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En honor a Fernando Rísquez “LA PSICOLOGÍA ES EL MISTERIO DE LA INTIMIDAD”, por María Fernanda Mujica Ricardo

Fernando Rísquez
Rísquez: “Los jesuitas no son el cerrojo del candado. Por lo contrario, me enseñaron la libertad. Fueron para mi los cultivadores del alma, me quitaron la religiosidad y me inyectaron mística”.

Fernando Rísquez, reconocido profesional de la psiquiatría en Venezuela, fundador del postgrado de Psiquiatría y Clínica Mental del Hospital Universitario de Caracas, falleció el domingo pasado. Notable pensador en muchas vertientes de la vida pública venezolana, fue entrevistado por nuestra colaboradora María Fernanda Mujica Ricardo en la edición de enero de 1999 de El Ucabista. La compartimos con ustedes.

La mañana de la entrevista se inició en la cátedra de 5° año denominada Crítica a los sistemas psicológicos. La clase se basaba en el Antiguo Testamento. El grupo de alumnos estaba atento a las preguntas inquietantes del maestro Rísquez mientras la periodista y el fotógrafo hacían su trabajo.

“Siempre trato de inculcarle al alumno, que él es individuo antes que socio y, específicamente, el estudiante de Psicología debe ser un cultivador de la intimidad”.

Fernando Rísquez puede ser catalogado como el gran orador que tiene la Academia y la Psiquiatría en Venezuela, también es maestro fundador de la Escuela de Psicología de nuestra casa de estudios —Universidad Católica Andrés Bello (UCAB)— en la esquina de Mijares a Altagracia Nº 4, casa donde pasaba sus vacaciones jugando fútbol, pues su familia habitaba la casona número 6 de la misma esquina.

Jesuita por formación

Formado por los jesuitas, les agradece su sólida educación. El sistema de estudios en el colegio San Ignacio se basaba en el bachillerato alemán y el grado de bachiller era conferido en Filosofía y Ciencias, donde El Quijote era la bibliografía básica.

Su maestría con la pelota de fútbol, cualidad muy apreciada por los curas vascos, y su personalidad díscola y rebelde, lo hicieron consentido de muchos de ellos, que le enseñaron desde el vasco, la flauta y la filosofía.

“Los jesuitas no son el cerrojo del candado. Por lo contrario, me enseñaron la libertad. Fueron para mi los cultivadores del alma, me quitaron la religiosidad y me inyectaron mística”.

En los años sesenta, los estudiantes se iban a quejar a la Dirección porque el profesor Rísquez era irreverente e irrespetuoso en los salones de clases,  les ponía sobrenombres a los alumnos y desmenuzaba a la religión.

Cuando fue alumno jugó y compartió el aula con Arturo Sosa Fernández —“entrañable amigo”—, Alberto Vollmer, Roberto Picón-Parra, Armando Sucre, entre otros. Recuerda en los patios del colegio al padre Vélaz, al hermanito Lanz, quien le enseñó música y al hermano Aranzabal —’forato’—, quien cerraba la puerta puntualmente a las 8 a.m.

Rísquez agradece al padre Arrazola por haberlo hecho psicólogo. Cursando el 4° año, y ya conocido en el San Ignacio por ser díscolo e individualista, el padre lo llamó y le dijo: “¿Tu eres el famoso Gogo?. “Me llamaban así porque decían que había sido novio de Margot Delfino y ese era su apodo”. Entonces me obligó a quedarme de lunes a viernes, de 5 de la tarde a 7 de la noche, y mientras él leía el Breviario, yo debía aprenderme el texto de Elementos de Psicología de Titchener; éste fue quien llevó la psicología a los Estados Unidos y había sido discípulo de Wundt. Como le pareció poco me hizo leer la Crítica de la Razón Pura de Kant. Recuerdo que en el último año de bachillerato, Arrazola nos definía la Crítica “como la búsqueda de la verdad, la belleza y la bondad de una cosa”.

Médico y militar

A los 21 años ya ha finalizado sus estudios de Medicina. Después de la Revolución de Octubre en 1945, su hermano Frank lo llamó para que participara en el proceso de cambio y Fernando se asimiló a las Fuerzas Armadas como médico. Él y otros galenos obtuvieron la disciplina militar en el Cuartel Ambrosio Plaza, sede del actual Hospital Militar Carlos Arvelo.

En 1947 muere su padre y se va al exterior a formarse como psicólogo y psiquiatra en Canadá, luego a Londres, París, Zurich, Estocolmo y Madrid, ciudad donde obtiene el Doctorado. En 1952 es requerido por el régimen militar de Pérez Jiménez y sirve como adjunto del doctor Sánchez Landaeta en el Servicio de Psiquiatría en el Hospital Militar, del que llegó a ser jefe. Por concurso ingresó al Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario. Fue Premio Nacional de Literatura por una de sus muchas publicaciones: Psicología profunda y transformación. Miembro de la Academia de Medicina. Profesor Titular de la UCV y la UCAB.

Historia de la Escuela

En 1960 es llamado a fundar la Escuela de Psicología en la misma casa donde había jugado durante su infancia. “Las habitaciones de mis hermanos Frank y Rafael resultaron ser el aula donde impartía clases. Está demás decir que gracias a  todos mis antecedentes me sentía muy cómodo en la Universidad Católica”. Fueron los jesuitas Arismendi, director de la Escuela, y Luis Azagra quienes lo llamaron  para que dictara una materia que fuese la amalgama de todas las corrientes psicológicas. El primero preguntó si iba a tener libertad de cátedra, y así fue, y durante 39 años ha sido así, aún cuando el director de la Escuela lo llamaba a un mes de iniciadas las clases y le decía: “empezaron las quejas de noviembre, arréglatelas como puedas, pero no seas tan duro”. Es que los estudiantes se iban a quejar a la Dirección porque el profesor Rísquez era irreverente e irrespetuoso en los salones de clases, les ponía sobrenombres a los alumnos y desmenuzaba la religión. Pero a pesar de estas quejas, la primera promoción de psicólogos de la UCAB lleva su nombre; recuerda a Graciela Capriles, Julieta Paredes, José Manuel de La Vega y Ascensión de Arruche.

A su primera lección asistió con el pie enyesado y dando un bastonazo dijo: “esta clase va a ser de erudición y  pensamiento como me enseñaron los jesuitas en esta que fue la sede del colegio San Ignacio”.

En su materia analiza desde los experimentalistas, pasando por el evolucionismo, la reflexología hasta llegar a el psicoanálisis.

Aparte de su mañana de clases regular, Rísquez quiso formar a sus alumnos en el test proyectivo de Rorschach, el cual le había sido enseñado por el nieto del maestro en Canadá. Las clases eran los sábados y el inicio de clases se correspondía a “después del desayuno hasta la primera cerveza del sábado”.

Eran otros tiempos y —como recuerda— había un orden colegial y las horas eran exactas. También los curas disminuyeron muchos días de asueto al fundar la UCAB porque decían que los chiquillos del San Ignacio sí debían gozar de días libres pero los universitarios nada.

Él convirtió los exámenes parciales en trabajos individuales y de grupo para sus discípulos, los cuales aún archiva y podrían formar parte un día de la historia de la Escuela de Psicología. En ellos incluye las opiniones de sus alumnos sobre sus clases, y estas mismas en grabación. Todo ello se llama ‘psiconauta’, y es que él como psicoterapeuta pide las opiniones personales de sus alumnos.

Junto a él los otros fundadores de la Escuela fueron los psiquiatras José Luis Vethencourt, Fernando Acuña y Luis Maggi. Ante la pregunta sobre su opinión de la calidad de la carrera en nuestra universidad responde: “es una magnífica Escuela”. También comenta sobre los directores, en especial de Azagra a quien considera un gran amigo, y todos los demás han sido sus discípulos, hasta la actual Silvana Campagnaro.

La conversación, después de clases, se realizó en su automóvil encendido y listo para arrancar porque tenía un compromiso. Pasó una hora y aparte de lo aquí descrito nos definió al alumno como “la resurrección y la vida, lo que quiere decir que es el chance para continuar lo mejor que en uno hicieron”.

Definió a la Virgen María como “el símbolo de la feminidad para que Dios se transforme en hombre”. Sobre la figura de Jesucristo le impresionan los ciclos de su muerte y resurrección pero no el sacrificio. Y para despedirse volvió con los jesuitas al decir “son los únicos líderes de la iglesia católica y cuando educan, forman líderes o no sirven para nada”.

Publicado originalmente en El Ucabista https://bit.ly/2kEZewC


Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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