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Eutanasia SALVADOR PÁNIKER Y SU DEFENSA DE LA MUERTE DIGNA, por Enrique Viloria Vera

Pániker ha sido un permanente y acendrado defensor de la eutanasia voluntaria, de la muerte digna como prefiere llamarla.

                                 La eutanasia como derecho animal –no sólo derecho humano– se relaciona con el derecho a no sufrir.

 

Recordemos que el término eutanasia, (del griego εὐθανασία /euzanasía/, que significa ‘buen morir’: εὖ – eu (bueno) y θάνατος – tánatos (muerte), es la acción u omisión que acelera la muerte de un paciente desahuciado, con su conocimiento o sin él, con la intención de evitar sufrimientos. La eutanasia, buena muerte, está asociada al final de la vida sin sufrimiento.

Sobre el particular Arthur Koestler, citado por Salvador Pániker, sostenía que la eutanasia, al igual que la obstetricia, es una manera de superar un handicap biológico. Nuestro autor va más allá y afirma que: “la eutanasia voluntaria –y subráyese lo de voluntaria– es, ante todo, un derecho humano, un derecho humano de la primera generación de derechos humanos, un derecho de libertad. Un derecho que se inscribe en el contexto de una sociedad  secularizada y pluralista, en la que se respetan las distintas opciones personales, y en la que no se cree que el sufrimiento innecesario tenga algún sentido”.

Abunda el defensor de la muerte digna que “el núcleo de la cuestión es que cada cual pueda decidir por sí mismo, desde su plena capacidad jurídica y mental, o en su defecto, a través de un previo testamento vital, cuándo quiere y cuándo no quiere seguir viviendo”.

En España ni la eutanasia voluntaria ni el suicidio asistido son legales, la única opción posible es la sedación terminal. De acuerdo con el Código Penal vigente se despenaliza la eutanasia pasiva y se rebajan sustancialmente las penas a quienes ayuden a morir a otra persona por la petición expresa de ésta, en el caso de que la víctima sufriera una enfermedad grave que condujera necesariamente a su muerte, o que produjera graves padecimientos permanentes y difíciles de soportar.

Pániker ha sido un permanente y acendrado defensor de la eutanasia voluntaria, de la muerte digna como prefiere llamarla. Muchas han sido las horas que dedicó para introducir el tema en una España católica a rajatabla y machamartillo, y propiciar la institucionalización y el desarrollo de la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD). A la par, el escritor ha participado en innumerables debates, conferencias, entrevistas y simposios sobre el tema para dar con toda honestidad su justiciero punto de vista. También es mucho lo que el ensayista ha escrito sobre el tema de la eutanasia voluntaria, y su decisiva participación de apoyo y solidaridad en el sonado y triste caso del escritor Ramón Sampedro.

Informa Pániker: “Ha sido un proceso largo y penoso desde que en 1993 iniciamos la lucha de Ramón Sampedro en un juzgado de Barcelona, encargándose del caso el abogado Jorge Arroyo, socio de la DMD. Denegaron la primera petición alegando defectos formales. El recurso a la Audiencia Provincial también fue desestimado. Y lo mismo ocurrió en la Audiencia de la Coruña, en el Tribunal Constitucional y en el de Derechos Humanos de Estrasburgo. En el entretanto, Ramón se fue convirtiendo en un personaje famoso, al que visitaban en su casa periodistas de todo el mundo. A todos asombraba con su entereza y lucidez. Tuvimos finalmente una serena reunión en la que quedó acordada su última decisión. Ahora no creo que vaya nadie a la cárcel por el suicidio de Ramón Sampedro”.

Recordemos brevemente —y en su memoria— la historia de Sampedro, quien nació en Puerto del Son el  5 de enero de 1943 y falleció en Boiro el 12 de enero de 1998. Fue marino y autor de los libros Cartas desde el Infierno (1996), donde agrupó sus escritos hasta ese momento, y el poemario Cuando yo caiga, publicado póstumamente en 1998. A los 18 años de edad se enroló en la marina mercante. A los 25 años sufrió un accidente, al tirarse de cabeza al agua desde una roca un día de resaca marítima, que le dejó tetrapléjico y postrado en una cama para el resto de su vida. Fue el primer ciudadano en pedir en España el suicidio asistido, dada su condición de salud. Su petición le fue denegada porque el Código Penal entonces vigente, del texto refundido de 1973, no lo permitía, al igual que ocurre hoy en día con el correlativo precepto  del vigente Código Penal de 1995.

Ramón murió  por envenenamiento de cianuro potásico, ayudado por su amiga Ramona Maneiro, quien fue detenida días después pero no pudo ser juzgada por falta de pruebas. Siete años después —una vez que el delito hubo prescrito— Ramona admitió en televisión haber facilitado a Ramón el acceso al veneno que le causó la muerte, así como haber grabado el vídeo donde éste pronunció sus últimas palabras. En 2004, Alejandro Amenábar llevó al cine la penosa historia de Ramón con la película Mar adentro, protagonizada por Javier Bardem, que daba vida a Ramón Sampedro, y Belén Rueda. La película fue paradójicamente criticada por muchas personalidades contrarias al suicidio asistido, y alabada por el  público y la crítica nacional e internacional. Finalmente, recibió varios premios, entre ellos el Óscar a la mejor película extranjera y 14 premios Goya.

Frente a estas severas limitaciones legales, el llamado testamento vital ha adquirido en España una particular relevancia. Pániker señala que: “el testamento vital es un documento en el que una persona manifiesta su voluntad sobre los tratamientos médicos que desea recibir, o no recibir, en caso de padecer una enfermedad irreversible o terminal que le haya llevado que le haya llevado a un estado que le impida expresarse por sí misma”.

Destaca el escritor que la asociación DMD, de la cual es Presidente de Honor,  ya desde 1986 había elaborado su propio testamento vital que ha tenido amplia aceptación tanto en España como en otros países. Así comunica no sin cierto alborozo:

“Gran difusión en los medios del testamento vital que henos redactado en la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD), especialmente para enfermos irreversibles. El País le dedicaba ayer una página entera al tema con grandes titulares, incluyendo unas declaraciones mías y una sugestiva foto. Todo sea por la causa”.

Pániker, siempre en busca de consenso para un tema tan sensible y controversial,  exhorta a todos los sectores involucrados en el asunto de la eutanasia —médicos, legisladores, asociaciones de enfermos, religiosos, gobernantes, profesores de medicina y de ética— para que entiendan sin complejos ni prejuicios que:

“En un contexto pluralista, un Estado laico ha de ser neutral frente a las distintas creencias religiosas, e incluso frente a distintas éticas. Tal como lo manifiestan las encuestas, la sociedad está madura para reconocer el derecho a la autodeterminación del individuo. Es hora de que las leyes se pongan a punto. Es la hora de conceder al ser humano la plena posesión de su destino”.      

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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