Inicio / CINE Y TV / Eso PRESENCIA DE STEPHEN KING , por Héctor Rojas

Eso PRESENCIA DE STEPHEN KING , por Héctor Rojas

Eso (It)
El payaso que atormenta a los niños de la pequeña ciudad, interpretado por Bill Skarsgard, es mucho más inquietante que la representación que Tim Curry hiciera del personaje en la década de los noventa.

En el año 1990 Tommy Lee Wallace llevó a la pantalla en formato de miniserie la extensa novela de terror escrita por Stephen King titulada It. La adaptación transformó a Pennywise en un icono del terror a la misma altura de Freddy Krueger, Jason, Leatherface o Chucky. Han transcurrido 27 años desde su estreno y en el único punto que todos los lectores de King  podemos estar de acuerdo es que nuevamente el payaso de Maine sigue siendo más espeluznante en las páginas del libro que en la pantalla.

Eso (It, 2017) ha batido todo tipo de récords en taquilla, un hecho sin precedente teniendo en cuenta que es una película de terror con clasificación C, destinada a un público adulto. Antes de It ninguna película en la historia del género de terror había sobrepasado en su estreno los cincuenta millones. Los números que ha arrojado la nueva cinta del argentino Andy Muschietti (Mama, 2013) son propios de un blockbuster al acercarse a la cifra de los 400 millones de dólares de recaudación global, y eso es mucho decir para una cinta que tuvo un costo de producción de 35 millones. ¿Estamos ante un nuevo fenómeno de masas o simplemente un acontecimiento fortuito aislado?

La historia es la misma y no ha sufrido alteraciones en su estructura a excepción de algunas modificaciones que comentaré más adelante. El epicentro del drama se desarrolla en un pueblo ficticio en el que un grupo de chiquillos (seis chicos y una chica) se enfrentan a una forma de mal que habita en el fondo de las alcantarillas de la ciudad y que puede transformarse en aquello a lo que más temen, presentándose habitualmente como un payaso llamado Pennywise que aparece cada 27 años, sembrando el pánico y provocando la desaparición de distintos niños en la ciudad. Uno de ellos es el pequeño Georgie (Jackson Robert Scott), quien es mutilado y absorbido por It hacia las profundidades de las alcantarillas del pueblo.

En esta nueva adaptación, el payaso que atormenta a los niños de la pequeña ciudad, interpretado por Bill Skarsgard, es mucho más inquietante que la representación que Tim Curry hiciera del personaje en la década de los noventa. Mientras que Curry interpretaba a un personaje que en todo momento luce sobreactuado estando más cerca de lo irrisorio que de lo terrorífico, Skarsgard no tiene intención de asustarnos con gesticulaciones excesivas o miradas de psicópata asesino. Su aporte consiste en ser tímido, callado, en jugar con los niños hasta que sus repentinos y estruendosos estallidos de hostilidad nos demuestren su nivel de demencia, lo cual resulta ser mucho más impactante para el público.

Si analizamos en detalle los elementos de horror presentes en la película, descubriremos que no es el elemento más eficaz dentro de la producción. Son las inserciones de humor —que llegan a través de momentos inesperados— los que realzan la trama junto a un toque de humanidad presente en cada uno de los personajes. Y lograr este tipo de equilibrio en un filme de terror no es una tarea sencilla. Muschietti sitúa los personajes en situaciones de alta tensión que logra romper con una broma, o en circunstancias donde el peligro es latente, alguno de los miembros del reparto se instalan con un serio monologo sobre cualquier situación ocurrente. Esto funciona debido al excelente trabajo del equipo de casting al elegir a los protagonistas, y a las directrices de un realizador que supo calibrar las actuaciones de un joven reparto en función de los requerimientos de la historia.

Hay una característica llamativa de la literatura de King que está presente en sus obras más representativas y que con gran sutileza se ha podido plasmar en It: el temor a lo cotidiano.  En Cujo el pánico es infundado por un perro rabioso, en El resplandor se maneja el miedo hacia la soledad y el aislamiento del ser humano, en La niebla, el terror es otorgado por algo que asesina pero no se sabe —lo desconocido— qué es ni de dónde proviene, en Christine un coche poseído es el monstruo que persigue a los protagonistas para asesinarlos. En It su personaje puede metamorfosearse en cualquier tipo de ser. Y es la explicación del origen de esos miedos una de las características dramáticas más interesantes de la película. A pesar de que las partes donde hace su aparición el demoniaco payaso son las más escalofriantes, las circunstancias que unen a los chicos entre sí son las más densas y fuertes del relato. Cuando descubrimos en las subtramas el origen de sus temores, entendemos por qué son tan vulnerables a los ataques de Pennywise.

La manera de manejar el tiempo narrativo en el guion —escrito por Chase Palmer y Cary Fukunaga— no presenta saltos en el tiempo como si lo hace la novela de King y la película original. Su estructura se basa entre lo ocurrido en 1988-1989, centrándose en la historia de los siete niños mientras aún son unos adolescentes. Esto permite profundizar más en la trama principal para futuras adaptaciones. Apegado al texto, Muschietti inicia su versión con la famosa secuencia del niño persiguiendo el bote de papel que le hizo su hermano, por todo el torrente del alcantarillado, con una fuerte lluvia que azota la carretera hasta llevarlo a las garras de Pennywise. Todo esto acompañado de una serie de planos intercalados con un gato que observa la horrorosa escena desde una baranda, inyectando una dosis de humor negro ya mostrada por el argentino en Mama.

El impulso de Bill (Jaeden Lieberher) por encontrar a su hermano menor es lo que hace avanzar la trama. El pequeño al igual que otro grupo de niños en Derry ha desaparecido sin que se sepa nada de su paradero. Es así como Bill logra reunir a un grupo de compañeros, en su mayoría marginados, para formar la pandilla que lo ayudaría a llegar al fondo del gran misterio: Richie (Finn Wolfhard), un gran hablador que le teme a los payasos, Eddie (Jack Dylan Grazer), un niño que sufre una paranoia con las enfermedades causada por su madre en un intento por mantenerlo a su lado, Stanley ( Wyatt Oleff), un judío que vive atormentado por la imagen de una mujer pintada en un óleo en la oficina de su padre, Ben (Jeremy Ray Taylor), el nuevo alumno del colegio, obsesionado con el pasado de Derry, Mike (Chosen Jacobs), un campesino que sufre ataques raciales por ser el único chico negro de la ciudad, y finalmente Beverly (Sophia Ellis), la única mujer del grupo que es abusada sexualmente por su padre.

Todos juntos forman parte del autodenominado Club de los Perdedores, la cohesión actoral que recuerda a la mostrada por el equipo de Cuenta conmigo (Stand By Me, 1986)  dirigida por Rob Reiner, basada en otra novela de King, que profundiza en los valores de la amistad, en donde al igual que —en la mayoría de los relatos del escritor originario de Portland— los elementos del pasado sacuden fuertemente a lo sucedido en el futuro.

Una brecha que separa a It de la miniserie original es la tecnología, por medio del uso avanzado de efectos especiales que hacen que los poderes del payaso sobre los niños sean atemorizantes. Sin embargo, esas escenas aterradoras no son el punto solido de la película. Como si lo es, la poderosa relación entre su elenco de jóvenes estrellas. Ciertamente nos encontramos ante una película de horror, pero la línea que subraya a los personajes frente a la exposición de sus temores más profundos, son los que le otorgan a la producción una notable carga emocional, que se convierte en una experiencia agridulce a través de las experiencias personales, ya sea una traumática perdida familiar, una madre sobreprotectora, un padre abusivo, o una fobia agobiante. Pennywise sabe el duro camino que estos niños han transitado e intentará usar sus habilidades para destruirlos.

Al igual que la novela, It está impregnada de diversos simbolismos que desembocan en el mismo agujero: el miedo a lo común. Las constantes referencias al agua son señaladas en toda la historia. La escena inicial del barco de papel bajo una lluvia torrencial. Los niños desaparecidos terminan ‘flotando’ en algún oscuro lugar de las alcantarillas. Los lavamanos expulsan fluidos en grandes cantidades. Las regaderas terminan en apariciones malignas y se producen suicidios en las bañeras. Todo apunta a una probable paranoia del autor con el mar o los océanos, que se ve convertida en metáfora con las distintas transformaciones del payaso.

Llama la atención que una película catalogada como clase C, presente una censura tan elevada de algunas de las partes más memorables e impactantes del libro. El momento de la batalla a pedradas entre los dos bandos de jóvenes es superficial y aletargado, cuando en la novela es descrita con profunda violencia e intensidad. Así como las sangrientas escenas en donde Eso decapita a los niños, sin olvidar la orgia de los perdedores en las cloacas. Muchas cintas de la actualidad que no son clase C presentan escenas más explicitas. Sin dejar de mencionar los altos niveles de gore, sexualidad, violencia, y racismo presentes en la obra. Todo esto le da un tono general de retroceso en relación a otras adaptaciones del escritor. Nuevamente la historia es tratada con superficialidad, alejándose del terror de la novela y de esa eterna lucha entre el bien y el mal.

Muschietti vuelve a demostrar su gran habilidad para las películas de terror tratando de esquivar —por momentos— los distintos clichés que tanto daño le hacen al género hoy en día. Y muestra una amplia gama de destrezas, que por instantes recuerdan el tecnicismo de Spielberg en la composición de los planos y el manejo ornamental de la cámara. Su puesta en escena se enfatiza con el uso del gran angular junto a unos llamativos travellings que siguen a los personajes en situaciones de angustia. El climax final de la película está lleno de acción pero muchas de las escenas se sienten de relleno. En una confrontación final, la pandilla no tendrá otra opción que enfrentar sus miedos como único método de salvación.

Creo no equivocarme —o sí, nunca se sabe—al decir que estamos ante una mediana película de terror, que pasará a la historia más por sus números en taquilla que por su calidad cinematográfica y que sigue estando lejos de las joyas recientes del género como Los amos de Salem (The Lords of Salem, 2013), Babadook (The Babadook, 2014), o La bruja (The Witch 2015). Hay películas de miedo y de sustos, It pertenece a la segunda categoría.

 

 

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

Te interesa

Billetes venezolanos

Ante la ausencia de efectivo EL EMPRENDIMIENTO DEL AÑO, por José Domingo Blanco

Por las colas que vi en las puertas de los bancos, y por las edades …

Deja un comentario