Inicio / CINE Y TV / Ghost in the Shell EL CYBORG NARRATIVO DE LA POSMODERNIDAD, por Luis Bond

Ghost in the Shell EL CYBORG NARRATIVO DE LA POSMODERNIDAD, por Luis Bond

Ghost in the shell 1
‘Ghost in the Shell’ es una de las adaptaciones estéticas de un animé mejor logradas de toda la historia.

El profesor Lev Manovich desarrolló un concepto bastante particular en esta época de la posmodernidad cinematográfica: Remediation, un fenómeno que podría definirse como la retroalimentación entre dos experiencias narrativas que, aparentemente, no tienen nada que ver una con la otra.

Por ejemplo, cuando un vídeo-juego toma elementos del cine para sus secuencias de acción que, tiempo después, terminan siendo absorbidas y reinterpretadas de nuevo por el séptimo arte. Verbigracia, largometrajes como Tron: Legacy o Scott Pilgrim o películas que toman del animé como Inception (Paprika) o Pacific Rim (Evangelion). Los casos son cada vez más numerosos en la modernidad, pero, sin lugar a dudas, uno de los más emblemáticos de este fenómeno es The Matrix y su inspiración en el clásico del animé Ghost in the Shell. Casi dos décadas después, Rupert Sanders decide emprender la titánica tarea de adaptar directamente a la pantalla grande el manga de Masamune Shirow, utilizando como punto de inspiración la versión animada de 1995 a cargo Mamoru Oshii, asumiendo el reto de no perderse en el eco del eco del eco de la Remediation. El resultado es una película ambiciosa, visualmente espectacular y que, al igual que el universo que recrea, es una especie de cyborg narrativo posmoderno donde el producto final es algo conocido y nuevo a la vez.

Ambientada en un futuro no muy lejano donde la delgada línea que separa a los humanos de las máquinas se ha ido desdibujando más y más, la historia de Ghost in the Shell se centra en Major (Scarlett Johansson), la primera mujer cyborg completamente funcional. Con un cerebro humano y un cuerpo enteramente mecánico, desconectada emocionalmente de sí misma y con un pasado borroso, Major se transforma en un arma letal de la poderosa Sección 9, una organización encargada de combatir el terrorismo informático en una sociedad completamente dependiente de la tecnología. Temeraria y rebelde, Major vive colocando su vida en riesgo sin importarle nada, hasta que las cosas se le complican cuando se sumerge en la investigación de varios atentados que comete un misterioso hacker decidido a destruir Hanka Robotich, la compañía pionera en el campo de los cyborg, responsables de la creación de Major. Durante el desarrollo de su investigación, Major descubrirá cosas de su pasado y, al mismo tiempo, entenderá que su mundo es más frágil de lo que ella piensa.

Como toda adaptación cinematográfica, las comparaciones odiosas están a la orden del día, sobre todo cuando se trata de un animé de culto el que está siendo llevado a la pantalla grande. Dejando a un lado las decisiones de Sanders de enfocarse en la acción y la estética en detrimento de la profundidad filosófica del animé, Ghost in the Shell tiene muchas virtudes. Lo primero que hay que resaltar, duélale a quién le duela, es que se lleva el premio de ser una de las adaptaciones estéticas de un animé mejor logradas de toda la historia (algo que se agradece, sobre todo al ver las terribles Live-Action que han hecho tanto en Hollywood como en Japón). Por otro lado, están las grandes actuaciones de los pequeños personajes interpretados por Takeshi Kitano, Michael Pitt y Pilou Asbaek. Un coro que apoya a una Scarlet Johansson fría y distante que, por primera vez, lejos de despertar morbo, logra generar en el espectador la desconexión erótica que posee el personaje que encarna (a pesar de su traje ceñido y provocador, dicho sea de paso).

En el apartado técnico, la dupla de Clint Mansell y Lorne Balfe en la música le dan el acabado perfecto al diseño de producción de Jan Roelfs (que deja colar ecos de Gattaca, Blade Runner y The Matrix), creando una atmósfera que te arropa desde que arranca la película. Poco hay que decir de la dirección excelsa de Sanders que, desde su salto a la palestra con Snow White and the Huntsman, hace de cada plano una delicia estética lleno de referencias —y mucho veneno— que se funden en ese Remediation posmodernista de la que se declara por completo heredero con Ghost in the Shell.

A pesar de sus detractores del lado de la crítica, los otakus ofendidos y los puristas de la adaptación, Ghost in the Shell es una gran película. Como ejemplo de Remediation, Sanders hizo un excelente trabajo adaptando el espíritu del animé, sumándole pedazos de otros lados del cine mainstream y teniendo el valor —o la osadía— de hacer suya una historia con una impronta tan grande que, fácilmente, lo ha podido haber devorado como director. Aunque la densidad de la fuente original se pierde entre tantas secuencias de acción, las ideas provocativas y el sustrato filosófico de la obra de Masamune Shirow siguen habitando en el fondo de la película. Si al igual que después de ver el animé, el espectador sale cuestionándose el status quo y haciéndose preguntas acerca de los alcances de la tecnología y la despersonalización de los humanos, podemos decir que Sanders hizo bien la tarea. Llevar tales dilemas al público mainstream no es algo que pueda hacerse siempre, aunque sean temas harto necesarios de discutir en nuestra modernidad. Solo esperemos que el público se dé el espacio para reflexionar al salir de la sala de cine antes de enchufarse a sus prótesis 2.0 para vivir en el mundo virtual de las redes sociales.

Lo bueno: su propuesta visual alucinante. El universo que crea: una suerte de híbrido entre Blade Runner, el cine Sci-fi de los noventa y el cyber-punk con pizcas neo-noir. Scarlett Johansson, hermosa como siempre. La música y las secuencias de acción. Los momentos calcados del animé.

Lo malo: toda la densidad psicológica y filosófica del animé queda opacada por la acción. Personajes como Batou, Aramaki, Togusa y Kuze quedaron muy segundo plano. El guión, por momentos, quiere entrar en aguas profundas, pero se queda en la orilla.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

Te interesa

Arepas-Venezolanas-Maru-Aveledo-2-e1495211645479-660x330

Todo lo que desea saber sobre la arepa Y NO SABE A QUIÉN PREGUNTAR… O NO SE ATREVE, por Vanessa Rolfini

La palabra ‘arepa’ irrumpe con fuerza en la escena gastronómica internacional, se escucha en voz alta …

Deja un comentario