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Falso culpable LA REALIDAD COMO PESADILLA, por Ángel Fernández-Santos

Falso culpable
‘Falso culpable’ es la representación de un bestial rito de sacrificio y violencia civilizada.

Sinopsis: Manny es un músico de jazz que vive apaciblemente en Nueva York con su esposa Rose y sus dos hijos pequeños. En una aseguradora, una empleada lo confunde con un ladrón que había robado allí unos días antes y lo denuncia a la policía. Comienza entonces para él una angustiosa pesadilla: es detenido y acusado de una serie de hurtos perpetrados en el barrio. Lo terrible es que todos los testigos y las pruebas caligráficas corroboran su culpabilidad. Tras salir bajo fianza, intentará demostrar su inocencia. Mientras tanto, su esposa sufre una aguda crisis nerviosa y es internada en un psiquiátrico.

Análisis de Ángel Fernández-SantosFalso culpable fue realizada por Alfred Hitchcock en Nueva York a finales de 1956, en medio de una de sus etapas de mayor fertilidad imaginativa, con el antecedente inmediato de La ventana indiscreta y El hombre que sabía demasiado y el consecuente de Vértigo y Psicosis.

En el centro de este alarde fabulador sorprende que la naturaleza de Falso culpable sea estrictamente documental, una antifabulación, ya que el filme narra un hecho verídico –el caso de un músico del Storke Club llamado Cristopher Balestrero– que fue rodado en los mismos lugares donde los hechos ocurrieron y sobre un guión de Maxwell Anderson y Angus MacPhail que se atuvo escrupulosamente a lo sucedido.

El propio Hitchcock advierte en su presentación del filme que renuncia, contra su costumbre, a jugar con él, como si un intenso pudor le impidiese entrometer su humor en algo que la realidad había inventado previamente. De ahí proviene la miopía que la visión de Falso culpable provocó en inminentes exegetas de la obra de Hitchcock. Es el caso de François Truffaut, que no supo ‘ver’ este filme, y de Robin Wood, que sólo supo verlo a medias, pues le entusiasmó la parte de Falso culpable que gravita sobre Henry Fonda y se sintió decepcionado por el revés de esta parte, la que gravita sobre Vera Miles, que es precisamente el taladro por donde penetra hacia sus profundidades, que hay que contar entre las más radicales de cuantas Hitchcock explotó en su obra.

Con Los pájaros, es Falso culpable la película más subversiva de este atemorizado y temible indagador de las sombras incómodas de la parte confortable de nuestro tiempo. Se le reprochó a Hitchcock no haber hecho ficción en su exposición de este suceso. Un reproche sobre la nada, pues el filme, por real que fuese su anécdota, es una de las ficciones más poderosas que manejó este mago de la fabulación. Una ficción es más que la elaboración de una historia con anécdotas de propio cuño: es ante y sobre todo una manera de mirar un suceso real o irreal, con mirada propia, penetrar subjetivamente en una agresión a la objetividad. Y en Falso culpable la ficción reside en la mirada de su autor, generadora de una de las parábolas –otra forma de ficción– más dolorosas que ha elaborado el cine sobre la vida contemporánea.

Toda pesadilla es una ficción, en rigor la ficción por antonomasia, y Falso culpable es la construcción, con mecanismos expresivos de alta y nobilísima precisión, de una pesadilla: una pesadilla de la realidad, en la que, como desoladora excrecencia, se revela la naturaleza oculta de esa misma realidad, que es a su vez soñada por su propio sueño.

Como Kafka en la literatura, Hitchcock empleó en Falso culpable el cine como arma de conocimiento casi de orden metafísico y, armado de cine, desentrañó las marañas que revelan la condición inaceptable de lo comúnmente aceptado. Ese es el fondo subversivo de este filme de oscuras raíces, procedentes tal vez de una religiosidad indignada, el antiguo sentimiento del temor humano al acecho, hacia afuera, hacia las aceras amenazantes, en busca de las huellas de la cara malvada de un dios que gobierna tanto el azar como la necesidad.

Falso culpable es la representación de un bestial rito de sacrificio y violencia civilizada. Un hombre es acusado de un delito. Esta acusación le arrastra a una cadena de hechos cotidianos, que ocurren en forma innumerable cada día: detención, interrogatorio, acusación, fichaje, esposamiento, procesamiento, encarcelamiento y enjuiciamiento. Esta cadena, vista a través de la mirada de un hombre llamado Hitchcock, se revela como una atrocidad de proporciones incalculables, en la que lo insólito está incrustado en lo común, lo intolerable en lo tolerado, lo superreal en lo real. Una atrocidad cuyo horror se origina en su nombre: la ley. El abogado defensor, el juez, el fiscal, el testigo, el buen policía, el psiquiatra, son partes sustanciales de ese atroz encadenamiento en que el azar se convierte en necesidad y el destino en fatalidad.

Nada de nuestra orgullosa civilización queda en pie tras el paseo de la mirada de Hitchcock por el ritual cotidiano de la llamada administración de justicia, un remedio infinitamente peor que lo remediado por él. De ahí la condición subversiva de este filme, uno de los más duros de su autor y desde luego –véanse las escenas donde el eje de la acción pasa de Henry Fonda a Vera Miles–, una de las más brillantes transferencias dramáticas que cabe imaginar en un dúo de actores de genio, el más intimista de todos cuantos hizo. Magistralmente compuesto –un ejercicio de virtuosismo en el difícil empleo del plano medio, ese que convierte al abismo del primer plano en un infierno compartido o en una relación abismal–, Falso culpable es el filme desazonador cuya durísima verdad nunca le fue perdonada a Hitchcock, ni por quienes le amaron.

Este clásico de Alfred Hitchcock se exhibe el 30 de septiembre en los Sábados Selectos del Cinecelarg3. A las 2:00 pm. Entrada libre.

FALSO CULPABLE (The wrong man), EEUU, 1956, 105 minutos. Director: Alfred Hitchcock. Guion: Maxwell Anderson y Angus MacPhail. Fotografía: Robert Burks. Música: Bernard Herrmann. Reparto: Henry Fonda,  Vera Miles,  Anthony Quayle,  Harold J. Stone,  Nehemiah Persoff, Charles Cooper,  Richard Robbins,  Tuesday Weld,  Harry Dean Stanton. Productora: Warner Bros.

Publicado en El País el 20 de junio de 1986.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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