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El rompimiento PORQUE NOS SALE DEL ALMA, por Carlos Sánchez Torrealba

El rompimiento
‘El rompimiento’ representa esa cosa que se le llama caraqueñidad, esa cultura local de un país rural que no deja de serlo, de un complejo país de apariencias y vuelto espectáculo.

Aproximarnos en estos tiempos a un sainete venezolano podría parecer un anacronismo, pero no. ¿O si? ¿Un anacronismo equivalente al paso de cangrejo que lleva el país en los años más recientes?

Escrita hacia principios de 1900, El rompimiento sigue teniendo hoy la vigencia del espejo donde cada cual se mira todas las mañanas. ¡En el 2016, El Rompimiento cumplirá 99 años y sigue tan campante! ¡Como el Ávila, como nuestro humor, como una arepa, como un café, como una barra del mejor chocolate del mundo, como la maizina, como una cerveza Pilsen o un ron añejo de Aragua, como un ponche crema!

Las resonancias que levanta en el intérprete, así como en el público, son inmediatas ¡tenga la edad que se tenga! ¡Ah, si! En esta nueva versión —dirigida por Guillermo Díaz Yuma y producida por el TET— del juguete cómico escrito por el maestro Rafael Guinand se avivan los recuerdos de los más viejos y se arremolina la curiosidad de los más jóvenes por un asunto de raíz, por un asunto de alma que conecta con, digamos, un aroma de algo que se parece a uno: esa cosa que se le llama caraqueñidad, esa cultura local de un país rural que no deja de serlo, de un complejo país de apariencias y vuelto espectáculo.

En esta cultura en maceración a la que pertenecemos, en esta fragua en la que seguimos plenos de posibilidades, donde no hay lugar para la inacción, la pasividad ni la indiferencia, hacer El rompimiento de Don Rafael Guinand es seguir una pista caraqueñísima, venezolanísima. Es poder constatar que históricamente hemos estado entre cándidos, charlatanes, mediocres, pícaros; que el humor es herencia portada en el tuétano de quienes habitamos esta tierra de (des)gracia, este desorden de ideas, en donde es mejor reír para no llorar, cantar para que las penas no duelan tanto, como entonara el bardo. Parafraseando al Doctor Nigüin, personaje creado por el propio Guinand: en este ser y no ser que seguimos siendo, quizás sea el verbo del maestro Guinand una de los gestos más auténticos del ser que somos.

Dice uno de sus nietos: “Rafael Guinand, pilar esencial del teatro de la primera mitad del siglo XX en Venezuela y pionero de la radio. Humorista, autor de sainetes, poeta, actor. Pertenece a una maravillosa generación de artistas venezolanos que mantuvieron con su arte, la cultura y la conciencia de una Venezuela gobernada por caudillos y generales, sin democracia y dominada por los ignorantes y los oportunistas. Francisco Pimentel (alias Job Pim), Antonio Saavedra, Leoncio Martínez (Leo), Rafael Guinand, entre otros, conformaron la legión que abonó la tierra para un Aquiles Nazoa, o un Pedro León Zapata, por sólo poner un par de ejemplos”. Una casta, diríamos, de visionarios que leyeron al país con ojos de sainete buscando explicarnos en un tono común. Una casta, digamos, de gente estudiosa y acuciosa que supo ponerle sal y mejor aliño a nuestra inveterada manera de ser, buscando a través de la puesta en escena la posibilidad de una catarsis que por la risa nos redimiera, digo yo.

Mi maestro José Ignacio Cabrujas, otro de nuestros esenciales, escribió alguna vez un corto artículo sobre don Rafael titulado En el principio era Guinand, en donde cuenta:

—¿Cómo es Guinand?, le pregunté un día a mi padre.

Su respuesta no fue un rostro o una estatura. “Cuando Guinand hacía teatro y entraba al escenario tu comenzabas a reírte, y al mismo tiempo te preguntabas por esa risa. ¿De quién me estoy riendo? Y había una sola respuesta: me estoy riendo de mí…”

Tal vez por eso hice teatro.

Quizá por eso hacemos esta versión de El Rompimiento, nuestra lectura de este clásico venezolano vigente y jubiloso: porque nos sale del alma.

En el Teatro Luis Peraza, Av. Universitaria, al lado de la Basílica San Pedro, urbanización Valle Abajo. Caracas. Del 16 al 24 de abril, sábados y domingos, 3:00 pm.

EL ROMPIMIENTO, Juguete cómico en un acto. Original de Rafael Guinand. Producción General: Centro de Creación Artística TET. Dirección: Guillermo Díaz Yuma. Diseño de escenografía: Manuel Chourio. Realización de escenografía: Colectivo Taller Artefacto, Adriana Herrera y Virgilio Alvarez. Diseño de Iluminación: Guillermo Díaz Yuma. Montaje de escenografía e iluminación: Pedro Gerardo Terán. Diseño de vestuario: Omar Borges. Realización de vestuario: Rosa Muños. Elenco: Larisa González Tomasita, Lya Bonilla Ramona, Héctor Castro Esparragoza, Alan Puerta Braulio, Louani Rivero Catalina y Carlos Sánchez Torrealba.

 

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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