una gran popularidad entre los conquistadores españoles del Nuevo Mundo, como lo demuestra el elevado número de ediciones acreditadas: Sevilla (1510), Toledo (1521), Roma (1525), Sevilla (1526), Burgos (1526), Sevilla (1542 y 1549), Burgos (1587), Zaragoza (1587) y Alcalá de Henares (1588).  Vargas Llosa lo considera un verdadero acierto y Uslar Pietri resalta su importancia en el imaginario del conquistador ibérico.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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