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Festival Binacional de Cine Colombia Venezuela HISTORIAS DE DOS HERMANOS QUE NO SE CONOCEN

Festival Binacional de Cine Colombia Venezuela recortadoDel 9 al 15 de agosto se proyectará una selección de películas venezolanas contemporáneas en el Cine Colombia de la Av. Chile, el Museo de Arte Moderno de Bogotá y la Universidad del Rosario, en la capital colombiana. Y la última semana del mismo mes una selección de películas colombianas se presentará en el prestigioso Trasnocho Cultural de Caracas. Una iniciativa que busca la integración y el reconocimiento artístico entre ambas naciones.

Dos hermanos. Uno está al lado del otro. Ambas saben que se necesitan. Pocas veces se voltean a verse. A ratos escuchan voces que suenan lejanas… y hasta familiares. Pero estos dos hermanos no se conocen.

Este ha sido el signo característico de las relaciones entre Colombia y Venezuela, más allá del intenso intercambio comercial que una vez hubo y hoy se recuerda con nostalgia. Lo curioso es que se hacían negocios entre desconocidos: importaban las cifras de mercados y las tasas de retorno y poco los rostros. Era una conducta mutua.

Aunque es justo decir que —en varios momentos del siglo XX— fueron muchos los colombianos que cruzaron la frontera para buscar mejor vida. En territorio venezolano se integraron, se forjaron profesionalmente, levantaron familias y terminaron siendo ciudadanos de una binacionalidad inevitable.

Hay un espacio donde esta situación de desconocimiento puede introducir un giro significativo: la cultura. Más allá de las apreciaciones de las grandes figuras de las artes de ambos países, se torna necesario un reconocimiento de la modernidad y la contemporaneidad que habitan y se desarrollan en Colombia y Venezuela.

En busca de los cines perdidos

En Venezuela no se estrenan películas colombianas y viceversa. No operan los mecanismos de mercado que puedan propiciar ese encuentro. De aquel lado del Arauca vibrador apenas se conocen clásicos como El pez que fuma (1976), de Román Chalbaud, y Macu, la mujer del policía (1987), de Solveig Hoogesteijn, o de este lado otros clásicos como Tiempo de morir (1985), de Jorge Alí Triana, o La estrategia del caracol (1993), de Sergio Cabrera. Poco más.

Las cinematografías colombiana y venezolana poseen rasgos propios y diferenciadores pero también situaciones comunes, especialmente en el carácter social de sus producciones más aplaudidas. Sus realizadores han intentado comprender la heterogeneidad interna de sus respectivas realidades como naciones y sociedades. Pero requieren ampliar sus horizontes.

Ante este panorama, la Fundación para el Desarrollo de las Artes y la Cultura (Fundearc), en Venezuela, y la Asociación Ávila Monserrate (AAM), en Colombia, se propusieron organizar la cuarta edición del Festival Binacional de Cine Colombia Venezuela en las capitales de los dos países. Las tres primeras ediciones se celebraron en Cúcuta y San Cristóbal, antes de la crisis de la frontera.

Esta edición cuenta con el patrocinio fundamental del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Cámara Colombo Venezolana (CCV) y la Universidad del Rosario, instituciones que han vislumbrado una oportunidad importante para propiciar la integración a través del cine y la cultura. El festival ha contado con el apoyo de Cine Colombia y el Museo de Arte Moderno de Bogotá, en la capital colombiana, y del Trasnocho Cultural, en la venezolana.

Las películas que se verán en Bogotá

El criterio de selección fue el de priorizar producciones muy recientes y de alta calidad. No están todas las películas venezolanas de los últimos años pues sería una tarea imposible. La única película no tan reciente es La distancia más larga (2014), de Claudia Pinto que se exhibe a petición del público bogotano.

Precedida de un intenso debate, El Inca, segundo largometraje de Ignacio Castillo Cottin, narra la trágica historia de Edwin Valero, conocido como El Inca, campeón de boxeo icono del chavismo que —tras distintas adicciones— enloquece, asesina a su esposa y a los pocos días se suicida. El pugilista era admirador de Hugo Chávez y se hizo tatuar en el pecho el rostro del presidente. Aunque no es una película política, fue censurada y sacada de la cartelera por un tribunal que acogió la demanda de los familiares de Valero. Hoy el film sigue sin verse en Venezuela.

Como homenaje póstumo a Diego Rísquez, maestro del cine de la experimentación, se proyectarán Reverón (2011), sobre Armando Reverón, el gran artista plástico venezolano del siglo XX, y El malquerido (2015), biografía trágica de Felipe Pirela, “el bolerista de América”.

Otra figura fundamental de la cultura venezolana del siglo pasado fue José Ignacio Cabrujas: actor, director, dramaturgo, guionista de cine y televisión, activista político y, sobre todo, mordaz articulista de prensa. Su legado es recogido por Antonio Llerandi y Belén Orsini en el documental Cabrujas en el país del disimulo (2017).

Los hijos de la sal (2018), de los hermanos Luis y Andrés Rodríguez, acaba de ganar los principales premios de la 14ª edición del Festival del Cine Venezolano en junio pasado. Su tema: la trasgresión de las tradiciones en el marco de una familia popular. La otra película triunfadora en el mismo festival es El vampiro del lago (2018), de Carl Zitelman, basada en el éxito de librería El vampiro de Maracaibo, de Norberto José Olivar, sobre un célebre asesino en serie en los años setenta.

Las películas que se verán en Caracas

Aún en proceso de selección y de permisología de sus respectivas casas productoras, se cuenta con dos largometrajes confirmados y un viejo ‘estreno’. En Trasnocho Cultural se proyectarán La mujer del animal, del reconocido Víctor Gaviria, film que trabaja el tema de la explotación femenina en un barrio de Medellín entre 1975 y 1980. Obra fuerte que conmueve por su realismo. También El tigre de papel, de Luis Ospina, sobre la vida de Pedro Manrique Figueroa, precursor del collage en Colombia, a través de un recorrido por la historia desde 1934 hasta 1981, año de la misteriosa desaparición del artista. Y el ‘estreno’ es Agarrando pueblo, un clásico del cine colombiano de 1978, codirigido por Carlos Mayolo y Luis Ospina. Pertenece al género del falso documental y trata el tema de la porno-miseria en el cine occidental frente a las realidades del llamado Tercer Mundo.

Cineastas venezolanos arribarán a Bogotá y realizadores colombianos llegarán a Caracas para mostrar sus obras y para intercambiar opiniones con el público y con sus colegas de un lado y otro de la frontera.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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