Inicio / Destacado / El salvaje VIDAS INDÓMITAS, por Rolando Ramiro Vázquez Mendoza*

El salvaje VIDAS INDÓMITAS, por Rolando Ramiro Vázquez Mendoza*

el-salvaje-de-guillermo-arriaga-1
El salvaje entreteje a lo largo de sus páginas la experiencia y la ficción.

Mantiene una mirada fija y el semblante serio. No obstante, Guillermo Arriaga, por más intimidante que aparente ser, por más inclemente que parezca su actitud, tiene también la gran simpatía y elocuencia amena cuando platica sobre su más reciente trabajo literario: El salvaje (Alfaguara).

La portada del libro muestra la proyección de una sombra humana al pie de un lobo. Desde la materialidad del texto ya nos preparamos para descubrir en los personajes un perfil vetado para los buenos modales, para la idea civilizatoria con la que se han conquistado nuestras mentes: el discreto lado animal.

En ese sentido comienza la conversación con el escritor y cineasta mexicano. “En mi vida personal —relata Arriaga— los animales han sido importantes, siempre, desde niño. Teníamos dos periquitos australianos que se llamaban Vodka y Whisky, un bóxer que se llamaba King, teníamos iguanas, ardillas, ratas, hámsteres, pollos, gallos, conejos”. En El salvaje, son Vodka, Whisky y el King otros de los personajes que desempeñan un papel en relación con el protagonista de la novela y el ‘alud de muerte’ que envuelve a su familia: “Un autor lo que hace es reflejar —un autor como yo— lo que la vida le trae. En este caso reflejé mi relación con los animales, dentro de las cuales los perros son muy importantes, tan importantes que cuando éramos niños nuestro equipo de futbol se llamaba Canes”.

Juan Guillermo es un joven que nos cuenta las desgracias que cimbraron su mundo; la forma en la que la vida se deshizo frente a él o, para efectos más dramáticos, la manera en la que otras personas, otras circunstancias deshicieron su vida en un abrir y cerrar de ojos. La historia transcurre sobre azoteas, persecuciones policiacas, disputas callejeras entre los jóvenes que ponían la fe por encima de todo y quienes no; asimismo, la novela está enmarcada en un periodo histórico convulso, de vigilancia y corrupción.

El salvaje entreteje a lo largo de sus páginas la experiencia y la ficción. Existe un guiño de similitud entre el autor y el personaje; se establece una ambigüedad que nos permite sentir cómo las páginas transpiran por encima de nosotros, como si una criatura acechara ante nuestro descuido. Sin embargo, ésta es una novela más de la experiencia que de corte biográfico: “Los personajes, por lo menos para mí, durante el proceso de escritura, surgen de lugares que ni siquiera yo mismo conozco. Flaubert decía que Madame Bovary era él, entonces yo creo que mis personajes también son un poco yo mismo en algún momento. Tienen algunos rasgos personales o rasgos de gente cercana, pero no hay un proceso lógico que me lleve a construir el personaje. De pronto surgen características que no he adivinado realmente de dónde provienen. Juan Guillermo es un guiño a un amigo, él sabrá distinguir de dónde proviene ese nombre. Además quise hacerlo ambiguo”.

En la novela, entre los diversos temas, hay uno que sirve de motor: la venganza. Dentro de los católicos radicales conocidos como ‘buenos muchachos’, que se dedican a reprimir a los más pequeños de sus vecinos y los jóvenes del barrio que llevan una vida complicada, se gesta una rivalidad que desencadenará en los protagonistas una discusión sobre la venganza: “Creo que los personajes tienen su propia dinámica. Yo procuro que no se conviertan en portadores de mi mensaje. Mi compromiso no son mis mensajes, mi compromiso no tiene que ver con una postura necesariamente ética, mi compromiso es con la historia. Por eso siempre ha sido subversivo el carácter de la novela, porque no está sujeta a valores y yo no creo que un autor que se precie de serlo quiera estar mandando mensajes éticos o tratar de pelearse con el personaje porque no representa lo que tú crees en términos morales o de cualquier otro tipo de valor. Lo interesante es que tú estás contando la historia y lo interesante es ver cómo se va desarrollando y que te va sorprendiendo incluso a ti como escritor. Yo no soy un autor que planee el relato desde mucho tiempo antes. Escribo conforme me van pasando cosas en el día. Si llueve, va a llover. Si se muere un perro, se va a morir un perro. Ese tipo de cosas las voy incorporando de la vida diaria. Pero no me interesa dar un mensaje. Me interesa contar una historia lo mejor posible y que sea coherente dentro del mundo que la novela ha creado”.

De entre las técnicas de escritura que cada autor emplea, las de Guillermo interactúan de manera pausada; se da el tiempo de respirar, incorporar los elementos que le rodean, los pensamientos que asaltan a la hora de la comida o en medio de la calle. Antes de su publicación, El salvaje era un amplísimo texto, resultado de más de cinco años de trabajo: “La novela debe haber tenido alrededor de mil doscientas o mil trescientas páginas. Tan sólo en las reescrituras, tan sólo quitando palabras, no segmentos, no capítulos, tan sólo palabras, quité cerca de trescientas páginas. Palabras que sentía que sobraban y, a partir de ahí, decir, ‘bueno, ahora vienen los párrafos y luego secciones enteras’. Lo primero es empezar a quitar palabras. A mí no me gusta usar palabras en exceso. Cuando sea necesario usarlas en exceso, se las usa en exceso, pero si no estaban diciendo lo que yo quería usaba una más precisa que conjuntara tres”.

Arriaga mantiene una incursión intermitente en el campo literario dentro de la narrativa de largo aliento —intermitente por los amplios respiros entre una obra y la siguiente—, sin descuidar por completo el resto de sus actividades: “Yo solamente soy autor de una sola obra como autor, como escritor. Puedo hacer tres cosas, producir, etcétera, pero sólo puedo escribir una cosa a la vez. No puedo estar brincando de una a la otra. En la escritura de esta novela hubo breves momentos en que tuve que dejarla, pero mi prioridad era siempre el texto”.

La escritura es un trabajo, un proceso para algunos más relajado que para otros, pero su indudable transformación y constante interacción entre géneros, temas y soportes se vuelve cada vez más evidente, más como un producto del esfuerzo que de la completa inspiración. “Para mí, la escritura representa un reto en sí misma, no importa lo que estés escribiendo”, sentencia Arriaga al hablar de su trabajo tanto en el cine como en la literatura. “La escritura cinematográfica me parece literatura, entonces le dedico tanto esfuerzo como le dedico a una novela. En El salvaje son casi setecientas páginas, pero en el caso del cine no puedes escribir esa cantidad, nadie filmaría eso, ni remotamente”.

Lo externa sin titubeos. El guionista de Amores perros, 21 gramos y Babel, así como director y también guionista de The Burning Plain, defiende el guión cinematográfico como un guion literario. “No sé por qué cuando uno escribe teatro dice que está escribiendo literatura y ¿cuando uno está escribiendo cine? ¿Por qué un dramaturgo del cine no tiene tanta validez como un dramaturgo de literatura? Dicen que porque el escritor de cine obedece órdenes de otra gente, pero hay escritores que no obedecemos órdenes, que trabajamos en una obra personal, que tiene huellas digitales”.

Si bien, el cine y la literatura guardan sus particularidades, sus marcas definitorias, también tienen fronteras que se trastocan y se confunden; ambas disciplinas cohabitan en profunda armonía y construyen uno de los ejemplos más representativos de nuestra cultura. “Yo creo que ésta es una cultura muy fuerte, la mexicana, y es lo que representa a México. En algunos momentos han sido las letras, ahorita es mucho más representativo el cine que la literatura; falta que un libro despegue, un autor que jale a todos los demás hacia la importancia de la literatura. No estoy diciendo con esto que no haya buenos escritores, los hay espléndidos. Puedo mencionar a Julián Herbert, Villoro, Xavier Velasco o Guadalupe Nettel, Mónica Lavín o Nacho Padilla, que era amigo mío. Hay muchos que son grandes escritores, pero nos ha faltado el libro que nos jale a todos hacia el peso mundial”.

Al finalizar la plática, el ambiente se relajó: Arriaga sonreía, como quien se enorgullece de un hijo que va por buen camino. El salvaje comenzaba su travesía.

*Publicado originalmente en http://www.revistaleemas.mx/

http://www.revistaleemas.mx/wp-content/uploads/2016/12/92_Entrevistas_17ok.pdf

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

Te interesa

Tamara 4

Tamara SER HUMANO, SER MUJER, por Alfonso Molina

Casi por azar logro ver —fuera de Venezuela— el más reciente largometraje de Elia Schneider. Llegué …

Deja un comentario