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En la disyuntiva GUILLOTINAR A LA DICTADURA, por Edilio Peña

elecciones-2017
Volver a las elecciones para desalojar la actual dictadura es volver a un espejismo que se ha agotado.

A Fernando Mires

Especial para Ideas de Babel. En Venezuela, reconocer que se está en un estado de indefensión abisma el alma. No saber cómo alimentar la existencia produce un pánico suicida. La persona comienza a sentir que el sentido de ser se ha extraviado. Deambula en una depresiva y sorda resignación. Su cuerpo termina por ser un fardo del cual quiere deshacerse lo más pronto posible. Sobre todo cuando el hambre se extrema y las enfermedades se vuelven terminarles. Hambre y dolor insoportable es un lento calvario en donde se han crucificado todas las esperanzas de vida. El placer del cuerpo se ha desterrado, así como la levedad de la ilusión que nutre al espíritu. La gente ya no ama al otro como así mismo, porque le crearon condiciones viles y perversas, para que dejara de amarse como ayer. Víctima del ciego arrebato al que induce la desesperación, a veces prefiere cortarse las venas, lanzarse al vacío o dispararse un tiro en el cielo de la boca. O destruir y matar a quien tenga más cercano. Expresión impotente de su más cara fantasía criminal que le resulta imposible realizar: ejecutar al verdadero autor de su tragedia. Ese pesado y abúlico mastodonte que se regocija en las delicias del poder.

El acto de pensar se ha degradado en la obsesión que propicia la sobrevivencia. La política ha comenzado a desaparecer de la conciencia del venezolano porque para pensar y producir pensamiento político, se necesita proteína. Y no me refiero sólo a la proteína comestible, sino a aquella que potencia el pensamiento políticamente creador. Inédito y profundo. Mucho más, cuando la complejidad de la tragedia social demanda dramaturgia táctica y estratégica. El alma se marcha del cuerpo cuando éste, ya no tiene que comer. Ni siquiera el  hallazgo de un libro, jamás escrito, que alimente la mirada del hambriento. En ese escenario de la desventura no hay tiempo para ensimismarse, reflexionar y menos para pensar con hondura. Una manifestación con hambre no se sostiene en la calle. El grito de rebelión no puede salir de las gargantas amordazadas. Estamos en una fase de guerra silente y sistemática que ha invadido el espacio público y privado de manera feroz, destruyendo y debilitando el espíritu que conforma a cada uno de los habitantes de esta nación. Los campos de concentración del III Reich y los Gulags de Joseph Stalin en Siberia practicaron un exterminio mórbido y brutal, hasta ese momento inusual en la historia del Estado omnipotente. Con ello también ensayaron y experimentaron una de las formas de dominación física, psíquica y espiritual nunca antes conocida.

La población carcelaria de los campos de concentración era dividida entre prisioneros que eran obligados a realizar trabajo esclavo, que no tenía ningún fin de crear una mercancía (a menos que la fábrica de un empresario lo demandara) y prisioneros policías, que se ocupaban de vigilar, delatar y en algunas ocasiones, maltratar y golpear hasta el cansancio, para luego llevar a las cámaras de gas a sus propios compañeros, víctimas como ellos de la maquinaria de exterminio nazi y comunista. Existe testimonio de un prisionero del campo de concentración de Trebilka, que parece la imagen de un cuadro delirante del pintor Francisco de Goya, en su fase demencial, donde con una cucharilla afilada, el famélico preso, abrió el vientre del compañero que dormía en la misma litera de la barraca donde estaba confinado, que se hallaba muerto para ese momento, y le extrajo el hígado y el corazón, devorándolos como un caníbal  en la obscura noche de un invierno inclemente que le había convertido el sueño en una pesadilla.

En Venezuela esos ensayos del totalitarismo que degradó y destruyó la condición humana de los prisioneros de los campos de concentración, se ha implementado pero no bajo las premisas férreas de una ideología, de derecha o de izquierda, sino bajo las premisas delincuenciales de una mafia y un cártel de narcotraficantes que se apropiaron del Estado venezolano bajo la venia y el protectorado de Cuba, Rusia, Irán y organizaciones criminales como las FARC. No es descabellado presumir que el gobierno venezolano se sostiene por igual con un financiamiento que no transita por los bancos ni las transacciones del universo del mercado online. ¿Si esta aseveración que la evidencia real refrenda es absolutamente así, cómo podemos enfrentar políticamente a un Estado delincuencial y forajido que actúa desde la prepolítica? Más cuando otro de los puntos de conexión entre el totalitarismo —que arrasó buena parte del siglo XX— es que el soporte esencial de la ideología totalitaria es el militarismo. En Venezuela, las Fuerzas Armadas han sido secuestradas y sobornadas por intereses mafiosos de la casta delincuencial que gobierna, para perpetuar el nuevo totalitarismo del siglo XXI. Entonces ¿cómo volver a motivar y entusiasmar a ese pueblo que ayer estaba ansioso por salir de esta dictadura de forma épica? Todos sus esfuerzos pacíficos por liberarse, fueron abortados con el fraude electoral continuo y las falsas promesas de líderes y organizaciones opositoras que los traicionaron. Todavía lloramos los muertos que ofrendaron sus vidas en las calles y largas avenidas de Venezuela, donde aún el olor de su sangre nos estremece.

Volver a las elecciones para desalojar la actual dictadura es volver a un espejismo que se ha agotado. Porque la realidad ya ni siquiera es líquida como en los espejismos sino el charco de un pantano donde nos estamos hundiendo. Un espejismo que no nos puede convencer que la realidad que nos agobia ha cambiado. Es sabido que buena parte de las organizaciones políticas se oponen a ir a elecciones sin condiciones electorales garantizadas. Otros movimientos, pocos, y una figura emergida del propio chavismo, proponen encabezar la salida con un gobierno de transición. Si fracasa la misma dictadura recogerá esa bandera e instalará un gobierno de transición a su medida. Probablemente el derrotado termine como vicepresidente. Una tercera opción, apunta ir masivamente a votar. Como ciego o suicida que se lanza al abismo. Porque ha de creer que la fuerza abrumadora de la presencia habrá de guillotinar a la dictadura.

Sin embargo, la anunciada presencia de observadores rusos en las próximas elecciones presidenciales venezolanas, nos hace presumir una coartada estelar que se propone Vladimir Putin.

edilio2@yahoo.com

@ediilio_p

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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