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Gastronomía, música y tradiciones populares LA NAVIDAD VENEZOLANA, por Tulio Hernández

Uno de los platos mas reconocidos y elaborados que se presenta en la gastronomía venezolana es, sin lugar a dudas, la hallaca.

En Venezuela la navidad es extensa, festiva, ruidosa y a un mismo tiempo íntima,  familiar, y pública. Es el gran momento de la cultura tradicional venezolana. De nuestra afectividad compartida. En algunos lugares, como en el Zulia, comienza en diciembre con las celebración de La Chinita. Y en otros se extiende hasta febrero el día de La Candelaria cuando mucha familias desmontan el pesebre.

La celebración navideña reúne tres tipos de manifestaciones que, articuladas, crean una atmósfera muy original, única, en el contexto de las festividades navideñas de otros países latinoamericanos.

El primer componente es la Mesa Navideña. Somos el único país donde el mismo menú se consume de la misma manera, con pequeñas variantes regionales,  en toda la geografía nacional. Junto al pan de jamón y la ensalada de gallina, nuestra mesa de navidad tiene como corazón la hallaca. Un híbrido entre pastel y tamal, con base en una masa de maíz, envuelto en hojas de plátano, objeto de veneración de los venezolanos, cuya realización es un verdadero ritual y pretexto de reunión familiar tan importante como las cenas de Navidad y Año Nuevo cuando básicamente se consumen.

El segundo componente, el repertorio musical navideño, tiene tres manifestaciones principales. Los aguinaldos, primero, una evolución de los villancicos españoles originarios, que con particularidades nacionales posee letras y estructuras melódicas similares a otros países de América Latina. Segundo, las parrandas, o parrandón, género propio de la región central que tiene como base instrumental el cuatro –el gran instrumento nacional–y las maracas, con una clara presencia de la percusión afro, que a diferencia de los aguinaldos no se centra exclusivamente en temas religiosos de alabanza a la Natividad sino que incorpora otros de la vida cotidiana centrados especialmente en la fiesta, el alcohol y la celebración.

Y, por último, la gaita zuliana, música inicialmente regional, propia del estado más grade del occidente, que hoy ha sido adoptada en todo el país como la gran música decembrina. Inicialmente marcada igual por el cuatro, las tamboras, la charrasca y el furruco –un instrumento de percusión que se toca con una varilla de bambú que se frota contra el cuero de un tambor–,con el transcurso del tiempo se le han ido agregando violines, guitarras y pianos eléctricos, hasta hacerse una música plenamente urbana.

A diferencia de los dos anteriores los temas de las gaitas son absolutamente diversos. El gaitero hace crítica social, les canta a las mujeres bonitas, a la región zuliana, a la geografía de otras regiones, al año nuevo, a las hallacas, a La Chinita –la patrona del estado Zulia–, y solo excepcionalmente al tema central de los aguinaldos, el nacimiento del Niño Jesús.

El tercer componente son las fiestas populares tradicionales destacan la Danza de los Pastores, el día de los Locos y Locainas, la Fiesta de San Benito, la Paradura el Niño y la Bajada de los Reyes Magos.

La Danza de los Pastores se celebra en los estados centrales de Aragua y Carabobo, luego de la Misa de Gallo, la que se oficia la noche del 24 de diciembre. Es una representación teatral, con serenas coreografías acompañadas de aguinaldos de adoración al niño. Los pastores portan faldas hechas con tiras de papel coloridos acompañadas con sombreros decorados con flores y lazos, y en sus manos unas varas largas de las que cuelgan cascabeles que hacen sonar para marcar los pasos de la danza.

La fiesta de Locos y Locainas se realiza el 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, en diversas regiones, pero tiene su expresión mayor en Sanare, población  del estado Lara. Es un auténtico carnaval en el que los hombres se disfrazan de mujeres, o de animales mitológicos, hacen bromas, piden dinero y alcohol, y en la misa central bailan a los niños para ayudarles a curar enfermedades o protegerlos de la mismas en el año que viene.

Las Fiestas de San Benito se realizan también a finales de diciembre en los estados Zulia y Trujillo, incluyen misas, procesiones, quema de pólvora y, sobre todo, eufóricos bailes que se realizan por las calles de las poblaciones al ritmo de los chimbangueles, tambores originarios africanos alargados que los músicos se colocan terciados al cuerpo para facilitar su movilidad. La celebración, orgiástica, comienza en horas de la mañana y en algunas poblaciones puede alargarse hasta la madrugada.

Y la Paradura y Robo del Niño, es una celebración propia de los estados andinos, especialmente de Mérida. La ceremonia representa el pasaje bíblico de la infancia de Jesús: el niño perdido y hallado en el templo. Se realiza en el hogar anfitrión frente al  pesebre familiar. Los padrinos, seleccionados por la familia donde ocurre, levantan la figura del niño y lo hacen andar. Luego se hace una “serenada” que consiste en una procesión de la imagen del niño llevado en andas por los padrinos sobre una tela a manera de hamaca, acompañados de vecinos y paseante, al ritmo de violines, se baila, encienden velas, rezan oraciones, y al final se sirven bizcochuelos y brindis con vino y aguardiente.

Por supuesto que también ocurre la Navidad globalizada. En los centros comerciales se colocan figuras de Santa Claus o sus representaciones en vivo para que los niños se tomen fotos. Junto a los pesebres se instalan arbolitos de Navidad que en algunos lugares se adornan con la nieve de la Navidad americana. En las grandes ciudades, los teatros reciben presentaciones del Cascanueces y en la radio también suenan Jingle Bells, Noche de Paz y Rodolfo el Reno. Pero su presencia no acalla la vitalidad de la hallaca y del pan de jamón, de las parrandas, los villancicos y las gaitas, que juntas recrean año a año una de las tradiciones más solidas de la nación venezolana.

Publicado originalmente en https://www.fronteraviva.com/gastronomia-musica-y-tradiciones-populares-la-navidad-venezolana

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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