Inicio / Destacado / Fahrenheit 451 PULSIONES DISTÓPICAS, por Margareta Hargitay Wieser*

Fahrenheit 451 PULSIONES DISTÓPICAS, por Margareta Hargitay Wieser*

CRF9WH Books burning in fire
Su objetivo es quemar con placer (destruir) (pulsión de muerte) los libros portadores de conocimiento (pulsión de vida y creatividad) e inclusive denunciar al que tenga algún libro en su poder.

El psicoanálisis dirige su mirada a lo singular del sujeto en la clínica dentro de nuestros consultorios. Sin embargo a veces usamos nuestra óptica psicoanalítica para tratar de comprender películas, novelas, etcétera. Quisiera en este momento revisar la novela Fahrenheit 451 desde tres vértices que a mi parecer nos brindan una mirada más allá de lo evidente y que se complementan entre sí. Esta novela de Ray Bradbury pertenece al género de la ciencia ficción distópica.

1- Desde El Malestar en la Cultura de Freud (1929-1930) la distopía es una visión hiperbólica, una exageración que muestra lo que podría ser una sociedad a través de una realidad o fantasía imaginaria. Bradbury logra mostrarnos con toda crudeza cómo los sistemas de dominación totalitarios se van perfeccionando para subyugar nuestra individualidad, es un abordaje de control muy sutil. Nos plantea una vez más como una distopía (pulsiones agresivas, destructivas y de control) se esconde en este caso detrás de una brillante envoltura de utopía (sociedad utópica), donde habría una negación consciente de todas estas pulsiones y surge aparentemente una sociedad que vive en la máxima felicidad. Nos habla a través de esta obra de ciencia ficción —publicada en 1953— del malestar de nuestra cultura contemporánea. Aplicaremos así nuestro conocimiento psicoanalítico para analizar la neurosis social que nos presenta el autor.

El mismo Jorge Luis Borges nos dice sobre Bradbury: “¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me llenen de terror y soledad? ¿Cómo pueden tocarme estas fantasías, y de una manera tan íntima?”

Estas fantasías nos tocan de una manera tan íntima porque es una novela cuyo contenido es de una profunda crítica socio política, donde aborda temas tan importantes como la censura, el control o la esclavitud del pensamiento y el cercenamiento de las libertades individuales (pulsiones de control).

Donde unos de los temas centrales es la reversión de los roles donde un bombero ya no apaga el fuego (destructividad) sino que lo causa. Su objetivo es quemar con placer (destruir) (pulsión de muerte) los libros portadores de conocimiento (pulsión de vida y creatividad) e inclusive denunciar al que tenga algún libro en su poder. También toca el tema de la normalidad como homogeneización de los individuos, donde no hay otredad, alienación del pensamiento como equivalente a salud mental (control social). Sin embargo también nos deja caer sutilmente el suicidio de Millie como un acto de descuido, cuando realmente nos apunta hacia la profunda soledad y tristeza de los sujetos. Un gobierno que les procura una aparente felicidad para que no piensen por sí mismos… los satura de información vacía de contenido. Al final la novela marca la esperanza de recuperar un mundo perdido o amenazado, recuperación a través de una alegoría bastante infantil e ingenua. Esta novela al final representa un reflejo inconsciente y desfigurado del temor desencadenado por nuestra realidad actual en el autor.

2- Como el análisis de un sueño: cuando analizamos una novela como un sueño buscamos el contenido latente que se oculta bajo el contenido manifiesto obvio de la novela. El primer y principal contenido latente que emerge después de leer Fahrenheit 451 es que el deseo por el conocimiento y la libertad interna son más poderosos que el deseo de pertenencia y sumisión del protagonista (es decir logra vencer al súper yo cultural). Es un deseo que se encuentra dormido o reprimido por Guy Montag, deseo que empieza a emerger cuando lo observa proyectado en su vecina Clarisse y luego en la señora a la que queman junto a su casa. A través de estás dos figuras femeninas se asoma tímidamente a su preconsciente un deseo, un anhelo que el protagonista no logra identificar. Estas dos figuras femeninas tienen como contrafigura a la esposa de Guy, Millie, quien lleva una vida vacía, superficial, aparentemente feliz pero vemos como también se asoma allí el vacío, la tristeza, la desesperanza a través del gesto suicida no registrado por ella. Estos personajes podrían ser el sueño dentro del sueño de Guy, aspectos escindidos de él mismo y proyectados en estos personajes femeninos.

Entonces Guy Montag es aparentemente un bombero que destruye y censura a través del fuego todo acceso a un conocimiento que nos habla del nosotros y los (nos) llevaría a pensarse(nos) y cuestionarse(nos). Pero entonces aparece el síntoma del robo, las manos de Guy tienen vida propia y en cada casa a donde va a quemar libros se roba un libro, esas manos que siguen un impulso del cual Guy todavía no tiene conocimiento es decir él no le ha podido dar un sentido consciente a ese síntoma como les pasa a los cleptómanos, una explicación al robo que lo pone en riesgo frente al cuerpo censurador del Estado. Sus manos que siguen un impulso y son entonces la expresión de una pulsión que se rebela ante la autoridad y desea escapar de la ignorancia y acceder a la verdad que ahí se esconde. Parecido a comer la manzana del árbol de la sabiduría que será la responsable de expulsar a Adán y a Eva del paraíso, probar el fruto o libro prohibido abre las puertas a otro mundo alejado de la puerilidad infantil de la felicidad absoluta. Nos conecta con nuestros conflictos y sufrimientos, nos muestra nuestras limitaciones.

Esto queda muy claro en el contrapunteo del capitán Beatty que usa el conocimiento para atacar a Montag, para mostrarle en apariencia su error pero en el contenido latente se observa el sufrimiento del capitán (porque ha leído los libros y sabe de su no existencia(vacío) y como provoca en Montag la ira para que lo asesine. Hay un deseo oculto (culpa inconsciente) de morir a manos de Guy, de retarlo con ironía para que pueda crecer y liberarse de sus cadenas súper yoicas que no le permiten la realización. El crecimiento como un paso doloroso en donde hay que asumir la superación de la figura paterna. Además también se puede intuir que la agresión vengativa del hijo (Guy) es comandada por la medida de la agresión punitoria que espera del padre (jefe de bomberos Beatty, figura de autoridad) por haber sucumbido a la pulsión prohibida de robar los libros y leerlos. Al final la escena apocalíptica y la posibilidad del uso de la memoria como receptáculo de nuestra historia me parece una visión un poco idílica, donde triunfan los aspectos creativos sobre los destructivos… el ave fénix que renacerá de las cenizas después de la guerra y la imagen de la explosión nuclear. Para mí lo que existe permanentemente es una mezcla de las pulsiones de vida y muerte en cada segundo de nuestra existencia y la balanza se inclina hacia alguna de ellas por fracciones de tiempo.

3- Desde la teoría de los vínculos: Los vínculos en esta novela son superficiales. Se observa una pérdida importante de la subjetividad. Se busca la homogeneización del individuo, convertirlos en una masa humana indiferenciada. Las personas son desconfiadas y suspicaces del otro. La conexión global a través de todos los medios (audiovisuales) genera un efecto paradojal de desconexión respecto del si mismo. Esta huida de la conexión interna tanto del campo ideativo como del mundo emocional produce un nuevo tipo de alienación. Inhibe los vínculos afectivos, estimula la represión de los afectos y su respectivo congelamiento. Para Bion no habría vínculos de amor y conocimiento entre estos personajes, lo que existen son vínculos de -K y -L. Se observa una superficialidad y banalidad que hace al individuo aún más aislado en la compañía de los otros, donde no se espera un genuino intercambio sino reflejarse en el otro como si se tratara de un espejo mágico que nos devuelve nuestra propia imagen mil veces.

*Psicoanalista de la Asociación Venezolana de Psicoanálisis (Asovep).

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

Te interesa

Amantes

Romances súbitos y efímeros SALVAJE, por Rubén Monasterios

                                                 Dedicado a la Dama de Nácar Apenas llegando, me cruzo con una muchacha …

Deja un comentario